Las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Venezuela viven una nueva etapa de amistad, luego de que las sedes diplomáticas de ambos países reabrieran sus puertas para el inicio, paulatino, de sus actividades.

Caracas. Tras siete años de ruptura diplomática y un cambio radical en el tablero político venezolano a inicios de 2026, las sedes diplomáticas de Washington y Caracas volvieron a izar sus banderas.

El restablecimiento formal de relaciones, que se anunció el 30 de marzo, y el reinicio de las actividades en ambas embajadas, marca el inicio formal de una etapa política en Venezuela bajo la tutela de Estados Unidos (EE. UU.).

A través de un video en redes sociales la encargada de negocios de EE. UU. en Venezuela, Laura Dogu, informó sobre el reinicio oficial de las actividades de la embajada del país norteamericano en Caracas y enfatizó que la reapertura “abre un nuevo capítulo en la relación bilateral”. 

La acción fue respuesta a la ejecutada por el par de Dogu, Félix Plasencia, quien anunció el fin de semana que el Gobierno de Venezuela retomó el control de sus sedes diplomáticas en Estados Unidos.

El funcionario compartió una publicación en la plataforma X  (antes Twitter) en la que Oliver Blanco, vicecanciller para Europa y América del Norte, aseguró que el Gobierno de Venezuela recuperó los edificios consulares venezolanos y que estos serán “rehabilitados” para ponerlos al servicio de “todos los venezolanos”. 

Estas son las claves para entender este nuevo capítulo en las relaciones bilaterales entre Venezuela y Estados Unidos:

1. Reapertura formal

 El lunes, 30 de marzo, la Embajada de Estados Unidos ubicada en la urbanización Valle Arriba, en el este de Caracas, reinició operaciones oficialmente.

Al mismo tiempo, en Washington, la delegación venezolana encabezada por el encargado de negocios, Félix Plasencia, recibió el control de la sede diplomática en la calle 30, que estuvo bajo custodia del Departamento de Estado desde 2023.

En el caso de la embajada de EE. UU. en Caracas, los funcionarios explicaron que la reapertura significa la presencia de personal diplomático permanentemente en Venezuela para, entre otras cosas, vincular empresarios de ambos países, sostener relaciones con todos los actores políticos de Venezuela, intercambiar conexiones y, “en un futuro”, retomar el trabajo consular.

Por su parte, los funcionarios venezolanos celebraron su presencia en Washington con fotografías desde la embajada de Venezuela y con la promesa de que su presencia en ese país servirá de apoyo a los migrantes venezolanos que allí se encuentran. 

2. Servicios consulares en espera

Aunque las sedes están abiertas, la reanudación de trámites de visas y servicios ciudadanos no es inmediata. Laura Dogu, informó que el personal se encuentra en fase de “restauración del edificio” y adecuación de sistemas de seguridad tras años de inactividad.

Se espera que los servicios consulares se reactiven de forma progresiva a lo largo de este año.

Un alto funcionario del Departamento de Estado indicó a Bloomberg que aún no es posible ofrecer un cronograma para la reanudación de todos los servicios públicos en la sede.

La última vez que la embajada en Caracas operó plenamente fue en marzo de 2019, cuando el personal diplomático fue retirado tras el desconocimiento mutuo entre las administraciones de aquel entonces.

3. El fin del “triángulo” con Bogotá

Con esta apertura se da por sentado el fin de la Unidad de Asuntos Venezolanos (VAU), que operaba desde la Embajada de EE. UU. en Colombia.

En la cuenta en X de la embajada norteamericana en Venezuela recordaron que “desde 2019, el compromiso diplomático de los Estados Unidos con Venezuela se ha llevado a cabo a través de la Oficina Externa de los EE. UU. para Venezuela (VAU) en Bogotá, Colombia”.  

La reapertura de la sede en Caracas implica que las decisiones políticas y la interlocución directa vuelven a Venezuela, lo cual elimina la triangulación diplomática que caracterizó la crisis desde el primer mandato del presidente Donald Trump.

4. Petróleo y Oro, los intereses

El restablecimiento no es solo diplomático, sino económico. La administración de Donald Trump condicionó la normalización del acceso de empresas estadounidenses a los sectores de energía y minería en Venezuela. 

El reciente viaje del secretario del Interior de EE. UU., Doug Burgum, el quinto funcionario estadounidense en visitar Caracas tras la intervención del 3 de enero, selló los acuerdos de explotación que requerían, obligatoriamente, canales diplomáticos directos.

La visita de este funcionario cerró con el anuncio oficial de que ambas naciones restablecieron sus relaciones diplomáticas, rotas desde 2019, y el retorno de capital norteamericano a Venezuela a través de licencias mineras y la reforma de esta industria.

5. El factor político 

El acercamiento entre EE. UU. y Venezuela se consolidó tras los sucesos de enero de 2026 y la conformación del gobierno encargado, liderado por Delcy Rodríguez. 

Foto: @cbonneauimages

Contrario a lo que el propio chavismo pregonaba, la incursión militar en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, fue la válvula de escape a una crisis bilateral que produjo ruptura de relaciones, sanciones y la presencia en el Mar Caribe de barcos militares estadounidense, así como el cierre del espacio aéreo venezolano. 

Ahora, con Maduro y Flores en un proceso judicial en Manhattan, las relaciones entre ambos países florecen “en el marco de la diplomacia de paz”, como suele pronunciar Delcy Rodríguez en sus discursos. 

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