El deterioro de medios en el estado Carabobo ha empujado a ciudadanos y periodistas hacia plataformas digitales, autocensura y coberturas mínimas. Cierres, presiones políticas y precarización redujeron la capacidad informativa en una región que antes tuvo amplia diversidad mediática.

Valencia. Cada mañana, cuando Valentina pasa frente a la antigua sede de Dat TV en Naguanagua, estado Carabobo, el deteriorado logo del canal le recuerda una rutina que desapareció hace años: sentarse frente al televisor para entender lo que ocurría en su propio estado.

Hoy se informa por canales internacionales y plataformas digitales porque, de acuerdo con su testimonio, los medios nacionales dejaron de contarle lo que sucede a su alrededor.

“Durante los sucesos del 03 de enero y los días venideros terminé informandome con canales chilenos disponibles en la misma plataforma y por NTN 24, los nacionales nos volvieron a dejar en el abandono y es algo serio porque pasas a sentirte aislada de la realidad estando dentro del país”, confesó a Crónica Uno.

Desde hace al menos ocho años, los medios de comunicación en Carabobo oscilan entre el vacío y la resistencia. Han padecido desiertos informativos —zonas sin cobertura periodística ni acceso a noticias locales— mientras sectores del gremio luchan por no desaparecer.

Lo que antes fue una de las regiones con mayor dinamismo mediático del país hoy muestra señales de precarización laboral, autocensura y migración forzada hacia plataformas digitales.

Valeria Ortega dejó de consumir televisión nacional hace años. La ruptura definitiva llegó el día en que Globovisión fue vendida y, junto con ello, una ola de despidos masivos contrastó con el radical cambio de línea editorial.

Ortega era una lectora fiel de diarios como El Nacional y El Carabobeño. Su esposo solía dejarlos cada mañana sobre el mesón de la casa y ella los leía con detalle. Pero la realidad informativa quedó limitada a lo que circula en redes sociales, con todo lo que eso implica, convertidas en una puerta de entrada que muchas veces ni siquiera se abre.

No por desconocimiento, sino porque a veces la extensión de un tuit basta para sentirse informada; incluso las explicaciones de algún experto en estas plataformas le ahorran el tiempo que implicaría leer un medio con artículos de 800 o 1800 palabras.

Foto: archivo

El algoritmo manda

La transformación también modificó los hábitos de consumo informativo de buena parte de la población. Lo inmediato desplazó a la lectura pausada y el algoritmo terminó condicionando qué temas circulan y cuáles desaparecen rápidamente de la conversación pública.

Lo que sí extraña es consumir televisión como antes. Durante un tiempo llegó a ver Dat TV, un canal regional privado que desapareció en 2019. Ya en 2018 habían comenzado las persecuciones derivadas de una investigación judicial contra su propietario.

Después vino el allanamiento de la sede por parte de la Fiscalía, motivado por la ausencia del empresario en el país y señalamientos de índole política. Así fue como el canal pasó a ser gestionado temporalmente por la Gobernación de Carabobo. Ese periodo de transición no estuvo exento de conflictos laborales.

Al final, todo derivó en el despido de parte del personal técnico y periodístico, mientras la administración regional asumía el control operativo a la espera de una resolución sobre la propiedad del medio.

El caso de Dat Tv se convirtió en uno de los episodios que periodistas y trabajadores de medios recuerdan como parte del deterioro progresivo del ecosistema informativo regional. Desde entonces, el Colegio Nacional de Periodistas ha alertado que el cierre o transformación de medios no solo redujo espacios laborales, sino también la capacidad de cobertura y fiscalización sobre la gestión pública.

El poder compra likes

Dayrí Blanco, periodista e investigadoras de IPYS Venezuela con más de 15 años de experiencia como reportera en la región, fue tajante al afirmar que el periodismo en Carabobo atraviesa un proceso regresivo.

«Pasamos de ser una región mediática robusta, con diversidad de voces, corresponsales y competencia editorial a un ecosistema precarizado, fragmentado y altamente vulenrable a presiones políticas y económicas».

A juicio de Blanco, el problema no se limita al cierre de medios tradicionales. También existe una pérdida progresiva de capacidad investigativa, menor presencia de reporteros en la calle y una cobertura cada vez más concentrada en pocos municipios del estado.

La sensación de aislamiento informativo es una idea que se repite entre consumidores de noticias en Carabobo, especialmente después del cierre de espacios críticos en radio y televisión.

Fuentes revelaron a Crónica Uno que recientemente la Alcaldía de Guacara, encabezada por el chavista Johan Castañeda, habría comprado un medio de comunicación cuya principal difusión ocurre en Instagram. Se trata de Noticias Guacara, cuenta que supera los 30 mil seguidores.

Esta versión también ha sido corroborada anteriormente por fuentes del Colegio Nacional de Periodistas seccional Carabobo. Según esas versiones, la estrategia buscaría construir un amplio ecosistema de páginas en Instagram para difundir contenidos afines al chavismo y ejercer mayor control sobre la información que circula en el municipio y zonas cercanas.

Hasta el cierre de este trabajo no hubo un pronunciamiento público por parte de la Alcaldía de Guacara sobre estos señalamientos.

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Foto: Ipys

Redacciones en terapia intensiva

Si a esto se suma el análisis de Blanco, que describe una predominancia de medios debilitados, redacciones mínimas y una migración forzada hacia lo digital, el panorama empeora. Incluso, Blanco precisó que muchas de esas migraciones hacia la web o las redes sociales no responden a una estrategia de crecimiento, sino a mecanismos de supervivencia.

Para periodistas regionales, la transición hacia redes sociales permitió mantener activos algunos proyectos informativos, aunque también aumentó la dependencia de métricas, viralidad e inmediatez para sostener la audiencia.

Sin embargo, Blanco admitió que resulta difícil precisar actualmente cuántos medios han cerrado en Carabobo. No existe una cifra oficial, aunque desde el Instituto Prensa y SociedadI (IPYS) Venezuela se desarrolla un estudio para actualizar ese número.

La periodista lamentó la pérdida de los medios impresos independientes y, en ese sentido, cuestionó la labor periodística de cabeceras históricas como Notitarde y La Calle.

Su crítica parte de lo que considera un escaso compromiso de ambos medios con una línea crítica hacia el gobierno, así como con la fiscalización de casos de corrupción y problemas de políticas públicas.

Periodismo encubierto

La reducción de espacios críticos también modificó la relación entre ciudadanos y medios regionales. Para algunos consumidores de noticias, la percepción de dependencia política o económica debilitó la confianza en varios medios históricos.

Lo mismo ocurre con las emisoras informativas. “No hay”, lamentó sin titubear, para luego precisar que las pocas existentes son apenas recreativas.

“Hay algunos programas de radio que, tímidamente, hacen algunas entrevistas informativas y leen noticias, pero con mucha cautela”.

La cautela llega al punto de que en Carabobo hay corresponsales que trabajan casi de forma encubierta como mecanismo de protección ante posibles persecuciones. Ese es el caso de quien representa a La Patilla.

Cierres como los de Unión Radio y Onda La Superestación sepultaron gran parte del espacio crítico que quedaba en la radio carabobeña. No obstante, hace menos de dos años el gobierno devolvió la operatividad a Circuito Éxitos.

Pero, desde la perspectiva de Blanco, esta reactivación es “controlada”, pues considera que busca ocupar espacios vacíos sin ampliar necesariamente las garantías para el ejercicio periodístico.

Sálvese quien pueda

Al analizar los cierres más recientes, Blanco identificó un patrón claro: medidas administrativas discrecionales, presiones indirectas y censura silenciosa. En ese contexto aparecen casos de emisoras que salen del aire sin explicaciones claras y medios digitales que enfrentan bloqueos o amenazas.

También subraya la persistencia de la autocensura, quizá el mecanismo de control más efectivo en la actualidad.Eso lo relató el periodista Fabio Galán, nombre ficticio que pidió utilizar para resguardar su identidad.

En distintas oportunidades ha realizado trabajos críticos al gobierno y, aunque no ha recibido amenazas directas de funcionarios o cuerpos policiales, dentro de su oficina su jefe suele decirle en tono de broma: “Si aquí viene el Sebin yo diré que eres tú el que hizo todo eso, porque tu eres el responsable y tienes que ser más comedido”.

Galán condenó ese tipo de comentarios porque, asegura, reflejan una lógica de “sálvese quien pueda”.

“Me indigna porque es un periodista de trayectoria y uno al entrar en un medio quiere sentirse respaldado, no abandonado por tu equipo y aunque te lo dicen en juego te das cuenta el miedo que hay y como figuras de renombre se te caen del pedestal porque prefieren cuidarse el culo antes de hacer un trabajo responsable con quien de verdad importa, la gente”.

La ausencia de información oficial sobre cierres, sanciones o procedimientos administrativos dificulta reconstruir con precisión el número de medios afectados en los últimos años.

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Foto: Angeliana Escalona /archivo

Cubos vacíos

Para Galán, el temor dentro de algunas redacciones no siempre se expresa mediante amenazas directas. A veces aparece en comentarios, advertencias informales o silencios editoriales que terminan por condicionar la cobertura.

En sus coberturas, Galán percibe que en los últimos dos años aumentó el número de medios en Carabobo, aunque duda de que exista una verdadera reinvención tanto de los contenidos como del periodismo mismo.

Dayrí Blanco también lo ha notado. Aunque reconoce esa transformación, advierte que la mayoría de los medios surgidos recientemente carecen de profundidad periodística, tienen poca o nula capacidad investigativa y muestran una necesidad apabullante por la inmediatez. “Más que innovación, en muchos casos es adaptación forzada”.

Ese fenómeno es el de los “cubos”, en referencia a los micrófonos identificados con logos de medios.

“Aquí hay una mezcla de factores con un peso importante hacia la simulación. Hay más “cubos”, sí, pero eso no necesariamente significa más periodismo”.

Muchos de esos espacios carecen de estructura editorial, verificación o independencia. Algunos responden a intereses particulares o funcionan como repetidores de información. “Hay esfuerzos valiosos, pero también mucho ruido que diluye la calidad informativa”, agregó.

Voz perdida

La proliferación de nuevos proyectos digitales permitió aumentar la presencia de coberturas en ruedas de prensa y actividades oficiales, aunque no necesariamente se tradujo en investigaciones o seguimientos de largo aliento sobre problemas públicos.

La preocupación de Blanco es que las presiones actuales son las mismas de antes, aunque ahora mucho más sofisticadas y menos visibles. Por eso sostiene que el periodista ya no solo compite contra el poder, sino también contra el algoritmo.

La precariedad del periodismo regional también se refleja en la incapacidad para cubrir todo el estado. Para la corresponsal de IPYS Venezuela, las coberturas se concentran principalmente en Valencia y Naguanagua, mientras persiste una ausencia casi total de seguimiento sistemático a la gestión pública local.

Ese vacío informativo deja a municipios enteros sin cobertura permanente y obliga a muchos ciudadanos a depender exclusivamente de cadenas de WhatsApp, redes sociales o versiones oficiales para conocer lo que ocurre en sus comunidades.

Así, la crisis de medios en Carabobo no solo transformó las redacciones y las condiciones laborales de los periodistas. También cambió la manera en que miles de personas se relacionan con la información, buscan respuestas y entienden la realidad que los rodea. Mientras Valentina sigue pasando frente al edificio abandonado de Dat TV, la sensación de que la región perdió parte de su voz mediática permanece intacta.

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