La opacidad y la incertidumbre flotan sobre las aguas del municipio Valdez a una semana de que la Cancillería venezolana calificara de “grave” el impacto del derrame petrolero proveniente de Trinidad y Tobago. Mientras, un investigador sucrense lamenta que Trinidad desestime el impacto ecológico.
Cumaná. Entre versiones contradictorias, manchas de crudo y escasa información oficial, habitantes de Güiria intentan entender el alcance del más reciente derrame petrolero proveniente de Trinidad y Tobago.
Casi dos semanas después del comunicado emitido el 9 de mayo pasado, por la Cancillería venezolana, pescadores y habitantes del municipio Valdez siguen atrapados por el temor sobre las aún inciertas consecuencias en la pesca y los ecosistemas costeros.
En la capital del municipio Valdez del estado Sucre, la población cuenta con poca o nula información sobre el impacto ambiental del incidente cuya “grave afectación” fue advertida por el Gobierno venezolano sin mayores detalles. Las playas manchadas y los pescadores preocupados revelan un drama silencioso que se extiende por el Golfo de Paria, una zona marítima compartida entre Venezuela y Trinidad, estratégica para la pesca y la biodiversidad.
La incertidumbre flota sobre las aguas del municipio Valdez. Desde el nueve de mayo, fecha del comunicado, hasta la inspección del 14 de mayo pasado, los habitantes han vivido una semana de opacidad, sin detalles claros sobre la magnitud del derrame ni sobre las medidas de mitigación, procedimientos que normalmente deberían incluir monitoreo ambiental y protocolos de limpieza.
Aunque la comitiva gubernamental llegó con la intención de paralizar por completo la actividad pesquera para armar un expediente de demanda internacional contra Trinidad, la presión local frenó la medida.
“Vinieron a paralizar la pesca. El Gobierno quería demandar a Trinidad y hacer un escándalo, pero aquí el petróleo solo llegó a playa Guayabita y manchó las piedras. El derrame se extendió en los caños de la costa; el manchón era como de cinco por 50 metros de largo”, reveló a Crónica Uni, bajo estricto anonimato, un integrante de la Asociación de Pescadores del municipio Valdez.
Versiones encontradas
Mientras en el informe oficial de Venezuela se aseguró que los daños abarcan el Golfo de Paria y las costas de Sucre y Delta Amacuro, exigiendo reparaciones bajo el derecho internacional ambiental, el Gobierno de Trinidad y Tobago optó por restarle peso al incidente.
Según fuentes oficiales, la administración isleña catalogó el hecho como un “derrame menor” de apenas 10 barriles, que presuntamente fue contenido el mismo día de su detección.
Esta contradicción bilateral deja a las comunidades costeras en el limbo. Cuatro días después de la alarma inicial, las autoridades venezolanas anunciaron la creación de “brigadas voluntarias” para mitigar el daño, una medida que evidencia la falta de un plan de contingencia técnico y profesional.
Alfred Ñáñez, ministro de Ecosocialismo, anunció la conformación de un Comando de Operaciones junto al Instituto Nacional de Espacios Acuáticos (INEA), la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), el Instituto de Estudios Avanzados (IDEA), la Alcaldía de Valdez y la Gobernación del estado Sucre.

Ecocidio irreversible
Para la comunidad científica, la ligereza con la que ambos gobiernos manejan la crisis es alarmante. Fernando Blanco, biólogo de la Universidad de Oriente (UDO Sucre), confirmó la opacidad informativa que rodea el caso y lamentó que Trinidad desestime el impacto ecológico.
“Puede ser que el derrame haya sido de un solo barril, pero esas no son excusas de un Gobierno. Hay un impacto que corregir. Sabemos por experiencias anteriores en Falcón y Zulia que el interés nacional suele ligarse a otras áreas de la política y se toma muy poco en cuenta el daño de los derrames petroleros”, fustigó el especialista.
Blanco advirtió que las consecuencias en el medio terrestre y marino son irreversibles, afectando especialmente los ecosistemas de manglares. La población, que depende de la pesca y el turismo local, vive con la incertidumbre de cómo la contaminación alterará su economía y estilo de vida.
“En sistesis los derrames petroleros son devastadores y comprometen el desarrollo tanto en la biota como la flora: a las aves porque se les pega en las plumas y pierden permeabilidad. Igualmente, están en riesgo los mamíferos de la desembocadura del Delta y el Frente Atlántico como los delfines, manatíes y ni hablar de los peces, mariscos, crustáceos porque el petróleo los asfixia y la mortandad es masiva” detalló.
El experto explicó que las consecuencias de cualquier derrame petrolero interfieren en la cadena alimenticia, desde especies como el plancton, fitoplancton y corales, afectando toda la cadena trófica, ya que los residuos se depositan en el sustrato marino, creando un impacto grave.
El ecocidio no solo golpea la biodiversidad; también amenaza la economía local, que gira en torno a la pesca y los recursos del mar, y genera incertidumbre en familias que dependen de esa actividad para subsistir.
“El impacto en el sector pesquero artesanal e industrial es innegable, aunque en muchos casos no lo quieran aceptar”,
alertó el biólogo.
Este lunes 18 de mayo, un nuevo pronunciamiento de Yvan Gil, canciller venezolano, denunció a Trinidad y Tobago por no notificar el incidente y exigió el resarcimiento inmediato por los “severos daños ecológicos” causados.
El funcionario venezolano dio a conocer el Informe Técnico Político Integrado, que reporta un avance del 70 % de la mitigación tras la recolección de 12 toneladas de hidrocarburo.
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