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En Caracas, los precios de algunos alimentos básicos muestran estabilidad parcial en mercados municipales, aunque los consumidores mantienen cautela ante la inflación y la devaluación. El costo de la canasta alimentaria y los bajos ingresos amplían la brecha económica.

Caracas. A pesar de la aparente estabilidad en productos básicos como carne, pollo, harina de maíz y hortalizas en los mercados municipales de Caracas en abril y mayo, los compradores siguen enfrentando dificultades para cubrir la canasta alimentaria debido a la inflación, y la devaluación del bolívar.

“Estoy sorprendida porque el kilo de cebolla se mantiene en Bs. 900. Hace exactamente 25 días compré un kilo y me costó lo mismo, algo que es totalmente inusual, sobre todo en este mercado. Ya es costumbre que cada vez que vengo a comprar debo aumentar el presupuesto porque con la inflación todo sube”, afirmó a Crónica Uno Bárbara, compradora asidua de Quinta Crespo.

Al ser consultada sobre el comportamiento de los alimentos en las últimas semanas, explicó que aunque algunos productos continúan aumentando, otros se han mantenido estancados o han registrado alzas mínimas.

“Lo que te puedo asegurar es que nada ha bajado. La carne se ha mantenido en $11, pero si pagas en bolívares, por la devaluación te va a salir mucho más caro. El pimentón lleva meses incomprable; está en Bs. 3000 el kilo, que son aproximadamente unos $5, pero uno agradece que no lo sigan aumentando”, opinó.

Respiro insuficiente

La consumidora valora este respiro inflacionario como un alivio significativo, pero insistió en que debe asumirse con prudencia. A su juicio, el las autoridades encargadas no han impulsado un plan económico que garantice una mejora sostenida a largo plazo.

“Muchos pensamos que habría un aumento del salario mínimo y eso no ocurrió; solo ajustaron el bono de guerra. Yo no lo recibo porque trabajo en una pequeña empresa que me paga $200 mensuales más los $40 de tique de alimentación, así que no obtuve ningún beneficio. El dólar sigue subiendo, por eso no se puede creer mucho en una supuesta normalización”, sostuvo Bárbara.

En términos de contexto económico, según el Centro de Documentación y Análisis de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas-FVM), la canasta alimentaria de una familia de cinco personas aumentó 5,5 % en abril respecto a marzo, ubicándose en $730,59, lo que refleja el costo de los alimentos básicos necesarios para un mes de consumo de una familia promedio.

Esto implica que el llamado “ingreso mínimo integral”, que comprende el salario mínimo más bonos o ayudas sociales, de $240 apenas cubre el 32,8 % del costo de la cesta, mientras que la pensión mínima de $70, destinada a personas retiradas o jubiladas, alcanza solo 29,17 %, evidenciando el rezago de los ingresos frente al aumento de precios.

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Margen mínimo para mantener las ventas

En su recorrido mensual por Quinta Crespo y Guaicaipuro, Crónica Uno constató que algunos vendedores han optado por reducir sus ganancias al mínimo como estrategia para mantener el volumen de ventas, una medida que contribuye temporalmente a contener los precios.

“La gran mayoría de los negocios aquí ganan lo mínimo. Nosotros vendemos pollo y los mayoristas nos han mantenido el costo de despacho. Si nos ponemos creativos y aumentamos para generar mayor margen, simplemente la gente no nos compra. Preferimos ganar poco y salir rápido del producto”,

explicó el encargado de un local en Guaicaipuro.

Por su parte, Máximo, vendedor de hortalizas en las adyacencias de Quinta Crespo, considera que la solución definitiva pasa por sincerar la economía.

“En Venezuela el gran problema es el bolívar, porque pierde valor constantemente. Aquí lo que debemos hacer es dolarizar todo formalmente; con eso se acaba la especulación y los problemas económicos de raíz”, sentenció.

Sobre su margen de ganancias, aseveró que varía constantemente, aunque coincide con otros comerciantes en que el beneficio es reducido.

“Si te hablo de mis ganancias te pones a llorar, esto solo da para vivir y tener algo de comida. Por ejemplo, ahorita no estoy trayendo aguacates, pimentón ni tomates porque están muy caros. Prefiero vender papa, cebolla, pepino, calabacín y berenjena, que se han mantenido más accesibles este año”, señaló.

¿Una calma ficticia?

Para Marcos, un joven mototaxista que suele abastecerse en Quinta Crespo, la aparente estabilidad económica del país no deja de ser una ilusión. Recuerda que ni siquiera en 2022, cuando el tipo de cambio permaneció contenido durante varios meses, los hogares percibieron una mejoría real.

“La comida aumenta todas las semanas, las medicinas van para el cielo, la ropa, el aseo personal, todo sube porque cada quien cobra como le da la gana. Muchas veces ves un precio de $5, pero cuando llegas a la caja te dicen que el cobro es a tasa euro o tasa Binance, y ahí te desangran. Mientras eso no se controle, no habrá estabilidad real”, argumentó.

La situación impacta directamente en la vida cotidiana de los hogares, que deben ajustar su presupuesto y priorizar alimentos más accesibles, dejando de lado otros productos esenciales que se vuelven inalcanzables por sus altos precios. Esto muestra cómo la inflación y la devaluación afectan decisiones básicas de alimentación y calidad de vida.

A futuro, compradores y comerciantes coincidieron en que mientras no exista un plan de control de inflación, ajustes reales en salarios y medidas que garanticen el abastecimiento de alimentos, cualquier estabilidad de precios observada será temporal y no reducirá el rezago de las remuneraciones frente al costo de la vida, obligando a la población a depender de estrategias de mercado informal y ahorro ante la volatilidad del bolívar.

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