Según cálculos propios de firmas económicas venezolanas, la deuda externa asciende a unos $180.000.000.000. La renegociación podría durar entre tres y cinco años, lo que se convierte en el mejor de los escenarios para que sea un proceso seguro y con garantías.
Caracas. El gobierno encargado de Delcy Rodríguez, informó a través de un comunicado publicado el 13 de mayo de 2026, el proceso de reestructuración de la deuda pública externa de Venezuela y la de Petróleos de Venezuela (Pdvsa).
Según la vicepresidencia sectorial de economía “esta decisión tiene un objeto central: poner a la economía al servicio del pueblo venezolano y liberar al país de la deuda acumulada, garantizando su futuro y un renacer de prosperidad, justicia e igualdad”.
En el comunicado el Ejecutivo reconoce que desde el año 2017, Venezuela entró en un proceso de impago, conocido como default, con acreedores internacionales entre los que figuran gobiernos, bancos comerciales, casas de inversión, empresas privadas y organismos multilaterales, “producto de las sanciones financieras”.

¿Qué significa reestructurar?
El proceso de reestructuración de deuda consiste, según algunos economistas consultados por Crónica Uno, en negociar nuevas condiciones para que la carga de la deuda sea sostenible a largo plazo.
“Esto es un proceso de negociación entre un país deudor y sus acreedores internacionales para modificar los términos originales de los préstamos (plazos, tasas de interés o monto principal). Esto busca aliviar la carga financiera cuando el país no puede cumplir con sus pagos, evitando el impago total (default), logrando sostenibilidad y capacidad de pago”, explicó una de las fuentes consultadas.
Sostienen que en el caso venezolano, lo que se busca es la reanudación de los pagos, que se encuentran paralizados desde el año 2017, de una manera sostenible para la economía nacional.
Agregan que el Gobierno venezolano quiere ceñirse a normativas internacionales como las de la Organización de Naciones Unidas (ONU), las cuales establecen que “todo Estado soberano tiene el derecho de diseñar sus propias políticas macroeconómicas, incluyendo la reestructuración de su deuda”.

Es una gran deuda
El Gobierno mantiene bajo total hermetismo el monto total de la deuda externa nacional, incluidas las asignaciones de Pdvsa, los préstamos bilaterales y los laudos arbitrales que ha perdido el país en los últimos años.
Según estimaciones citadas por la agencia de noticias Reuters la deuda venezolana oscila entre $150.000.000.000 y $170.000.000.000, mientras que la firma Ecoanalitica estima que podría superar los $180.000.000.000.
Para 2025 el Fondo Monetario Internacional proyectó que el tamaño de la economía venezolana (PIB nominal) es de unos $82.800.000.000. Bajo esta estimación, la deuda de nuestro país equivaldría a casi el doble de lo que produce en un año; es decir, entre el 180% y el 200% de su Producto Interno Bruto.

Se debe contar con el FMI
Alejandro Grisanti, economista y socio director de Ecoanalitica, explica que el proceso de renegociación de la deuda venezolana apenas comienza y advierte que la licencia general 58 emitida por Estados Unidos permite contratar asesores legales, bancos de inversión y consultores para preparar una eventual negociación.
“Es importante señalar que la licencia no permite ejecutar transacciones financieras. Es decir, se pueden diseñar propuestas y escenarios de reestructuración, pero no intercambiar bonos, cerrar acuerdos ni ejecutar operaciones sin autorización explícita de las autoridades estadounidenses”.
Explica que para renegociar la deuda se debe contar con la asesoría del Fondo Monetario Internacional (FMI).
“El primer paso debería ser una misión técnica del FMI para revisar las cifras oficiales. Ese diagnóstico técnico es fundamental para estimar el verdadero tamaño de la economía, su capacidad productiva y, sobre todo, su capacidad de pago. Solo estas dos etapas podrían consumir fácilmente entre 10 y 12 meses”.

Un proceso de años
Las experiencias internacionales muestran que las reestructuraciones más rápidas toman alrededor de dos años, mientras que los procesos complejos consumen cuatro años o más.
“En Ecoanalitica no vemos una reestructuración integral cerrada en los próximos cuatro o cinco años. Y probablemente eso sea positivo. Procesos de esta magnitud deben hacerse de forma ordenada, transparente y técnicamente consistente. Intentar acelerarlos sin suficiente institucionalidad puede terminar generando más riesgos que soluciones”, opinó Grisanti.
Por otra parte, un especialista consultado por Crónica Uno quien pidió mantener su nombre en reserva, advierte que las reestructuraciones no siempre han sido positivas para los países deudores y muchas veces condujeron a nuevas crisis.
“Hay que tener mucho cuidado cuando viejos bonos son canjeados por nuevos bonos a tasas de interés mucho más elevadas. Hay que recordar que la posibilidad de reestructuración exitosa que aumente la sostenibilidad y posibilite la recuperación económica se incrementa cuanto mayor sea el alivio generado”, dijo.

Credibilidad y nuevo financiamiento
Para el economista, Luis Vicente León, renegociar la deuda es el camino correcto para rescatar la credibilidad de Venezuela en los mercados internacionales.
“Puede hacerse con recortes relevantes y condiciones de pago que no asfixien el flujo de caja del país en un momento en que los recursos son críticos para la población y el sector productivo”, manifestó.
A su juicio, el resultado “abrirá las puertas al financiamiento internacional, que será indispensable para financiar el proceso de crecimiento económico que se espera para los próximo años, basado en la apertura energética y minera, que servirá de pivote al resto de la economía”.
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