Anova estima que 57,6% de los hogares presentan condiciones vulnerables para hacerle frente a la pandemia

cuarentena radical COVID-19

En Venezuela 38,8 % de los hogares manifiesta no tiene acceso regular al agua potable o sus fuentes de provisión de agua son irregulares, escasas y de mala calidad, indicó un informe de la firma privada de consultoría. La imposibilidad de acceso regular al servicio de agua potable limita algunas de las rutinas esenciales en la prevención del la COVID-19, como el lavado de manos.

Caracas. El acceso a agua corriente, seguro médico, empleo, refrigerador, internet, alimentos o medicinas son algunas de las cosas básicas que debe tener cualquier hogar, sobre todo si enfrentará largos periodos de cuarentena por la pandemia por COVID-19. Sin embargo, más de la mitad de los hogares venezolanos manifestaron en un estudio de Anova Policy Research no contar con varios de estos indicadores, lo que los califica como espacios vulnerables para protegerse o apegarse a medidas de confinamiento. 

En el informe titulado “COVID-19 y vulnerabilidad de los hogares en Venezuela: a un año del comienzo de la pandemia” se estima que 57,6 % de los hogares venezolanos, es decir, aproximadamente 15,9 millones de personas, presenta condiciones de vida con elementos de vulnerabilidad directa de salud, lo que significa, de acuerdo con los criterios de la investigación, que “presentan factores en el hogar que incrementan la posibilidad de verse más afectados en caso de contagiarse por la enfermedad de COVID-19”.

Anova, una firma privada de consultoría que tiene entre sus miembros a los economistas Omar Zambrano, Lisseth Escalante y Ricardo Benzecry, entre otros, también encontró que 63,4 % de los hogares en Venezuela (17,5 millones de personas) tienen elementos de vulnerabilidad indirecta frente a las medidas de confinamiento prolongado: factores subyacentes que hacen que en los hogares se haga improbable cumplir a cabalidad con las restricciones de movilidad impuestas durante la pandemia, que el 13 de marzo cumplió un año en el país, pues desde entonces las autoridades anunciaron los primeros casos.

Venezuela comenzó a enfrentar una pandemia con casi siete años de contracción económica y casi tres en hiperinflación. Asimismo, los ingresos del Estado se habían reducido al máximo por la caída de la producción petrolera, que empeoró con las sanciones a Petróleos de Venezuela. 

“El gobierno venezolano ya para principios de 2020 había perdido substancial acceso a sus principales fuentes de ingreso interno o externo, incluyendo mercados internacionales o multilaterales de crédito. Ello implica que el Estado venezolano carecía (y carece) de capacidad fiscal para llevar a cabo medidas de gasto compensatorio para las familias y empresas, y/o para llevar a cabo una ampliación de la capacidad sanitaria para atención de la pandemia”, se lee en el documento de la firma privada de investigación económica.

Una de las críticas recurrentes desde mediados del año pasado por parte del sector privado son las restricciones a crédito, falta de combustible y el esquema 7+7, que este domingo fue prolongado una semana más hasta cumplir 21 días de confinamiento. Para la firma la prolongada depresión económica ha hecho que la población lidie con la pandemia en condiciones económicas y laborales “relativamente peores” a la mayoría de los países.

Por ejemplo, 95,2 % de los hogares manifiesta no tener acceso a un sistema de aseguramiento de salud efectivo. «Esto quiere decir que 95 de cada 100 personas o no tiene un seguro privado o está afiliado únicamente al quebrado Instituto Venezolano de Seguros Sociales o aún estando asegurados con póliza privada, declaran que las coberturas fueron irrelevantes en la cobertura de afecciones recientes de salud”.

Por razones económicas 19,2 % de los consultados indicó no tener acceso a la adquisición de medicamentos para tratar alguna afección de salud.

Acceso al agua

En Venezuela 38,8 % de los hogares manifiesta no tiene acceso regular al agua potable o sus fuentes de provisión de agua son irregulares, escasas y de mala calidad. La imposibilidad de acceso regular al servicio de agua potable limita algunas de las rutinas esenciales en la prevención del la COVID-19, como el lavado de manos. Esta proporción es mucho mayor entre los hogares más pobres (43 %) en comparación con los más ricos (31 %).

agua
Foto: Mariela Nava

32,4 % de los hogares declara tener un miembro del hogar con 60 años de edad o mayor. Esto incluye a 24,4 % de hogares cuyo jefe de hogar es una persona mayor de 60 años. La firma subraya que identificar este segmento demográfico es de suma importancia por ser el grupo con la mayor tasa de complicaciones graves y muertes asociadas a la enfermedad de COVID-19.

El informe señala que 17 % de los hogares no posee una nevera/refrigerador funcional, lo que lleva a romper el confinamiento con mayor frecuencia puesto que solo pueden adquirir los alimentos que van a consumir en el corto plazo. Mientras que 18,3 % de los hogares reporta que aproximadamente uno de sus miembros deja de comer al menos una comida al día, en los hogares más pobres la cifra se eleva a 26 %. 

Sin internet para el teletrabajo

81,2 % de los encuestados dijo no tener acceso al servicio de internet (86 % en el quintil más pobre), mientras que 70,5 % reporta que no tiene computadora en casa (77 % en el quintil más pobre). La firma sostiene que las deficiencias en el servicio de internet y el acceso a computadoras que sufren los hogares limitan la capacidad de implementar la modalidad del teletrabajo bajo confinamiento prolongado.

La falta de condiciones ha provocado problemas de rendimiento tanto en alumnos como en educadores. «No calibramos que en casa no estaban las condiciones. (…) Y quedamos como desarmados, además de los déficit en los servicios públicos”, dijo a Crónica.Uno en marzo la directora del Programa Nacional Escuela de Fe y Alegría, Noelbis Aguilar.

Además de las limitaciones tecnológicas de acceso a computadoras e internet, Anova estima que 38,6 % del total de hogares con miembros en edad escolar (entre 6 y 17 años) está integrado por adultos que poseen un nivel educativo menor al de la secundaria completa. Es decir, una porción importante de los niños en edad escolar bajo el régimen de educación a distancia no tiene un adulto en capacidad de ofrecer una ayuda u orientación efectiva en su proceso educativo.

Casi la mitad de los hogares: 49,9 % manifiesta trabajar de manera informal o por cuenta propia. «Este tipo de trabajadores no afiliados a firmas o instituciones enfrenta serias limitaciones para el cumplimiento de confinamientos prolongados por su rutina laboral, además de carecer de estabilidad salarial y programas de aseguramiento laboral».


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