Las constantes interrupciones del servicio eléctrico frenan la atención en centros médicos aragüeños. Ante la falta de generadores y combustible, médicos y enfermeros deben improvisar, en medio de una situación que aumenta el estrés y la incertidumbre entre pacientes y trabajadores sanitarios.
Maracay. Los cortes eléctricos en el estado Aragua, ubicado en la región central de Venezuela, no solo apagan comunidades; suspenden consultas, apagan quirófanos y detienen tratamientos vitales.
La ausencia de plantas eléctricas en los centros de salud obliga al personal sanitario a improvisar para proteger la vida de sus pacientes.
Sin equipos de respaldo que respondan ante apagones de hasta seis horas, médicos, enfermeros y convalecientes quedan a merced de la penumbra, donde la atención médica se transforma en una carrera contra el tiempo.
A pesar de que los ciudadanos y gremios médicos han exigido soluciones y la publicación de cronogramas previsibles de administración de carga, las autoridades oficiales y los organismos estatales responsables de la red eléctrica no han emitido respuesta ni publicado planes de contingencia para el sector salud.

Atención bajo límites críticos
Las interrupciones eléctricas no solo afectan el funcionamiento de los consultorios, sino que también merman la salud mental de los especialistas, quienes lidian con altos niveles de estrés, preocupación, frustración y agotamiento al no poder garantizar una atención continua. La crisis eléctrica afecta de forma generalizada tanto al sector público como a los servicios de salud privados en toda la región.
Así transcurre la jornada laboral de Edgar Vidao, enfermero y propietario de un consultorio privado en Villa de Cura, municipio Zamora, donde se ofrecen servicios de psiquiatría, pediatría, fisioterapia, traumatología, medicina interna y dermatología, entre otros.
El uso de sus equipos médicos y de ecografía también se ve severamente limitado por las constantes fallas eléctricas. Esta tecnología, que utiliza ondas de sonido para obtener imágenes del interior del cuerpo, resulta indispensable para evaluar a los pacientes. Sin electricidad, su funcionamiento se interrumpe y la atención médica queda seriamente condicionada.
“El racionamiento interrumpe las consultas y generan retrasos en la atención. En salud necesitamos garantizar continuidad y seguridad en los servicios, pero las fallas representan una limitación importante tanto para nosotros como para los pacientes”, recalcó Vidao a Crónica Uno.
A falta de un generador eléctrico en las instalaciones, los procedimientos médicos deben suspenderse o posponerse. Esta situación genera ansiedad, incertidumbre y temor entre los enfermos, quienes ven comprometidos sus chequeos y tratamientos al quedar a merced de los planes de administración de carga, cortes programados por la empresa eléctrica estatal para racionar la energía, raras veces publicados por las autoridades.
La falta de previsión obliga a las personas con patologías crónicas o necesidad de chequeos periódicos a depender enteramente del azar del suministro eléctrico.
Hospitales a la deriva
El sector público tampoco escapa a esta dura realidad. El Hospital Dr. José María Benítez de La Victoria, ubicado en el municipio José Félix Ribas, carece de planta eléctrica, aunque antes solía estar exento de los cortes. Ahora, el principal centro asistencial del eje este también queda a oscuras.
“El hospital durante el terremoto tuvo energía eléctrica. La última vez que se quedó sin luz tantas horas fue durante el apagón de marzo de 2019”, contó Jhander Delgado, médico anestesiólogo.
La labor de Delgado se complica considerablemente con los racionamientos. La mayor parte de sus funciones se desarrolla dentro de un quirófano que depende por completo de la electricidad. Cuando el suministro falla, prestar el servicio resulta imposible.
Sin electricidad continua, cualquier intervención quirúrgica que dependa de aparatos o iluminación especial debe ser cancelada o postergada de inmediato. Esto paraliza las cirugías programadas.
El calor sofocante es una de las realidades que enfrenta el especialista con cada corte programado. También lidia con la odisea de los pacientes que ven interrumpidos sus tratamientos. A esto se suma la impotencia de no poder realizar operaciones de manera oportuna, incluso cuando se trata de una urgencia grave.
Esta interrupción directa de las operaciones de emergencia sitúa a los enfermos en situaciones de extrema vulnerabilidad médica.

Riesgo en áreas críticas
Desde el Colegio de Médicos de Aragua advierten que la gran mayoría de los centros asistenciales carecen de plantas eléctricas de emergencia. Aunque algunos hospitales sí disponen de ellas, la marcada escasez de combustible paraliza su funcionamiento e impide la debida atención de los convalecientes.
“Aplican un ahorro energético, pero que no tiene mucha lógica cuando vemos plazas y centros de recreación con luces encendidas por 24 horas. Hay una incongruencia que nos lleva a un deterioro físico y mental”,
alertó Ramón Rubio, presidente de la organización gremial en la región.
Rubio precisó que el racionamiento pone en peligro la vida de las personas en áreas críticas. Entre estas destacó emergencias, unidades de cuidados intensivos, salas hospitalarias destinadas a los pacientes en estado de mayor gravedad que requieren monitoreo constante, y pabellones quirúrgicos. En este último el soporte vital es indispensable y depende directamente de la energía eléctrica.
“Existe ese riesgo de que haya una afectación en la salud de las personas que ya tienen una enfermedad por la falta de energía eléctrica”, enfatizó Rubio.
La parálisis del sistema hospitalario en Aragua evidencia la urgencia de garantizar un flujo eléctrico ininterrumpido en la red sanitaria regional. Resolver las fallas de infraestructura y estabilizar los servicios esenciales constituye una prioridad ineludible para frenar el riesgo constante sobre la vida de los ciudadanos.
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