El Centro de Derechos Humanos (CDH) de la UCAB publicó un informe donde alerta que los caminantes venezolanos que emprenden un trayecto a pie dentro del país antes de llegar a la frontera se enfrentan a extorsiones de los funcionarios en las alcabalas: les quitan el dinero, la ropa, alimentos y otras pertenencias.

Caracas. “Yo traía un bolso con comida cruda y en todas las alcabalas que me fueron parando me fueron quitando, que si dos kilos de pasta, que si dos de arroz. (…) Muchas veces me tocó pasar por el monte, siendo venezolano, allá en Venezuela, para evitar la alcabala”. Este es un testimonio de un caminante de la tercera edad que documentó el Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (CDH UCAB) en su informe “Caminantes de ida y vuelta: el flujo de caminantes venezolanos por el continente en tiempos de pandemia”. 

Los migrantes venezolanos inician su travesía a pie por Venezuela antes de llegar a la frontera. El CDH UCAB encontró en Cundinamarca, una región colombiana, venezolanos que venían caminando desde Barinas, Valencia, San Felipe, Caracas y Puerto La Cruz. Por ejemplo, quienes venían de Puerto La Cruz hicieron un recorrido de 1900 kilómetros. 

Los caminantes, se lee en el informe, hacen un trayecto a pie de entre 300 y 1000 kilómetros antes de llegar al límite con Colombia o Brasil. Esta travesía supone, además, extorsiones de los funcionarios en las alcabalas: les quitan el dinero, la ropa, alimentos y otras pertenencias.

Los testimonios registrados por el CDH UCAB revelan que los caminantes son detenidos “sin razón alguna en alcabalas a lo largo de las rutas por Venezuela, solo para retenerles su cédula de identidad, alegando una supuesta verificación”. 

“En otros casos, las cédulas fueron destruidas y sus titulares sometidos a maltratos verbales. Los documentos también son usados como forma de extorsión, ya que son retenidos y solo entregados a cambio de dinero, generalmente en divisas”, alerta en su informe el CDH UCAB.

La institución explica que estas salidas se producen en condiciones de mayor precariedad, con restricciones de movilidad por la pandemia y con limitadas opciones para el traslado de personas ante la escasez de gasolina. Aun así, “el cruce por vía terrestre no se ha detenido pese al cierre de fronteras. Solo han variado las modalidades, aumentando los riesgos para los caminantes y disminuyendo el control sobre la población que ingresa”.

“Cuando llegan a la frontera, los caminantes no solo llegan agotados físicamente por el largo recorrido, sino golpeados anímicamente pues han sido despojados de la mayor parte de las pertenencias y recursos que habían reunido para realizar su viaje. Es el último golpe que reciben en territorio venezolano, antes de cruzar”, añade el informe. 

El CDH UCAB cita fuentes que mencionan que, para finales de octubre de 2020, el volumen de caminantes comenzó a alcanzar cifras cercanas a las registradas antes de la pandemia. En octubre de 2020, se estima que 600 venezolanos estaban ingresando diariamente a Colombia, mientras se calcula la entrada de al menos 50 personas por día desde Colombia hacia Ecuador.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) y el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur) estiman que unas 800.000 personas podrían salir de Venezuela en 2021, lo que ubicaría el total de venezolanos fuera del país en 6,2 millones.

Reflujo migratorio

El CDH UCAB señala que en esta nueva etapa de salida de personas de Venezuela, una característica importante es la presencia predominante de grupos familiares: “Las personas están saliendo con el grupo familiar completo y a veces extendido, pues se incorpora una comadre, un sobrino, los suegros y hasta vecinos”. 

Muchos caminantes ya han hecho la ruta a pie y están saliendo de Venezuela por segunda vez o transitan por diferentes países para encontrarse con otros familiares, o probar suerte en el ámbito laboral. Otro rasgo que menciona la institución de derechos humanos es el ir y venir de las personas. 

Por ejemplo, se lee en el informe, el Servicio Jesuita para los Refugiados (SJR) en Tulcán, Ecuador, ya para diciembre registró el ingreso de al menos 40 niños, niñas y adolescentes por día con personas que habían retornado y ahora regresaban con sus hijos. 

El CDH UCAB sostiene: “Más allá del fenómeno de reflujo y de quienes se mueven por diferentes países, hay una gran cantidad de caminantes que están haciendo el recorrido por primera vez. En el caso de Arauca, se estima que el 80 % de las personas que han ingresado en el contexto de la pandemia son nuevos caminantes, algunos de los cuales afirman tener intenciones de proseguir a otros países”. 

Recomendaciones del CDH UCAB
  • Establecer protocolos para identificar y asistir a personas con necesidad de protección internacional y evitar su devolución, incluyendo la disposición de recursos de apelación y asistencia legal.
  • Los estados receptores deben explorar mecanismos de identificación y regularización con un enfoque de flexibilidad, creatividad y responsabilidad compartida. 
  • En el contexto de la pandemia, es indispensable que las políticas públicas no discriminen a los migrantes y refugiados debido a su condición migratoria.
  • Durante el trayecto de los caminantes por Venezuela, las agencias humanitarias deben reforzar mecanismos de acompañamiento en la ruta, especialmente con respecto a espacios seguros de descanso, higiene y abastecimiento.
  • Es importante que, en dichos espacios y en otros puntos de la ruta, se brinde información a los caminantes sobre los riesgos que pueden afrontar en el trayecto, a fin de que puedan tomar precauciones en el resguardo de sus pertenencias y documentos.
  • Es necesario reactivar los puntos de apoyo a caminantes en los países de tránsito y destino, con énfasis en elementos de higiene, bioseguridad y orientación sobre los riesgos en la ruta.

Foto referencial: Luis Morillo

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