En el sector Urdaneta de Catia, desde hace ocho años funciona un espacio de encuentro donde personas de la tercera edad y gente sin hogar se reúnen para compartir el pan, sin importar las creencias. La iniciativa, impulsada por la Iglesia Apostólica Internacional, también ofrece barbería y donación de ropa.

Caracas. Carmen Escobar, de 64 años de edad, cumple cada semana con una rutina inquebrantable. Se levanta al amanecer, se viste, se peina y emprende una caminata desde su hogar, en La Guaira, hasta la avenida Circunvalación de Catia. Atraviesa carreteras, esquiva motos y cruza la autopista bajo el sonido de las cornetas de los autos. Sin dinero para el pasaje, recorre más de 10 kilómetros a pie.

A pesar de los riesgos Carmen se siente protegida. Su fe en Dios la guía hacia sus amigos de la Iglesia Apostólica Internacional, donde la reciben con oraciones y un plato de comida caliente para aliviar el hambre.

En el sector Urdaneta de Catia un comedor comunitario de la iglesia ofrece servicios de barbería, donaciones de ropa y acompañamiento espiritual para los más vulnerables. Adultos mayores, personas en situación de calle y estudiantes acuden, creyentes o no, para compartir el pan o refugiarse en la palabra de Dios y superar adicciones.

Martín Castillo, integrante del Ministerio Apostólico Internacional Nuevo Nacimiento, explica que esta iniciativa honra la misión de Jesucristo: alimentar sin distinciones.

Aunque la iglesia lleva 35 años en la zona, el comedor abrió en 2017 para paliar la crisis humanitaria. Hoy es un espacio de convivencia y participación ciudadana.

Una ayuda sin distinción

“Notamos la dificultad que tenía mucha gente en aquel momento para comer debido a la escasez, por eso comenzamos con este proyecto y ya tenemos ocho años haciendo la labor a semejanza de Jesucristo”, relata.

Castillo cuenta que desde entonces no se han detenido. Durante la pandemia y bajo protocolos de seguridad, el comedor llegó a recibir a 350 comensales. Ahora atienden a unas 150 personas, algunas forman parte de la comunidad y otras vienen desde muy lejos, como Carmen.

La faena comienza desde temprano y se extiende hasta después del mediodía. Más de 50 voluntarios se movilizan para limpiar las calles y poner las mesas a un lado de la vía. Otro grupo lleva las ollas, los platos y otros enseres. La elaboración de los alimentos es un esfuerzo compartido.

“Cada quien aporta algo, así sea un arroz, una harina o las hortalizas. Los integrantes de la iglesia  con conocimientos en gastronomía cocinan la comida y un equipo capacitado los reparte”,

añade Castillo.

German Ayala, de 85 años de edad, es pensionado y vecino de la comunidad. Su único ingreso mensual es el bono de amor mayor, equivalente a 3500 bolívares. A duras penas le alcanza para alimentarse porque la mayoría del dinero lo gasta en medicinas. Por eso desde hace un año y medio frecuenta el comedor cada martes.

“Si el Gobierno me brindara la ayuda que necesito como adulto mayor dándome alguna fuente de empleo no tendría necesidad de venir, pero reconozco que esta es una excelente iniciativa porque beneficia a la comunidad y la comida es excelente”.

expresa Ayala

Castillo detalla que las preparaciones son variadas. A veces sirven minestrone, pabellón, pasta con carne, lentejas o arroz chino. Además del comedor, quienes asisten también pueden cortarse el pelo de forma gratuita en las jornadas semanales o recibir las enseñanzas del evangelio.

La iglesia abre sus puertas los martes a las 6:00 p. m. y los domingos a las 9:00 a. m. y luego a las 11:30 a. m.

Devoción que sana

Jorge Pérez, electricista de profesión, asistió por primera vez a la iglesia apostólica con la única intención de aprovechar la jornada de barbería para cortarse el pelo. Sin embargo, le gustó tanto la atención que recibió que decidió volver y ahora forma parte de la congregación.

“Un amigo me lo recomendó y tengo seis meses viniendo. Ahora quisiera que lo hicieran con más frecuencia. Es una labor bonita y hecha con buena voluntad”.

Carlos Graterol, pastor del Ministerio Apostólico Internacional, agrega que además de ofrecer un plato de comida también reciben donativos de ropa y medicinas para entregarlas a los más necesitados. Quien desee puede acercarse a la iglesia y colaborar.

“Recibimos alimentos y analgésicos. Mucha gente no tiene ni para una pastilla y llegan a nosotros pidiendo ayuda. Hay una necesidad palpable en la comunidad”.

El Ministerio Apostólico Internacional es una organización religiosa enfocada en difundir la palabra de Dios mediante la enseñanza del evangelio por todo el mundo. En Venezuela tiene sedes en Aragua, Táchira y Apure; y  en Milwaukee, Estado Unidos, acumula un amplio grupo de seguidores. 

Carmen dice sentirse agradecida con la organización religiosa del ministerio apostólico. Allí, además de comer a gusto, también cultivó amistades y su devoción cristiana se cristalizó.

“Para amar a Cristo no se necesita religión. Aquí nos reunimos todos sin importar la edad,  el origen o la situación en la que estamos. Somos bien tratados y nos tratamos bien, hay cordialidad y estamos bajo la bendición de Dios”, señaló.

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