Para quienes viven en ciudades como Guatire, Valles del Tuy y La Guaira el transporte universitario impone una barrera para el acceso a la educación. Entre pasajes costosos, sistemas digitales que no funcionan y unidades fuera de servicio, el camino hacia el título profesional significa una prueba de resistencia física y económica.
Caracas. A las 5:30 a. m. Daniela, de 21 años, se prepara para emprender la travesía de casi dos horas para ir a clases. Mientras aún no aclara, llega hasta el terminal de su pueblo en Cagua, estado Aragua, para tomar el primer autobús que sale hacia Hoyo de la Puerta.
Solo en ese traslado gasta lo equivalente a $5, pero es la única alternativa que le permite estar a tiempo para tomar el transporte hasta la Universidad Simón Bolívar (USB), ubicada en Sartenejas, estado Miranda.
Para volver a su casa Daniela aborda otros tres autobuses: uno hasta Coche, otro hacia La Bandera, con un costo de Bs. 100, y finalmente otra unidad de retorno a Cagua por otros $5. Al final del día, el gasto total por cada viaje a la universidad asciende a $11.
Debido a la exigencia de presencialidad, la joven se ve obligada a gestionar recursos de forma constante para no faltar a clases.

Además de la carga económica, el desgaste físico afecta su rendimiento. Al final del día el cansancio acumulado le dificulta dedicarse a las materias o mantener la concentración.
El Observatorio de Universidades (OBU) revela que al menos 86 % de los estudiantes de universidades públicas no cuenta con un sistema de transporte institucional operativo y confiable.
🚌#Enobu2023: 86% de los estudiantes de las universidades públicas del país no cuentan con transporte universitario, por lo que 76% se traslada en transporte público y 39% lo hace caminando.
— Observatorio de Universidades (@OBUVenezuela) April 5, 2024
📌Más allá de las cifras, visibilizamos el caso de la Universidad Simón Bolívar (#USB)☝️ https://t.co/iSwpy5luCx
Las fallas en el transporte universitario obligan a esperas de entre 60 y 90 minutos en puntos críticos como Coche, Valles del Tuy y Hoyo de la Puerta. Ante la falta de unidades a los estudiantes no les queda más opción que migrar hacia las líneas privadas donde el costo del pasaje es más alto y el trato suele ser hostil.
Pago digital a media marcha
A mediados de 2021 el Ministerio para el Transporte reimpulsó el sistema V-Ticket como mecanismo digital para el subsidio del pasaje estudiantil. Esta herramienta, vinculada a la Plataforma Patria, permite a los alumnos de educación inicial, media y universitaria generar un código QR personalizado para pagar el pasaje de forma automatizada.

Al subir a la camioneta, el estudiante muestra el código para que el conductor lo escanee a través de una aplicación móvil. Esto facilita el descuento de la tarifa sin necesidad de efectivo.
Sin embargo, para 2022 la implementación del sistema ya enfrentaba barreras. Para aquel momento los transportistas explicaron a Crónica Uno que los retrasos en la liquidación de los pagos por parte del Estado y la intermitencia de datos en zonas periféricas dificultaban el escaneo del código. Hoy día este mecanismo quedó en desuso.
En la práctica los estudiantes y usuarios en general prefieren cancelar la tarifa del pasaje con pago móvil si no cuentan con efectivo.
En marzo pasado el Ministerio para el Transporte oficializó el ajuste de la tarifa del pasaje urbano a Bs. 100. Bajo este esquema, los estudiantes de educación básica y diversificada pagan 50 % del monto, es decir, Bs. 50.

En las rutas suburbanas de la Gran Caracas, el pasaje estudiantil varía según la distancia: el tramo hasta los 10 kilómetros tiene un costo de Bs. 50, mientras que los trayectos de mayor extensión alcanzan un tope de Bs. 72,50. Aunque muchos conductores exigen el carnet físico vigente, el beneficio se niega con frecuencia en horarios nocturnos o días feriados.
La crisis desde el volante y las aulas
Ascanio Blanco, un transportista con 25 años de experiencia que cubre la ruta Valles del Tuy- La Rinconada, señaló que el gremio no dispone de la capacidad financiera para subsidiar el costo de los traslados de los estudiantes. A su juicio la operatividad de las unidades depende exclusivamente de la tarifa completa, pues los gastos de mantenimiento y repuestos están anclados al precio del dólar.
“Hemos insistido en bonos directos a los estudiantes para ayudarles a pagar la tarifa urbana vigente, pero no se ha llegado a un acuerdo. Mientras no exista un sistema de compensación real, el respeto al pasaje preferencial será decisión de cada conductor”.

Para los estudiantes que viven en Guatire, el beneficio del pasaje estudiantil es inexistente en las rutas privadas. Los conductores se niegan a cobrar la tarifa preferencial.
Josué Pérez, un estudiante de 24 años de la USB, explicó que el costo para ir a la universidad es de $2 diarios y casi $5 semanales porque asiste a clases dos veces por semana. Su jornada comienza a las 5:20 a. m. para asegurar el traslado desde Guatire hacia Caracas. En las líneas que cubren este trayecto son muy pocos los conductores que respetan el beneficio de la tarifa estudiantil.
Josué contó que este primer tramo es el inicio de una travesía que incluye una parada en Plaza Venezuela, el uso del Metro hasta Coche y, finalmente, la espera del Metrobús que lo traslada a la universidad. Su presupuesto se divide entre los pasajes de las camionetas interurbanas y el saldo para el sistema Metro. A veces no le queda dinero ni siquiera para almorzar.

Sandra Falcón, dirigente estudiantil y secretaria de servicios de la USB, explicó que la falta de transporte en la USB constituye la mayor limitante para la asistencia porque la operatividad del servicio es crítica: aunque la universidad posee 22 unidades, entre las sedes de Sartenejas y el Litoral, la disponibilidad es mínima. Durante la última semana, solo funcionaron entre cuatro y cinco autobuses para cubrir todas las rutas
“La falta de gasoil y la escasez de repuestos reducen la capacidad de trabajo a 30 %”, detalló.
La precariedad del sistema obligó a la eliminación de rutas históricas como Bellas Artes, Parque Miranda y La Paz. La representante estudiantil detalló que el traslado de estudiantes se concentra en puntos como: La Hoyadita, Baruta, La Rinconada, Coche, Gato Negro y Eneca.

Ante la deficiencia del servicio y el mal estado de la flota la delegación estudiantil intenta construir una red de monitoreo en las paradas para que los alumnos reporten en tiempo real el estado de las colas y las fallas; también buscan alternativas externas sin éxito.
“Hemos presentado solicitudes a TransMiranda y Metrobús para reactivar rutas estratégicas hacia La Paz y Parque Miranda. La respuesta de TransMiranda fue un rechazo sin explicaciones, mientras que Metrobús mantiene silencio administrativo”.
Por su parte, Eliana Torres, estudiante de Comunicación Social de 22 años, viaja desde Propatria hasta la Universidad Central de Venezuela (UCV). Debido a los retrasos en el Metro, ahora opta por el transporte superficial hacia Altagracia y de allí a la universidad.
“El transporte universitario a veces se retrasa. En el nuevo terminal de Plaza Venezuela hay que esperar que las camionetas se llenen y me retraso hasta media hora. Termino gastando hasta $2 diarios en mototaxis porque sino no llego a mi clase de las 8:00 a. m.”.
La crisis del transporte universitario impone un obstáculo para la educación en Venezuela. Entre pasajes costosos, sistemas digitales que no funcionan y unidades fuera de servicio, el camino hacia el título profesional se vuelve una prueba de resistencia física y económica para los estudiantes.
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