Los cortes de luz sin cronograma oficial mantienen a la población en un estado de alerta permanente. Expertas consultadas por Crónica Uno advierten que la falta de previsibilidad genera cuadros de ansiedad que alteran la rutina familiar.

​Caracas. Los cortes de luz no programados en Los Jardines de El Valle interrumpieron la rutina y la tranquilidad en el hogar de Andrea. En su casa la luz se va en la mañana, en la tarde o en la noche.

A veces el corte es apenas un pestañeo de dos minutos que la obliga a correr para desconectar el televisor, la lavadora y la nevera. En otros momentos la oscuridad se queda por horas.​

”Es una incertidumbre total. Si tienes luz te la quitan de repente y es frustrante y agotador. Ya no aguanto la situación. Hace un mes se fue por seis horas y me puse a llorar porque no podía trabajar ni estudiar”.

Para Andrea el impacto es económico y emocional. En un contexto donde el presupuesto familiar no permite reponer electrodomésticos, el miedo a una pérdida material se convierte en una carga diaria para ella y su esposo.

corte eléctrico
Foto: Manuel Diaz

Agrega que al no tener un cronograma de los cortes eléctricos su trabajo y su distracción están afectados, no puede comunicarse con su mamá y su hijo se queda sin hacer nada.

Desde inicios de febrero en el interior de Venezuela se registran apagones que se extienden desde cuatro hasta 12 horas continuas sin contar con un cronograma oficial de racionamiento. El 22 de marzo la presidenta (E), Delcy Rodríguez, anunció un plan de ahorro energético. Esta medida se justificó como una respuesta a un fenómeno solar que provocaría un aumento de las temperaturas durante 45 días.

Sin embargo, el 7 de mayo pasado la Vicepresidencia Sectorial de Obras Públicas y Servicios anunció que Venezuela alcanzó un hito de demanda eléctrica de 15.570 megavatios, la cifra más alta registrada en los últimos nueve años. El Gobierno atribuyó este incremento tanto al crecimiento económico como a las intensas olas de calor.

El impacto en la salud mental

Expertas en salud mental, consultadas por Crónica Uno, afirman que el impacto de los cortes eléctricos va mucho más allá de la oscuridad. La interrupción de la cotidianidad genera un daño profundo en la psiquis del ciudadano.​

Delys Navas, psicóloga social, explica que la electricidad es el soporte de necesidades básicas como la higiene, la seguridad y la alimentación. El ser humano necesita cierta predictibilidad para sentirse seguro. Al perder el control sobre el entorno, surge la indefensión aprendida.

“La ausencia de un horario es, quizás, más dañina que el corte mismo por la incertidumbre, el cerebro gasta una cantidad enorme de energía intentando adivinar cuándo se irá la luz. Esta carga mental invisible produce un agotamiento ejecutivo. La persona termina exhausta simplemente por intentar planificar lo impredecible”.

racionamiento eléctrico
Foto: Dexcy Guédez.

Estado de hipervigilancia

En Caricuao, Alejandra, de 40 años de edad, relata que su tranquilidad desapareció en Semana Santa, cuando pasó dos días seguidos sin luz. Desde entonces el servicio falla hasta dos veces al día sin previo aviso. Con dos hijos, de 16 años de edad y 10, la logística del hogar es una lucha.

“La decadencia de los servicios me afecta demasiado. Solo pensar que la comida se puede dañar o que el aparato se queme es muy incómodo”.

Desde principios del mes de abril le ha tocado estar en un estado de hipervigilancia, no puede relajarse ni cuando hay electricidad en su casa.

La rutina familiar se rompe con cada apagón puesto que las tareas escolares se interrumpen, las comidas se retrasan y la comunicación falla, lo cual le ha generado ansiedad, una sensación de aislamiento y exclusión.

​La psicóloga, Victoria Tirro, coincide en que no existe tal cosa como “acostumbrarse” a los apagones. La intermitencia conlleva a un estado de vigilancia permanente que se traduce en hiperactividad sustentada por el cortisol, la hormona del estrés.

“Esto tiene una consecuencia en nuestro día a día, una sensación de agotamiento tanto físico como mental. Manejar escenarios de incertidumbre es una de las actividades más desgastantes que hay”.

Mecanismo de defensa activos

​Navas explica que la fatiga por estrés es real, este fenómeno se explica a través de la carga alostática, que es el desgaste biológico acumulado en el cuerpo debido al estrés crónico. Añade que el cuerpo consume glucosa y oxígeno no solo al moverse, sino al procesar emociones intensas como la rabia, el miedo o la frustración.

La psicóloga detalla que mantenerse emocionalmente “a flote” durante eventos estresantes consume tanta energía como una jornada de trabajo físico. Es un cansancio metabólico derivado del estrés psicológico crónico.​

Información psicóloga Deilys Navas

Ante una realidad que el ciudadano no puede cambiar, la especialista en psicología positiva, Tirro, advierte sobre los mecanismos que la psiquis activa para seguir funcionando.​

”Los mecanismos de defensa son procesos inconscientes que intentan resguardar el equilibrio para que la persona siga siendo funcional. No son buenos ni malos por sí mismos, el problema surge cuando entorpecen el criterio de realidad”.​

La experta detalla que el agotamiento actual se debe a la necesidad de crear, ajustar e improvisar planes de vida desde una “escasa certeza”.

Foto referencial: Armando Díaz.

Trauma del 2019

Para Andrea la intermitencia actual en el servicio eléctrico es más desgastante que lo vivido años atrás. En marzo de 2019, Venezuela experimentó dos apagones nacionales que se prolongaron entre tres y cinco días. En ese período, la población quedó totalmente a oscuras y sin servicios de telefonía e internet. El Gobierno atribuyó esos eventos a un sabotaje por parte del gobierno de Estados Unidos.

En 2025 HumVenezuela reportó que 38,6% de hogares tuvo fallas con el servicio eléctrico en 14 de los 24 estados del país. 17,4 % de estos hogares enfrentó cortes de luz todas las semanas por muchas horas o varios días.

La plataforma menciona que esta intermitencia en el servicio es una emergencia humanitaria compleja. El deterioro de los servicios básicos no es un evento aislado, sino una vulneración constante al derecho a una vida digna que impacta la psiquis del ciudadano.

Foto: referencial/archivo

Según Navas, perder la conexión y la batería en un apagón no es solo un tema de entretenimiento, es una desconexión del soporte social, el teléfono y las computadoras, son la vía para saber si los familiares están bien o para generar ingresos.

“La desconexión forzada genera sentimientos de desamparo y soledad, exacerbando la percepción de que el mundo exterior avanza mientras el ciudadano queda atrapado en la oscuridad y el silencio”, sentencia.

Para proteger el clima familiar, las expertas recomiendan validar las emociones —está bien sentir rabia— y buscar actividades que no dependan de la red, como juegos de mesa o conversar, para transformar la espera en un momento de conexión humana.

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