Los propietarios y encargados de abastos y farmacias comentan que hay agresividad en las colas y muchas veces los clientes la pagan con los vendedores

Mabel Sarmiento/Mayela Armas/ Andreína Malavé

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Caracas. Cuando un comercio recibe harina de maíz precocida, aceite, margarina, jabón para lavar o cualquier otro producto regulado, los propietarios y encargados de los locales pueden vérselas muy feas. Aunque esos artículos básicos se venden con restricciones, al momento en que se acaban puede haber caos por la molestia de la gente.

En los locales del Centro Comercial de Coche de martes a jueves llegan los productos regulados. Las colas se hacen desde las 5 de la mañana, pero es a partir de las 10 cuando comienza a salir la mercancía. En ese espacio de tiempo son muchas las calenteras que pasan los clientes. Sin embargo, detrás de las cajas la cosa no es fácil. Las cajeras dicen que la gente las agrede, les exigen que les den más productos de lo establecido y quieren pasar dos y tres veces por la misma caja.

“A mí el corazón se me acelera, se me sube la tensión. Es una situación difícil. Aunque esté la Guardia Nacional aquí, uno pasa sustos. La gente no entiende que no es culpa nuestra, aquí no podemos guardar mercancía porque la gente quiera. Todo se vende. Antes a las 6 de la tarde ya estábamos cerrando, pero ahora nos hemos ido a las 8 de la noche para sacar toda la mercancía. Nos da miedo que arremetan contra nosotras, y lo peor es que es la misma gente todos los días”, comentó una de las trabajadoras de un supermercado pequeño, quien quiso mantener su nombre en reserva.

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No muy lejos de ese local está una perfumería en dónde no hay paz cuando llega el jabón. “Las personas en la cola, gritan, se vuelven como loca, a mí me da nervios. Una vez estaba mi hija aquí, me estaba esperando, y cuando vio el bululú que entraba, salió corriendo del susto. Me pone esto muy nerviosa. A veces pensamos que es mejor no vender nada regulado. Aquí hubo un local al que le rompieron las vidrieras”, dijo la encargada del almacén.

Esta semana el Ministerio Público imputó a tres mujeres en Maracaibo (estado Zulia) por agredir a una cajera de un supermercado que les pedía la cédula de identidad para facturarles los productos.

Comprar alimentos, medicamentos y productos de aseo personal se ha vuelto un suplicio. Un estudio de Datanálisis indica que las personas para adquirir los productos esenciales tienen que estar entre dos y cinco horas en cola y tienen que visitar en promedio cuatro locales. Esa situación cansa.

Frank Burgos, gerente de una farmacia del centro de Caracas, cuenta que “ha habido agresividad en las colas y con los vendedores, pero por suerte hemos contado con el apoyo de la Guardia Nacional”. Comenta que “hemos tenido colapsos, porque viene gente que compra para luego revender y nosotros lo sabemos. A veces buscan medicinas delicadas que solo deben venderse con récipe médico”.

Fuentes del sector privado señalan que uno de los problemas que enfrentan muchos comercios es el bachaqueo y según Datánalisis, 65% de las personas que hacen las colas revenden los productos.

Juan Jardín es dueño de un abasto en el oeste de Caracas y para evitarse dificultades ha optado por no ofrecer los artículos que tienen precios controlados. “No  vendemos productos regulados porque la gente se pone muy agresiva”. Añade que “esta semana llegó harina de maíz precocida y eso era un gentío peleándose por los puestos. Eso no nos gusta, por eso preferimos no vender estos productos y poder ponerle el precio que queremos».

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Foto Cristian Hernández


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