En el estado Aragua los apagones superan las cuatro horas, por lo que los ciudadanos optan por comprar dispositivos electrónicos que permitan la conectividad durante el tiempo sin luz, como mini UPS o baterías portátiles.
Maracay. Los prolongados e imprevistos cortes eléctricos en el estado Aragua han obligado a los ciudadanos a comprar cargadores portátiles y mini UPS, una batería de respaldo diseñada para mantener prendidos los dispositivos de corriente. Estos dejaron de ser un lujo tecnológico para convertirse en un artículo de primera necesidad.
La demanda hace que los consumidores recorran el casco central de Maracay en busca de unos dispositivos, que ya escasean en algunos comercios.
Albani Martínez caminó por más de siete tiendas para comprar un mini UPS que le permitiera trabajar durante los apagones, pero se encontró con la misma respuesta en todos lados: “no hay mercancía”.
“Como todos los días me están quitando la luz se me hace difícil trabajar. Los comerciantes me dijeron que se agotan muy rápido los minis UPS y no saben cuándo tendrán nueva mercancía”, comenta la joven de 27 años de edad.

Desde finales del primer trimestre del año se incrementaron los largos apagones en el estado Aragua. Para entonces Delcy Rodríguez, presidenta encargada de Venezuela, decretó un plan de racionamiento y ahorro de energía eléctrica de 45 días. La medida fue justificada bajo el argumento de que los rayos del sol caen de manera directa sobre el país.
A pesar de este anuncio los vecinos de los municipios Santiago Mariño, Girardot y Francisco Linares Alcántara han expresado su rechazo a los cortes eléctricos, que en ocasiones superan las cinco horas.
El equipo de Crónica Uno recorrió las tiendas del centro comercial Estación Central, ubicado en la avenida Constitución, donde se conoció que estos dispositivos también están agotados. Este lugar se caracteriza por las variedad de tiendas de productos electrónicos.
Manuel Gutiérrez, vendedor de un local en dicho lugar, contó que tiene más de un mes que no le llegan los minis UPS, ya que los proveedores no cuentan con el producto por la demanda.
“No nos están llegando. Los que han venido por garantía no los traen ni los reparan, sino que mandan notas de crédito para que uno pueda dar el reembolso”.

A pesar de la escasez los clientes aún acuden a los locales para preguntar cuándo llegarán. Los precios de los minis UPS varían, los que duran ocho horas cuestan entre $40 y $60.
Mientras que los que tienen una duración de 12 horas todavía se consiguen en los comercios. Sin embargo, su valor es a partir de $100, lo cual los convierte en la última opción de los compradores.
La Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025 señala que 39 % de los hogares venezolanos sufre cortes diarios de electricidad y solo 10 % reporta un servicio ininterrumpido. Carabobo, Táchira, Mérida y Zulia, son algunos de los estados que pasan entre cuatro y ocho horas sin el suministro eléctrico actualmente.

Baterías portátiles: segunda opción
Ante la necesidad de contar con un dispositivo que garantice la conectividad, cuando ocurren los apagones en el estado Aragua, hay negocios que ofertan cables convertidores de nueve y 12 voltios para las baterías portátiles. Este producto se vende entre los $6 y $8.
“Los cables sirven para cualquier powerbank (cargador portátil), pero también depende del uso que tenga. Hay personas que le duran entre cinco y ocho horas”, precisa Luis Tejada, comerciante.
Para evitar estar incomunicada durante los cortes eléctricos, sobre todo en horas de la noche, Betzabeth Rodríguez compró los cables convertidores y fue una solución para su trabajo.
“Ya tenía un powerbank y lo que hice fue comprar los cables. Antes tenía que dejar de trabajar porque me quitaban la luz en la noche, pero ahora puedo trabajar desde el teléfono aunque lo ideal es que no haya racionamiento”.
Ansiedad y angustia
La psicóloga Brigcir Gacía explicó a Crónica Uno que los cortes eléctricos generaron un estado crónico de alerta constante en la ciudadanía, lo que eleva los niveles de cortisol en el cuerpo y deriva en otras afectaciones como el insomnio, la irritabilidad y la ansiedad anticipatoria.
“Incluso cuando no se ha ido la electricidad durante el día, hay una angustia constante esperando el evento. Está situación no solo ha deteriorado la salud mental, evidenciado en una fatiga constante, sino que deriva en más afectaciones de la convivencia familiar, la consolidación laboral y la rutina escolar”, indica.

Añade que adquirir estos dispositivos tecnológicos minimizan ciertos niveles de angustia, ya que permiten saciar las necesidades de los ciudadanos, aunque genere un impacto económico.
“En muchas ocasiones, las personas acceden a esto de acuerdo a crédito, préstamos y otros sistemas que desajustan el presupuesto. Entonces este efecto también suma otro proceso emocional que es la angustia. Es decir, no es una solución real a la problemática”, dice.

