Acceder a una transfusión de sangre en el hospital Padre Machado implica un recorrido administrativo que puede tardar semanas. Pacientes oncológicos enfrentan retrasos, trámites y escasez de insumos que agravan su estado de salud.
Caracas. En el Hospital Oncológico Padre Machado, una transfusión de sangre no depende solo de una indicación médica, sino de un recorrido administrativo que puede extenderse durante días o semanas, mientras los pacientes oncológicos ven cómo sus niveles de hemoglobina continúan cayendo y su estado de salud se agrava.
Entre traslados obligatorios, listas de espera y la escasez de personal, el acceso a un componente vital se convierte en una carrera desigual entre la urgencia clínica y la capacidad operativa del sistema.
El procedimiento médico que que permite reponer lo perdido o suplir lo deficitario resulta obligatoria en caso como anemias críticas o en tratamientos contra el cáncer que comprometan la capacidad regenerativa de la sangre.
Es el caso de la madre de Andrés*, quien ingresó al centro de salud ubicado en el sector El Cementerio al oeste de Caracas, con la necesidad de estabilizar sus niveles de hemoglobina, pero se encontró con un sistema burocrático que tardaba semanas en ofrecer respuesta.
Su situación no es excepcional, sino representativa de un patrón repetido entre pacientes oncológicos que dependen de transfusiones para sostener sus tratamientos.
Carga burocrática
El protocolo para recibir sangre no depende únicamente del hospital. Los familiares deben iniciar el recorrido en el Banco de Sangre del Hemocentro de Chacao, centro especializado en la recolección, análisis, almacenamiento y distribución de sangre y sus componentes, donde deben solicitar una cita y trasladar a los donantes.
El requisito exige consignar el doble de personas por cada unidad de sangre que el paciente necesita. Si el grupo sanguíneo es A o Rh negativo, la mitad de los voluntarios debe coincidir con ese mismo tipo, ya que la compatibilidad sanguínea, determinada por el sistema ABO y el factor Rh, es esencial para evitar reacciones inmunológicas peligrosas durante la transfusión.
Este esquema traslada parte del peso del proceso a los familiares, que deben funcionar como gestores del abastecimiento de sangre.
“Conseguir la cita en Chacao toma días o semanas. El personal suele mostrar poca empatía y, a veces, hay que presionar para que te entreguen los comprobantes de los donantes, porque si no los llevas al Padre Machado, no te procesan nada”, relató Andrés* a Crónica Uno.

Una lista de espera
Una vez entregados los soportes en el Hospital Oncológico Padre Machado, los familiares pasan a una lista de espera. El personal del centro indica que deben aguardar una llamada cuando exista disponibilidad. Este lapso puede extenderse entre siete y quince días, y en algunos casos alcanzar el mes.
Este tipo de listas de espera funciona como un mecanismo de priorización interna, donde los casos se atienden según disponibilidad de recursos humanos y materiales, no exclusivamente por urgencia clínica inmediata.
Durante ese periodo, la madre de Andrés mantuvo niveles de hemoglobina en 5 g/dL o inferiores, valor considerado críticamente bajo en adultos y asociado a fatiga extrema, debilidad y riesgo de complicaciones cardiovasculares, lo que provocó una descompensación física constante.
Al consultar a los médicos tratantes sobre el retraso, la respuesta se repetía: el banco de sangre es una instancia autónoma y los médicos no pueden intervenir para agilizar el proceso.
“La demora responde a que el hospital cuenta con un solo hemoterapeuta para preparar las unidades, quien asiste únicamente uno o dos días por semana. Mientras los perjudicados son los pacientes”,
lamentó.
Una jornada entera por una unidad
Cuando finalmente llega la fecha de la transfusión, el proceso se convierte en otra dificultad. Pacientes y acompañantes llegan de madrugada y permanecen durante horas en salas de espera, espacios hospitalarios destinados a la observación previa a procedimientos médicos, pero que en contextos de alta demanda suelen saturarse y extender los tiempos de permanencia.
Andrés recordó que en múltiples ocasiones salían del hospital ya entrada la noche tras recibir una sola unidad de sangre.
Para personas de la tercera edad con diagnósticos de cáncer, el desgaste de pasar todo el día sentados es constante, lo que agrava su condición clínica debido a la fatiga acumulada y la vulnerabilidad física propia de estos pacientes.

Andrés detalló que en el mercado privado una unidad de sangre puede costar entre 180$ y 300$, un monto inaccesible para la mayoría de las familias que dependen del sistema público, especialmente por la frecuencia con la que los pacientes oncológicos requieren componentes sanguíneos.
El costo incluye no solo la unidad de sangre, sino también procesos de tipificación, pruebas de seguridad y manejo especializado.
Añadió que, en el caso de su familia, al no contar con recursos para comprar la sangre, tuvieron que recurrir a cadenas de WhatsApp entre amigos y conocidos para conseguir voluntarios, una práctica informal de convocatoria social que se ha vuelto común ante la escasez de donantes disponibles en los bancos de sangre.
Una crisis progresiva
El banco de sangre del Hospital Oncológico Padre Machado refleja una realidad que se repite en el país. Según un informe de la Sociedad Venezolana de Hematología de 2023, los donantes voluntarios se redujeron un 82 % entre 2018 (8181) y 2021 (1481).
Apenas 3 % de ellos optó por la donación altruista, con lo cual el sistema quedó reducido a casi exclusivamente a donantes de reposición o familiares. Esto es una modalidad que solo activa la obtención de sangre cuando hay un paciente concreto que la necesita, sin que medie donación voluntaria o preventiva.
Para 2024, solo 1 de cada 100 personas donaba sangre de forma voluntaria en Venezuela, según cifras del Banco de Sangre del Grupo Médico Santa Paula, institución privada de referencia en servicios de laboratorio y hemoterapia.
Este porcentaje refleja un retroceso frente a años anteriores; en 2023, por ejemplo, ya se había registrado una caída del 5% al 1%.
A la escasez de voluntarios se suma la falta de insumos básicos para procesar la sangre recolectada, materiales médicos indispensables como reactivos, bolsas de extracción y agujas estériles, necesarios para garantizar la seguridad del proceso transfusional.

Acceso limitado
En junio de 2024, la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) reportó que 27 % de los bancos de sangre en centros públicos no disponían de reactivos para realizar serologías y determinar la seguridad de las unidades.
Este déficit impide las pruebas de tipificación y tamizaje obligatorias, en contravención de lo establecido en la Ley de Transfusión y Bancos de Sangre, normativa que regula la calidad, seguridad y trazabilidad de la sangre en el sistema sanitario venezolano.
La Federación de Colegios de Bioanalistas de Venezuela (Fecobiove) coincide con este diagnóstico.
En un comunicado difundido con motivo del Día Mundial del Donante de Sangre, la organización alertó sobre la disminución crítica de la capacidad operativa de los bancos de sangre y de los servicios de bioanálisis en todo el país, áreas técnicas encargadas de analizar muestras biológicas para garantizar diagnósticos seguros y transfusiones confiables.
De acuerdo con Fecobiove, el deterioro de las condiciones operativas, la insuficiencia de reactivos, las fallas en el suministro de materiales básicos, como bolsas y agujas, y la migración de personal calificado comprometen directamente la seguridad transfusional y limitan el acceso oportuno de los pacientes.


Pocos cupos
Mariangel*, paciente del Hospital Oncológico Padre Machado desde hace dos años, necesitaba iniciar sus ciclos de quimioterapia con niveles de plaquetas en 12, valor utilizado como referencia médica para evaluar la capacidad de coagulación y seguridad antes de procedimientos oncológicos invasivos.
Para ello, el centro de salud le exigió conseguir cinco donantes de sangre. Sin embargo, pese a múltiples intentos en el Hemocentro de Chacao, nunca logró concretar el trámite.
Ante la urgencia, buscó alternativas por su cuenta. Como también era paciente del Hospital Domingo Luciani, en El Llanito, decidió intentar en ese centro. Para asegurar una transfusión, Mariangel debía llegar a las 4:00 de la mañana y así optar por uno de los apenas 20 cupos diarios, limitación operativa que evidencia la capacidad restringida de atención por jornada en servicios de alta demanda.
“Uno como paciente oncológico pasa muchas penurias y carencias. Los tratamientos importantes se retrasan por falta de insumos o servicios”,
denunció.

Andrés contó que también acudieron con su madre al Hospital Dr. Domingo Luciani, en El Llanito, donde los donantes deben hacer cola antes de las 5:00 a. m., horario que responde a la alta demanda de atención y a la necesidad de distribuir los cupos de forma limitada entre los solicitantes.
Los testimonios y datos describen un sistema de transfusión fragmentado, con dependencia de donantes de reposición, limitaciones operativas y barreras administrativas que impactan directamente en pacientes oncológicos.
Los casos presentados ponen de relieve una tensión que no obedece a casos concretos, sino a una disfunción estructural del sistema de salud. En el fondo, se trata de una brecha que separa lo que necesitan los pacientes de lo que se tiene realmente en el sistema de salud público.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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