Tras años de formación académica, muchos profesores universitarios hoy, en Ciudad Guayana, dependen de trabajos informales y emprendimientos para subsistir.
Ciudad Guayana. Dar clases en una universidad no garantiza vivir de la profesión. En Ciudad Guayana, estado Bolívar, muchos docentes universitarios alternan su trabajo en las aulas por los emprendimientos improvisados o el trabajo informal para subsistir en medio de la crisis económica.
Vicente* se dedica desde hace 20 años a la docencia universitaria. Desde hace seis años, su vida varía entre preparar y dar unas clases, o dedicarse un día entero como chofer a través de las aplicaciones de Yummy o Ridery.
“Empecé en pandemia cuando estábamos con clases virtuales y lo seguí haciendo. Más me da hacer carreritas porque consigo clientes que me llaman directo a mí y tengo mi ingreso extra para mantener el carro o echar gasolina, y comprar comida. Con el salario de profesor ya hubiese tenido que vender hasta mi casa para comer”,
relató.
Anteriormente, Vicente y su esposa se dedicaban a ir cada domingo al “perolero”, una venta informal de artículos usados, que se realizaba cada domingo en un estacionamiento de la ciudad. Allí juntaban artículos del hogar que ya no usaban para venderlos.
En ese mismo “perolero” en Puerto Ordaz, se llegó a ver a extrabajadores de empresas básicas vendiendo sus uniformes.

En el caso de Julia*, docente universitaria de Puerto Ordaz, creó una cuenta en Instagram para vender frutos secos, miel y otros productos naturales. A la par, se registra en ferias o bazares de emprendimientos para venderlos.
“En un día gano más como vendedora informal que como profesora universitaria”,
comentó.
Educación vulnerada
El presidente de la Asociación de Profesores de la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Apuneg), Raúl Brito, aseguró que el sector educativo atraviesa una situación crítica marcada por salarios precarios, presupuestos insuficientes y abandono institucional.
“Hoy los universitarios estamos diciendo que la educación, como pilar fundamental, ha sido vulnerada, ha sido aniquilada, la educación básica y la educación universitaria. Un presupuesto que no alcanza para un mes. Unos salarios que no alcanzan para sobrevivir”.

Brito sostuvo que el deterioro de la educación universitaria no puede verse separado de la crisis general que atraviesa el país. Aseguró que las universidades tienen la responsabilidad de denunciar lo que ocurre.
“La universidad no se puede callar. La universidad, la casa que vence las sombras, tiene que salir a expresarse”, manifestó.
Las historias se repiten. Profesores con años de formación académica aseguran que hoy enfrentan condiciones que vulneran su calidad de vida y ponen en riesgo la permanencia del talento humano dentro de las universidades.
Para muchos docentes universitarios, la crisis no solo vació sus bolsillos. También golpeó proyectos de vida, provocó migración de profesionales y debilitó uno de los sectores históricamente considerados pilares del desarrollo del país.
*Se reservó la identidad completa a solicitud de la persona que declaró.
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