El más reciente informe Encuesta Nacional de Condiciones de Vida muestra un escenario de contrastes en Venezuela, con recuperación de ingresos monetarios y persistencia de pobreza. El 68,5 % de los hogares sigue en pobreza y 31,7 % en pobreza extrema.

Caracas. Aunque la pobreza de ingresos en Venezuela mantiene una tendencia a la baja, la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi 2025) advierte que más de dos tercios de los hogares siguen en situación de pobreza y que 1 de cada 3 familias aún no logra cubrir sus necesidades alimentarias básicas.

La medición, elaborada por la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), también refleja que, pese a la mejora de los ingresos y el aumento del empleo formal, las carencias en servicios públicos, vivienda y educación continúan marcando las condiciones de vida de millones de venezolanos.

Al comparar estas cifras con las de 2024, se observa que esta variable mantiene una tendencia descendente y se aproxima a los niveles registrados en 2014, cuando la pobreza se ubicaba en 48,4 % y la extrema en 23,6 %.

Durante los años más severos de la crisis económica venezolana, marcados por hiperinflación, caída de la producción petrolera y pérdida del poder adquisitivo, la Encovi llegó a registrar niveles de pobreza superiores al 90 % y pobreza extrema por encima del 70 %, especialmente entre 2020 y 2021, en medio de la pandemia por COVID-19.

Mejora limitada

Anitza Freitez, directora del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la UCAB, centro de investigación encargado del levantamiento y análisis de la Encovi, explicó que la reducción de la pobreza responde a una mejora en las remuneraciones del sector privado nacional y al aumento del empleo formal en detrimento del autoempleo.

“Hay un repunte del trabajo asalariado en el sector privado y una variación en alza, menor, pero que la hubo en el sector público. Con respecto a las remuneraciones hemos visto una mejoría de los empleados asalariados privados y representan un 19% por encima del promedio global de remuneraciones de toda la población ocupada”, precisó.

Pese a la tendencia positiva, la especialista subrayó que en 1 de cada 3 hogares los ingresos aún no alcanzan para cubrir las necesidades alimentarias básicas.

La Encovi también ha advertido en mediciones previas sobre la persistencia de inseguridad alimentaria moderada y severa, una condición que implica reducción en la calidad o cantidad de alimentos consumidos por las familias debido a limitaciones económicas.

Foto: JCS

Pobreza multidimensional

El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) es un método de medición que contempla 13 indicadores agrupados en cinco dimensiones vinculadas con vivienda, servicios, ingresos, educación, empleo y producción. A diferencia de la pobreza monetaria, que solo evalúa cuánto dinero recibe un hogar, este indicador incorpora carencias estructurales relacionadas con las condiciones reales de vida de la población.

Según la ENCOVI 2025, este indicador mantuvo su progresiva tendencia a la baja (55%), al ubicarse en el nivel alcanzado en 2022, tras la pandemia, y a 16 puntos porcentuales de la medición de 2014.

Entre 2019 y 2025, el peso de los ingresos y el empleo dentro del IPM perdió terreno, aunque se mantienen entre los factores determinantes. En contraste, las carencias asociadas a los servicios públicos, la vivienda y la educación ganaron relevancia y aumentaron su incidencia en la composición de la pobreza total del país.

El deterioro de servicios básicos como electricidad, agua potable y recolección de desechos continúa siendo una de las principales preocupaciones reflejadas por los hogares encuestados.

“Es pertinente destacar que, aunque el índice global muestra una tendencia a la baja, tres de las cinco dimensiones evaluadas registraron un incremento. Esto revela un deterioro en áreas específicas de la pobreza multidimensional que queda enmascarado por la sumatoria total”,

expuso.

Freitez insistió en que se requieren intervenciones estatales orientadas y coordinadas en materia de servicios públicos, vivienda y educación para generar un efecto positivo en la reducción de la pobreza.

La especialista advirtió que mejoras en los ingresos no necesariamente se traducen en mejores condiciones de vida cuando persisten fallas estructurales en áreas esenciales.

envío de remesas a venezolanos
Foto: Ronny Oliveros

Las remesas han disminuido

Sobre el ingreso total de los hogares, Crónica Uno consultó a la investigadora acerca del peso actual de las remesas enviadas desde el exterior, las cuales no fueron reflejadas en los resultados más recientes de la Encovi 2025.

“Las remesas cayeron en 2025 debido a la migración de familias completas y a la reducción de los grupos familiares receptores. Hoy es común que solo los adultos mayores permanezcan en el hogar, lo que reduce tanto la necesidad como el monto de los recursos enviados desde el exterior”, afirmó.

También destacó el aumento de hogares unipersonales en el país, especialmente entre adultos mayores que deciden no migrar y dependen del dinero que sus familiares les envían para su manutención.

Este fenómeno ha crecido en paralelo al envejecimiento poblacional y a la separación de núcleos familiares por la migración.

“En el año 2021 había una relativa importancia de la remesas en efectivo o monetarias y también las remesas en especies, es decir, alimentos o productos de higiene personal que los familiares enviaban al país por problemas de abastecimiento. Hoy en día estos envíos prácticamente no son significativos y las remesas monetarias también han disminuido y los que las reciben las valoran mucho”, precisó.

La migración venezolana, considerada una de las mayores crisis de desplazamiento de América Latina en años recientes, convirtió las remesas en uno de los principales mecanismos de supervivencia para numerosos hogares del país.

Foto: Tairy Gamboa

Ingresos en dólares y bonos

El ingreso promedio en dólares registró un salto significativo en 2025. De acuerdo con la Encovi, aumentó más de 50 % para gran parte de la población. El crecimiento fue incluso mayor en los deciles más bajos, los sectores con menor ingreso per cápita, con alzas de entre 70 % y 80 %, un factor clave en la reducción de la desigualdad durante los últimos dos años.

En cuanto a las bonificaciones otorgadas por el gobierno nacional, el estudio revela que el valor promedio disminuyó. “En 2025 el valor promedio fue de $ 24,3 mientras que 2024 fue de $ 25; en 2023 $ 11; en 2022, fue de $ 5,5 y en 2021 de $ 2.5”, detalló la investigación.

La periodicidad de los bonos se mantiene: 81,4% los recibe mensual o quincenalmente. Esto es congruente con la “salarización” de los bonos entre los empleados públicos. En Venezuela, los bonos son asignaciones entregadas por el Estado fuera del salario formal y no generan beneficios laborales como prestaciones sociales o cálculo de pensiones.

76,7 % de los hogares recibió al menos un bono temporal en los últimos 12 meses, mientras que en 2023 la cifra alcanzaba 79,5 %, lo que refleja una reducción en el número de beneficiarios. La distribución por género de los beneficiarios se mantuvo en 60 % mujeres y 39,9 % hombres.

A pesar de la leve mejora en los ingresos y la reducción progresiva de algunos indicadores de pobreza, la Encovi 2025 deja en evidencia un escenario aún frágil, en el que las condiciones de vida de la mayoría de los hogares venezolanos siguen condicionadas por brechas estructurales que no se han revertido.

La persistencia de la pobreza alimentaria, el deterioro de los servicios básicos y la disminución de las remesas dibujan un país donde la recuperación económica, aunque visible en ciertos indicadores, convive con una vulnerabilidad extendida en lo cotidiano.

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