En la ULA Táchira, los jóvenes no cuentan con un espacio para almorzar. Foto: Omaira Labrador

El acceso digital sin supervisión adulta y vacíos educativos impulsan la iniciación sexual precoz en jóvenes. Médicos advierten que este fenómeno, sumado a falsas creencias y al desabastecimiento sanitario público, causa un repunte de sífilis y virus de papiloma.

Caracas. El inicio prematuro de la vida sexual preocupa a especialistas en salud y educación sexual en Venezuela, cuyas consultas reciben cada vez más jóvenes. Voceras de la Unidad de Infecciones de Transmisión Sexual del Hospital Universitario de Caracas (HUC) y de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa advierten que la desinformación en internet y la exposición a contenidos eróticos en plataformas digitales agravan los riesgos.

La falta de herramientas para la prevención en las escuelas deja a los adolescentes más vulnerables a infecciones de transmisión sexual como el VPH y la sífilis. A finales de agosto, la difusión de un video viral en el que un especialista diagnostica tres infecciones de transmisión sexual a una pareja joven desató diversos comentarios en plataformas digitales.

En la grabación, ambos pacientes, bajo reserva de identidad, argumentan que desconocían los síntomas y el alcance de estas patologías, mientras parecen ignorar la gravedad de su diagnóstico, pese a mantener una vida sexual activa.

La asistencia a los consultorios médicos revela que el inicio de la vida sexual ocurre a edades cada vez más tempranas, un factor que eleva el riesgo de contagio de infecciones. De acuerdo con el grupo de estudios Biomédica de la Universidad Central de Venezuela (UCV), la edad media de iniciación sexual en el país se ubica entre los 11 y los 14 años.

Registros difundidos en mayo pasado por la Asociación Civil Niña Madre confirman esta tendencia entre los adolescentes venezolanos. La organización identifica el virus del papiloma humano (VPH) entre los diagnósticos más frecuentes en esta población. Se trata de una infección común que se transmite por contacto cutáneo durante la actividad sexual y que puede causar verrugas o lesiones tumorales.

La sexualidad como mercancía

Las cifras coinciden con los registros de la Red Venezolana de Gente Positiva, organización que en 2025 alertó sobre un alza en las infecciones por sífilis. Para ese período, la capital reportaba entre 80 y 90 casos nuevos cada mes, mientras que el promedio en el resto del territorio se estimaba en 30 diagnósticos mensuales.

La falta de boletines epidemiológicos periódicos dificulta la comparación con períodos anteriores. Esta ausencia también impide conocer con precisión la evolución de los casos a través de registros oficiales.

Mary Carmen Ferreiro, jefa de la Unidad de Infecciones de Transmisión Sexual del HUC, explicó que el acceso libre de los niños, niñas y adolescentes a las redes sociales y a la pornografía los expone a contenidos que sus mentes aún no logran procesar de forma adecuada.

“A diferencia de épocas anteriores, en las que el sexo servía para promocionar productos como alcohol o cigarrillos, la industria actual convierte a la propia sexualidad en la mercancía principal y sitúa a los jóvenes como su objetivo central”. 

Este escenario, sumado a carencias socioeconómicas, promueve conductas de riesgo como la participación en el comercio sexual y en relaciones con diferencias de edad basadas en acuerdos económicos e informales, donde una persona ofrece dinero y regalos a cambio de compañía e intimidad con otra.

Ferreiro puntualizó que, aunque existe abundante información sobre sexualidad en el entorno digital, no toda contribuye a una vivencia saludable. Explicó que las publicaciones en estas plataformas suelen promover la inmediatez y el comercio sexual, en lugar de ofrecer orientaciones adecuadas.

Esta dinámica se refleja en el flujo constante de las redes sociales mediante creadores de contenido que ofrecen consejos basados solo en su experiencia. También en retos virales y material pornográfico violento. Estas publicaciones distorsionan la visión de la sexualidad a partir de una puesta en escena irreal.

Desinformación en la escuela

Mercedes Muñoz, presidenta de la junta directiva de la Asociación Venezolana para una Educación Sexual Alternativa (Avesa), coincidió con Ferreiro y desmintió la idea de que la juventud posee una sobreinformación. A juicio de la especialista, los adolescentes acceden a datos fragmentados, mitos e ideas sin sustentación científica.

Dentro de las aulas el sistema educativo limita sus contenidos a la mención general de las ITS, sin profundizar en el autoconocimiento del cuerpo, la orientación sexual ni la construcción de un proyecto de vida.

Esta deficiencia se agrava porque muchos docentes carecen de la formación necesaria para abordar la sexualidad desde la concientización y la prevención de riesgos.

Para revertir esta situación y frenar los contagios de ITS, ambas especialistas recalcan que la educación sexual debe consolidarse como un pilar continuo y transversal. Es decir, integrado de forma permanente en todas las asignaturas y materias del plan escolar, en todos los niveles educativos, desde el preescolar hasta la universidad.

“Aunque el Ministerio de Educación cuenta con lineamientos curriculares vigentes, la falta de preparación docente y el desconocimiento generalizado entorpecen su aplicación en las aulas”, destacó la especialista.

Vacunación fuera de alcance

Las falencias en el abordaje de la salud sexual integral también se trasladan hacia el sistema de salud público. Aunque en enero de 2026, el gobierno anunció la incorporación de la vacuna contra el VPH al Plan Ampliado de Inmunizaciones (PAI) con un lote inicial de 400.000 dosis, la disponibilidad de la vacuna en hospitales y ambulatorios es intermitente y limitada. 

En el sector privado la vacuna se consigue en clínicas, centros de vacunación especializados, farmacias y laboratorios autorizados. El costo por dosis varía entre 60 y 190 dólares, según la versión disponible. Sin embargo, como el esquema de inmunización completo  requiere entre dos y tres dosis, el costo total se eleva entre los 120 y 570 dólares.

Esta cifra representa un obstáculo insalvable para las familias de bajos recursos. El salario mínimo oficial fijado por el Estado equivale a menos de 50 centavos de dólar, una realidad que impide acceder a la protección médica por la vía privada.

“Las autoridades sanitarias deben masificar la vacunación contra el VPH y la Hepatitis B a edades tempranas, promover jornadas anuales de despistaje (citologías y serologías de VIH, sífilis y hepatitis) y recordar que entre el 60 % y el 70 % de las personas infectadas no presentan síntomas visibles”

enfatizó.

Para frenar este problema sanitario, tanto Muñoz como Ferreiro concordaron en la necesidad urgente de crear centros de salud sexual y reproductiva enfocados de manera exclusiva en la atención de jóvenes, así como de incorporar un enfoque de género, una perspectiva social que analiza cómo las presiones y roles culturales influyen de forma distinta en hombres y mujeres, que trascienda la mera explicación biológica del cuerpo.

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