El arte y la cultura en Aragua tienen enemigos a montones

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Francisco Narváez, Alejandro Colina, Alejandro Otero, Marisol Escobar, JJ Moros, Asdrúbal Figuera y Pedro Centeno Vallenilla son algunos de los artistas plásticos venezolanos, que contribuyeron con parte de sus obras al patrimonio artístico de Aragua y que hoy, han sufrido los embates de la desmemoria colectiva, el olvido y oficial y el vandalismo. La desidia gubernamental ha puesto en riesgo el destino de casi 3.000  obras de arte que formaban parte de la colección del Museo de Arte contemporáneo Mario Abreu.

Maracay. Fue en la década de los 90, cuando la capital de Aragua, Maracay, se convirtió en una obligada referencia del movimiento artístico y cultural en el país. Ya no era necesario viajar a Caracas, para disfrutar de grandes obras de teatro, musicales, conciertos o de obras artísticas creadas por reconocidos artistas plásticos de la región y del resto de Venezuela.

Previo a esa época, ya se fraguaba un movimiento cultural y artístico que con los años le fue legando a la ciudad y a la región, un patrimonio artístico de incalculable valor, pero que en la actualidad, ha desaparecido, ha sido vandalizado o sencillamente ha sido olvidado.

Nombres como los de Francisco Narváez, Alejandro Colina, Alejandro Otero, Marisol Escobar, JJ Moros, Asdrúbal Figuera y Pedro Centeno Vallenilla, son algunos de los artistas plásticos venezolanos, que contribuyeron con parte de sus obras al patrimonio artístico de Aragua y que lamentablemente, han sufrido los embates de la desmemoria colectiva, el olvido y oficial y el vandalismo.

Una de estas obras, es Vertical vibrante, una escultura cinética en aluminio y acero, elaborada en 1968 por el artista Alejandro Otero e incorporada en el Registro General del Patrimonio Cultural de Venezuela y ubicada en principio en la isla de la avenida Bolívar este, frente al Club de Suboficiales. Luego fue trasladada hasta el peaje de Tapatapa, hasta que en el 2004, le robaron las aspas de aluminio anodizado que le aportaban movimiento. 15 años después, permanece igual.

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Esta escultura de Alejandro Otero ha sido desmantelada. Foto: Gregoria Díaz.

De un mural de Pedro Centeno Vallenilla, conocido como el pintor de los Caciques de Venezuela, dibujado en uno de los salones del Hotel Maracay, hoy parte de la cadena Marriot, queda muy poco.

Fue intervenido tantas veces, que perdió su originalidad”, cuenta Ydelisa Rincón, ex directora del Museo de Arte Contemporáneo de Maracay “Mario Abreu”.

Maternidad, una escultura de Francisco Narváez, donada por el artista en 1960, evidencia los embates del sol y del descuido. Está rodeada de una corroída y abandonada estructura que ha servido de sede a la casa de la cultura de Maracay.

Allí permanece, ignorada por muchos, al igual que Tres figuras, una escultura de la artista Marisol Escobar, considerada una de las pioneras del Pop Art. La obra muestra el óxido que deja el abandono.

En febrero pasado, el gobernador de Aragua, Rodolfo Marco Torres, prometió la recuperación y restauración de esta escultura, así como la de Tótem, una creación del artista plástico consagrado internacionalmente, Pedro Barreto, y levantada justo a unos escasos metros de la escultura de Narváez, en el patio de la Casa de la Cultura de Maracay.

El patrimonio cultural y artístico de una ciudad, es una especie de testigo de la existencia de sus antepasados, es la herencia concedida, es el legado para las nuevas generaciones, el que comprende las creaciones y obras de sus escritores, músicos, artistas y de cultores populares, que dan fe de la inmensa creatividad de la gente.

Es lastimoso, que un estado y una ciudad que en las décadas de los 70 y 80 fue la más importante en las artes en Venezuela y luego en los 90, pletórica ante el auge y consenso que tuvieron todas las disciplinas de las artes, hoy esté devastada en su cultura, en su patrimonio artístico y arquitectónico”, lamentó quien fue por varios años la directora del Macma.

Un país sin ese patrimonio, difícilmente le concederá al ciudadano la posibilidad de vivirlo y sentirlo propio y en consecuencia, transmitirlo y protegerlo. Es un país sin memoria y sin identidad. Tal vez por eso en Aragua, son pocas las voces que reclaman el rescate de sus obras, esas que importantes artistas plásticos locales y nacionales, muchos con trayectoria internacional, le regalaron a la región.

Una de ellas, es la José Jesús Moros Manzo, conocido artísticamente como JJ Moros, escultor abstracto autodidacta y muralista venezolano radicado en Maracay, en donde ha labrado gran parte de su trayectoria artística y cuyas obras han recibido la inclemente agresión de “artistas callejeros” y hasta del propio gobierno municipal.

Son de él, La Hoja, La Iguana y Las Orquídeas, un colorido mural realizado en la avenida Las Delicias, dedicado a Henri Pittier, epónimo del primer parque nacional. El conjunto de la obra, comprendía 6 murales, pero solo pudo realizar 3, actualmente sometidos al sucio y al descuido.

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«Artistas callejeros» han vandalizado a esta obra hecha en homenaje a Henri Pittier. Foto: Gregoria Díaz.

“El mural ha sido rayado por amigos y enemigos grafiteros, de los cuales hay muchos serios y otros irresponsables en comportamiento urbano. A ello le sumas, capas de grafitis, papelería, publicidad encolada y la obstrucción visual que padece por los árboles que no son podados adecuadamente, e impiden  su visualización y además la colocación de una parada de autobús”, explica el escultor, quien llevó a cabo esta obra durante la gestión del entonces alcalde de Maracay, Humberto Prieto.

Para JJ Moros, este vandalismo urbano, es un problema de las todas ciudades contemporáneas pero con distintas respuestas de las autoridades. Lamenta, que la autoridad competente en la ciudad, no haga nada para detener la agresión y el irrespeto, no solo hacia él como artista, sino hacia el patrimonio cultural de Maracay.

Nosotros estamos al tanto de la situación, pero el presupuesto no nos permite abarcar múltiples actividades y necesidades del municipio. Y el vandalismo lo hemos venido atacando y ha disminuido poco a poco porque erradicar estas prácticas no es fácil ni a corto tiempo”, admitió el alcalde de Maracay, Pedro Bastidas cuando fue consultado sobre la destrucción de obras que forman parte del patrimonio cultural del municipio.

El artista JJ Moros, es el autor de otros murales elaborados en el Parque Felipe Guevara Rojas destruidos en su totalidad cuando se llevó a cabo la remodelación de este espacio de recreación. Lamentable suerte, también ha corrido el mural que JJ Moros diseñó en la pared perimetral de la Escuela Guevara Rojas, en plena avenida Bolívar de Maracay, del que poco queda, entre tanto garabato, rayas y pinturas.

Otro de los artistas, cuyas obras han sido vandalizadas y destruídas, es Asdrúbal Figuera, autor de una de sus esculturas más conocidas de Maracay. Es la de un gordo que está colgando desde un edificio de la urbanización San Isidro hasta el edificio de la Alcaldía de Girardot, sostenido por una guaya de alto calibre, el cual constituye uno de los iconos más famosos del estado Aragua, que afortunadamente por su ubicación, se ha salvado.

Otro gordo escalando la pared del Museo de Arte Contemporáneo Mario Abreu, que fue conocida como El Ladrón del Museo y que irónicamente fue robada, así como la estatua ecuestre de Ezequiel Zamora, ubicada en la avenida Casanova Godoy de Maracay, elaborada en bronce en el año 2003, también son de su autoría.

Son de Figuera, Después del salón de clases, una escultura montada en un columpio, ubicada en la avenida Casanova Godoy y cuyo destino se desconoce, así como el Monumento del Cacao, un grano de cacao gigante construido al inicio de la avenida Universidad de El Limón, que fue destruido en su totalidad, durante las protestas de 2017.

De estas y otras obras nadie se responsabiliza, salvo sus autores, quienes lamentan la destrucción a la que han sido sometidas, por el vandalismo, por la ignorancia o por el descuido oficial. Prueba de ello, son las esculturas de Ibelise Lagos, Marcos Briceño, Rafael Simons, entre otros artistas aragüeños, que formaban parte del Museo Vial de Maracay, que se inició en las avenidas Casanova Godoy y Las Delicias.

En riesgo más de 3 mil obras de arte

Antes de que Ydelisa Rincón abandonara la dirección del Macma, ubicado entonces en el complejo cultural Santos Michelena, Maracay fue escenario de exposiciones de alta factura, entre ellas, el Salón Nacional de Arte Aragua. En el complejo, funcionaba el museo de arte, la sede de la Orquesta Sinfónica de Aragua, la biblioteca Agustín Codazzi y la reconocida Escuela de Artes Plásticas Rafael Monasterios.

Los espacios no eran los más idóneos para exhibiciones artísticas, pero aun así, la actividad cultural que allí se desarrolló, dejó un invaluable legado al arte y a la cultura regional.

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Antigua sede del Macma. Foto: Gregoria Díaz.

Uno de ellos, son las casi 3.000 obras de arte que formaban parte de la colección del Macma, que con orgullo asegura Ydelisa Rincón,  dejó al movimiento artístico y plástico de la región y del país.

Esa colección que data de 1950- sostiene- está en grave riesgo.

Antes de su salida del Macma, Rincón dejó el proyecto para la nueva sede del museo, elaborado por el arquitecto Nicolás Sidorkovs, que funcionaría en los antiguos espacios de la empresa Ganadera Industrial Venezolana, conocida como La Ganadera y que consta de 13.000 metros cuadrados.

El propósito, cuenta Rincón, era convertir al Macma en uno de los mejores museos de Latinoamérica.

La mudanza a los nuevos espacios se llevó a cabo, pese a que la estructura no fue totalmente acondicionada para almacenar y preservar, más de 3.000 obras de arte adquiridas en décadas, y cuyos autores van desde Manuel Mérida, Alirio Palacios, Edgar Guinand, Arístides Mata, Emilio Agra, Elvia Armas, Regulo Pérez, Jacobo Borges, Jesús Soto, y del propio Mario Abreu, entre otros tantos, de igual trascendencia pictórica y artística.

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En el Macma actual no hay salas climatizadas. Foto: Gregoria Díaz.

Pero del proyecto apenas se construyó lo mínimo y además, inadecuado al diseño original. Apenas se acondicionaron tres de los galpones que actualmente fungen como salas expositivas del Museo. Aun así, el Macma fue traslado en  2005, a un espacio que no contaba con las respectivas salas para las exposiciones, ni tampoco con la bóveda para el resguardo de la obras de la colección del Museo.

¿Dónde se encuentra ese patrimonio que estaba en las bóvedas del museo?. Se dice que muchas de las obras no existen, que otras sufrieron daños porque la actual sede no tiene los espacios climatizados para conservar la capa pictórica y que otras, fueron a parar a manos de particulares. Desconocemos el destino de esta colección invaluable para el patrimonio cultural y artístico de Aragua y del país”, resiente  Rincón.

La actividad artística y cultural en Aragua, prácticamente ha desaparecido y el Macma ya no posee el esplendor de otrora.

Sigue confundiéndose con aquellos viejos galpones que sirvieron de matadero en la época gomecista.


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