Madres de los jóvenes que fueron arrestados en el marco de las protestas poselectorales siguen preocupadas por la alimentación que reciben sus hijos, ya que los ven bajos de peso.
Caracas. “El que agarre la bandeja, come”, dice un guardia a un grupo de detenidos dentro del Centro Penal de Tocuyito, ubicado en el estado Carabobo.
El custodio se queda callado mientras observa la fila de platos y a los detenidos estirar los brazos a través de los barrotes para poder alcanzar la comida.
«Eso ya no pasa porque pusimos una queja. Según ya no les han hecho más eso», dice Maira*, madre de Alfredo*, uno de los detenidos.
Denuncia que hasta este sábado 26 de octubre no ha podido ver a su hijo. La única comunicación que tiene con él es a través de llamadas, porque no le han notificado sobre los días en los que puede ir a visitarlo.

Es muy poco lo que puede decirle durante los cuatro minutos de llamada. Tener a una persona vigilando también limita la información. «Estoy bien», es lo único que le dice a su mamá.
Los encarcelados en el marco de las protestas poselectorales son sometidos a torturas psicológicas que consisten en dar alimentos en mal estado, con aspecto desagradable, así como hidratación insuficiente.
Por esa razón, Maira teme que la salud de su hijo, de 33 años de edad, quien tiene hidrocele líquido en el testículo derecho y una hernia inguinal, pueda complicarse.
“Al momento de su detención tenía el testículo como una bola de softball. Le tocaba verse con el cirujano el 5 (de agosto) pero no pudimos ir a la consulta. Te podrás imaginar cómo me siento y el nivel de impotencia”, expresa.
Agrega que la mayoría de los detenidos en Tocuyito bajaron de peso por la mala calidad de alimentación, tienen cuadros severos de diarrea, malestares estomacales o sufren las consecuencias de consumir poco líquido durante el día.
La Convención contra la Tortura y otros Tratos o penas Crueles, Inhumanos o Degradantes menciona en su primer artículo que se considera tortura todo acto en el que se infrinja intencionalmente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales.
Tortura psicológica
«¿Señora, usted está segura de que su hijo está en el penal?», le dijeron a Maira cuando empezó a preguntar en el penal de Tocuyito sobre el momento en que le permitirían visitar a su hijo.
Tras dos meses, Alfredo no aparecía en el listado de presos dentro de Tocuyito.
«Imagina que después de dos meses te pregunten si tu hijo está en el penal. Yo le respondí que sí estaba segura y que en la ficha de ingreso nos ficharon a los 58 chamos y sus familiares».
Por la demora en la búsqueda de la lista, perdió el primer día de visita.
«El 15 de octubre fue la segunda visita y no avisaron nada porque al día siguiente empezaban las preliminares (audiencias) para los de La Guaira. Como allá hay familiares que pernoctan, nos avisaron que sí habría visita. Pero por la hora que avisaron, yo no llegaba a tiempo, por lo que perdí mi segunda visita», cuenta.
Espera que el lunes 28 de octubre no le pongan ningún tipo de obstáculo para poder ver a su hijo, después de casi tres meses.
«No sabemos si dejarán llevar paquetería o artículos personales», añade sobre una de las peticiones de varios familiares.
Atención a destiempo
Maira notificó sobre la condición de salud de su hijo en la penitenciaría y fue atendida por una persona a la que le planteó el problema.
Una doctora del lugar le informó que a Alfredo lo examinó un grupo de médicos y por el diagnóstico le dieron medicamentos.
«Hay una jornada médico asistencial penitenciaria que está por San Juan de Los Morros. Cuando le toque a Tocuyito, a ellos los revisarán nuevamente. Ella me dijo que los casos más graves los remitirán al hospital», señala.
Espera que si ocurre, le notifiquen para poder estar con él durante su recuperación.
La madre, quien también es enfermera, insiste en que le preocupa la patología de su hijo, ya que por la inflamación de su testículo, podría tener una «hidronefrosis», en la que como no puede orinar de forma regular, la orina se devuelve en el conducto y genera inflamación.
Día de trabajo
Alfredo salió a las 6:30 p.m. del lunes 29 de julio a cobrar un dinero, producto de su día de trabajo como comerciante. Sin embargo, antes de llegar a su destino lo interceptaron funcionarios policiales que iban a bordo de una moto y le pidieron sus documentos de identidad.
«Cuando le dijeron que se montara en la moto, él dijo que por qué, si no había hecho nada, solo ir a cobrar su día de trabajo. Forcejeó un poco y se lo llevaron», afirma.
Su madre asevera que al momento de su detención en La Guaira, su hijo recibió golpes por parte de los funcionarios de la Policía de Vargas, que posteriormente lo llevaron al retén de Macuto.
“Mamá, soy Alfredo, estoy detenido acá en Macuto”, le dijo el martes 30 de julio durante una llamada.
No lo ve desde el 5 de agosto debido a que su traslado a Tocuyito fue el 10 de agosto. El Foro Penal Venezolano contabiliza 1953 presos políticos en el marco de las protestas, cifra actualizada el 25 de octubre.

