Entre racionamientos de 600 litros cada 25 días, cisternas en dólares y pozos salobres, las comunidades de la Península de Araya, estado Sucre, sobreviven a la falla del Turimiquire. El temor al deterioro del acueducto submarino agrava la rutina de cargar agua desde Cumaná.

Cumaná. Seis meses han transcurrido desde que el colapso en el embalse Turimiquire, la principal reserva hídrica de la región oriental venezolana, dejó sin agua por tubería a la península de Araya, la isla de Margarita y los municipios Sucre y Bolívar, del estado Sucre.

Ante esta severa crisis, la población enfrenta una desesperante rutina marcada por la compra de bidones mediante lanchas y la extracción de agua salobre en las calles. El derrumbe de rocas obstruyó en un 86 % la capacidad de este túnel de trasvase de 13 kilómetros, reduciendo el caudal normal de 5000 litros por segundo a solo 1100 litros, lo que desató la paralización del suministro en toda la zona.

Por esta razón, las familias peninsulares atraviesan un periodo de profunda angustia: tanto el agua potable como los alimentos de primera necesidad se transportan por vía marítima en embarcaciones provenientes de Cumaná, la capital del estado Sucre.

En poblados como Manicuare, los vecinos se ven obligados a cavar “pozas”, un término local utilizado para denominar pozos improvisados a ras de suelo, a lo largo de las vías públicas para extraer el líquido salobre, cuya alta concentración de sal no es apta para beber, y solventar sus necesidades básicas de aseo e higiene.

Desde que comenzó la emergencia hídrica en Manicuare cavan pozas para extraer agua. Foto cortesía Jorge Franco.

Ante esta coyuntura, las comunidades se unieron para declarar formalmente la emergencia hídrica en la Península. Sin agua, la agricultura y el turismo colapsan; la declaratoria busca movilizar recursos nacionales.

“Es imposible vivir con solo 600 litros de agua cada 25 días que es lo que nos llega del Gobierno. Venderle el agua al pueblo durante esta crisis es una grave violación a los derechos humanos” expresó a Crónica Uno Jorge Franco, en representación del Comité de Adultos Mayores constituido en Manicuare para denunciar la deficiencia del servicio.

Para abastecerse mediante los camiones cisterna privados que prestan servicio a través de la Alcaldía del municipio Cruz Salmerón Acosta, la población debe pagar cuatro dólares por cada 200 litros. El costo resulta elevado en el contexto de la economía local.

Distribución semanal e insuficiente

La realidad de Manicuare se replica en localidades como Salazar, donde una embarcación dispuesta por el Gobierno suministra el recurso únicamente los días jueves.

Heriberto Rodríguez, representante de la Asociación de Pescadores del municipio Cruz Salmerón Acosta, explicó la precaria situación del suministro de agua en su comunidad.

Señaló, además, que el líquido que reciben es de baja calidad. Es decir, con un tratamiento deficiente que permite utilizarlo únicamente para tareas domésticas como lavar y bañarse. Para el consumo humano, advirtió, la solución pasa por desplazarse hasta Cumaná, adquirir pimpinas de 15 litros y transportarlas de regreso en lanchas.

“El agua que nos traen no es muy tratada pero por lo menos sirve para lavar y bañarse la gente pero para el consumo, tenemos que ir a comprar en Cumaná y traer en lanchas las pimpinas, (como se le conoce en la zona a los bidones plásticos de transporte), de 15 litros”

explicó Rodríguez.
Los vecinos de La Península de Araya reciben agua una vez a la semana o cada 25 días. Foto cortesía Jorge Franco.

Secuelas del abandono técnico

Jorge Franco aguarda con expectativa el momento en que se repare la avería en el Turimiquire y se reactive el bombeo hacia el territorio peninsular y la isla de Margarita.

No obstante, manifiestó su inquietud por el deterioro del acueducto submarino, la red de tuberías sumergidas en el mar Caribe que conecta el continente con la península e islas, debido a la falta de mantenimiento.

“Nuestro llamado es a la reflexión para que se tome el problema con mayor seriedad, para que cuando se resuelva el problema del servicio de agua por tubería y se vuelva a usar el acueducto, los peninsulares y margariteños no empatemos un problema con otro, tan grave como el que sufrimos en la actualidad”, enfatizó.

En este contexto, Celys Rivero, habitante de Manicuare, advirtió que los adultos mayores no soportan el extenuante esfuerzo diario que exige el traslado del líquido. Agregó que a la mayoría les genera severos dolores articulares y lumbares.

“No queremos 600 litros, queremos agua por tubería porque es un derecho humano, establecido en la Constitución”, aseveró.

El agua de las pozas no es apta para el consumo humano. Foto cortesía Jorge Franco.

Respuestas sin fechas claras

En el ámbito oficial, luego de tres meses de silencio administrativo respecto a la crisis, la gobernadora del estado Sucre, Johanna Carrillo, realizó una transmisión vía TikTok el 26 de agosto pasado. Durante la emisión aseveró que “próximamente” anunciarán los avances de los trabajos en el embalse.

Asimismo, detalló que las precipitaciones recientes generaron complicaciones adicionales en los puntos de captación de San Juan y Cancamure debido a los elevados niveles de turbidez, es decir, la falta de claridad del agua provocada por sedimentos y barro, registrados.

Hasta esta publicación, las autoridades regionales y del Ministerio de Atención de las Aguas no han emitido un balance oficial con fecha exacta para la culminación de las reparaciones.

Entre tanto, el reloj corre y las comunidades continúan a la espera de soluciones definitivas. Cada jornada sin servicio obliga a las familias a costear de su bolsillo un recurso vital. La restauración integral del acueducto determinará si el derecho al agua se garantiza de forma justa y permanente.

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