Vecinos de la parroquia caraqueña deben esconder la camisa de su partido político hasta que salgan del barrio, de lo contrario los colectivos los amenazan

 Yohana Marra/@Yohanamarra

Caracas. Es mejor decir ni pío. Esto aplican quienes están en contra de la revolución y viven en el 23 de Enero. Mantenerse al margen ha sido la opción para salvar sus vidas y no echarse de enemigos a los colectivos.

Rubén, quien tiene nombre ficticio para resguardar su integridad física, contó que si no apoya al Gobierno los grupos armados le montan el ojo. Y la cosa se pone peor si integran algún partido político porque los amenazan.

“Hubo un cacerolazo hace tiempo y unas personas cometieron el error de hacerlo sin apagar la luz de la casa, los colectivos los vieron y fueron a amenazarlos”, expresó con mucha naturalidad.

La mejor forma de sobrevivir es llevar la fiesta en paz con ellos, así hace Helena, compañera de Rubén y a quien también se le modificó el nombre. Cuando va a alguna actividad política prefiere meter la camisa del partido político que apoya en la cartera y colocársela cuando llegue, así no se buscará problemas.

“Los colectivos saben quiénes son chavistas y quiénes no. Estudian a quienes no apoyan a Maduro, hasta les intervienen los celulares. Pero si los veo por ahí los saludo, es la única manera de que no nos hagan daño”, alegó.

Hasta palizas

José ha recibido hasta golpizas. No tiene miedo en demostrar al partido que apoya y por eso ha sido víctima de varias amenazas y maltratos, como hace algún tiempo cuando lo rodearon varios motorizados en la estación del Metro Pérez Bonalde.

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“La intención era meternos miedo porque estaba haciendo volanteo con un grupo de muchachos. Lo lograron, varios corrieron, pero yo no demostré temor porque eso era lo que querían”, relató sin titubear.

Pero la cosa no quedó ahí y el último ataque que le hicieron fue el 15 de abril de 2014. Le dieron un tiro a la pared de su casa,entraron a la fuerza y le dijeron de todo al gentío que estaba en la sala. “Llegaron encapuchados, tenían armas largas y cortas, de todo. Exigieron que si no estábamos con el proceso no podíamos estar aquí”.

Este grupo de vecinos de la parroquia del oeste de Caracas aprendió a saludarlos, si ven a algún miembro de colectivos que reconozcan, y a expresar su ideología fuera de casa para proteger su vida y la de su familia.

Saben que les pinchan las líneas de los celulares y le conocen la vida de pie a cabeza, porque se los han demostrado. “Una vez me dijeron mi nombre completo, así como datos personales».


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