110 familias de la calle Diego León Zuniaga, en el estado Falcón, esperan por la sustitución de un transformador que se quemó el 21 de septiembre. Los vecinos contaron que las personas con discapacidad o con hipertensión, y los niños y niñas son los más afectados por este apagón.
Coro. En el estado Falcón, al igual que en muchas regiones de Venezuela, los apagones diarios se extienden entre seis y ocho horas. Esto deja en pausa las aulas, las oficinas y los quehaceres del hogar, que se convierten en un calvario extra para quienes no tienen gas doméstico.
La crisis se agudiza en la calle Diego León Zuniaga, ubicada en el parcelamiento Cruz Verde III, en Coro, a unos 440 kilómetros de Caracas. Allí, los vecinos viven en una angustia prolongada, porque ya acumulan más de 300 horas seguidas a oscuras, tras la explosión de un transformador de 75 kVA, el 21 de septiembre pasado.
El daño apaga directamente la rutina de 80 casas y cerca de 110 familias, según datos del consejo comunal Parcelamiento Cruz Verde III. Las calles Prolongación Sucre, Mateo Bolívar y parte de la Luis Espelozin también quedaron atrapadas en este apagón forzado.

Tareas escolares a la luz de un celular
Isabel, de nueve años de edad, cursa el cuarto grado. No puede avanzar con sus deberes escolares hasta que su madre regrese del trabajo, cerca de las 7:00 p. m. Depende del celular de ella para iluminar sus cuadernos, siempre y cuando tenga suficiente carga.
Otra vecina del sector, quien por medidas de seguridad pidió no ser identificada, lamenta que sus nietos ni siquiera van a clases, porque sin luz está obligada a lavar la ropa a mano y no tiene forma de planchar los uniformes.
Desde que estalló el transformador los vecinos viven sobresaltados. La explosión los sorprendió a la 1:00 p. m. de ese lunes, 21 de septiembre. Y para la tarde de este viernes, 2 de octubre, seguían sin energía eléctrica.

De acuerdo con los afectados, los electrodomésticos se mantienen apagados, incluidos los aires acondicionados, indispensables para mitigar una ola de calor que roza los 40 °C en el estado Falcón.
De acuerdo con los reportes del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh), entre el 21 de septiembre y el 2 de octubre, la ciudad de Coro registró temperaturas máximas de entre 34 °C y 39 °C.
Debido a la alta humedad que caracteriza a la región costera, intensificada por los efectos del fenómeno de El Niño, la sensación térmica real rozó los 40 °C en las horas del mediodía.

Protestas por apagones
La realidad del sector Cruz Verde se replica en casi todo el estado Falcón. La noche del jueves, 1° de octubre, los vecinos de La Cañada de Coro protestaron por la falta de un transformador, que afecta a los niños y niñas del Centro de Educación Inicial (CEIS) Olga Camacho.
A esas manifestaciones se sumaron afectados de La Velita, Pedregal y La Cañada, al igual que en la sierra los vecinos de El Paují alzaron la voz tras 10 horas sin servicio eléctrico. El descontento también lo expresaron en los municipios Democracia, Falcón, Silva y Acosta.
El martes, 29 de septiembre, el presidente de Corpoelec, Juan Fernández, informó sobre la incorporación de 1300 megavatios al Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en los próximos meses, con el objetivo de garantizar mayor estabilidad, continuidad y reducir las interrupciones en el servicio para todos los usuarios del país.

Advirtió que los desafíos operativos se incrementan por factores ambientales y económicos externos, lo que genera una brecha compleja entre la demanda y la generación.
Esta semana también se registraron protestas por los apagones en los estados Aragua, Carabobo, Táchira, Guárico y Bolívar, donde pasan hasta entre cinco y 10 horas sin luz, según las denuncias de los afectados.
Los más vulnerables
En la calle Diego León Zuniaga habitan al menos cinco personas con discapacidad, además de pacientes hipertensos. Marlene, quien sufre de presión alta, relató lo difícil que es soportar las temperaturas extremas mientras cuida a su esposo, un paciente con diabetes y amputación de miembros inferiores.
“Los encamados son los que más sufren”,
contó la mujer, con resignación.

Esa es la realidad de Franklin Bolívar, un atleta de alto rendimiento en la disciplina de siscomada, un arte marcial, quien tantas veces representó con orgullo a la delegación falconiana en competencias nacionales.
Sus días transcurren inmóvil en una cama, en la sala de su casa, luego de que lo operaran por un tumor cerebrocervical. Franklin espera por una ayuda gubernamental y promesas de mejora que quedaron en el olvido.
En su último certamen internacional en Guatemala (2011) las autoridades locales le ofrecieron una vivienda en la urbanización Los 480 Años, pero el compromiso nunca se cumplió.

Actualmente subsiste sin insumos básicos, sin un ventilador para aplacar el calor y sin recursos para costearse una tomografía de control. Aunque su condición médica es evidente, formalmente sigue registrado como obrero en la Comunidad Penitenciaria de San Agustín, a la espera de que se apruebe su jubilación definitiva.
Por otro lado, los niños y niñas también sufren en las noches sin energía eléctrica, por la picadura de zancudos.
Reportes acumulados
Esta es la segunda vez que los vecinos del parcelamiento Cruz Verde padecen las consecuencias de un transformador quemado.
Hace siete meses vivieron una situación similar en el mismo poste y la respuesta de las autoridades no fue eficiente para esta comunidad del oeste del municipio Miranda.
Sin refrigeración, los residentes no pueden guardar alimentos, por lo que deben comprar los insumos diarios para cada comida. Y a pesar de lo que viven al no tener energía eléctrica, se mantiene el servicio de agua.
Muchos, como Nelson, caminan hacia otros sectores de la ciudad en busca de un poco de hielo para conseguir agua fresca.


A través de la aplicación VenApp los afectados realizaron múltiples reportes colectivos. Sin embargo, las alertas solo generaron una reunión con representantes de Corpoelec, en la cual les informaron que están a la espera de un transformador reparado para proceder a la sustitución.
Mientras tanto, ni llegan las autoridades ni llega el equipo, y los vecinos sienten que su vida sigue en pausa.
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