Como consecuencia de la cuarentena, es evidente la poca afluencia de pacientes si se contrasta con meses anteriores. Ahora existe una limitante de horario impuesto por el difícil acceso al transporte público que tiene el personal del centro dental Baralt.

Caracas. Para Karen Hug, directora centro dental Baralt, la cuarentena ha sido motivo de adaptación, el ritmo al que estaban acostumbrados ha sufrido cambios drásticos. En esta contingencia solo abren dos o tres veces por semana, dependiendo de la cantidad de citas que tengan confirmadas: «Solo se atiende previa cita y con horarios específicos, en esto estamos siendo muy estrictos, así hemos evitado la aglomeración de pacientes«, comentó la doctora Hug.

Un personal especializado de limpieza hace mantenimiento antes y después de atender cada cita, todos los que laboran en este centro dental cumplen de manera estricta las medidas de seguridad, los guantes, batas y máscaras se desechan luego de atender a un paciente.

Como consecuencia de la cuarentena, es evidente la poca afluencia de pacientes, contrastándolo con meses anteriores. Ahora existe una limitante de horario impuesto por el difícil acceso al transporte público que tiene el personal del centro dental Baralt.

El trabajo a media máquina se ha convertido en lo cotidiano, «solo cuatro personas de las nueve que hacen vida en el consultorio venimos, en la mayoría de los casos nos turnamos para trabajar», afirmó Karen Hug.

Sin riesgo biológico

Cumpliendo los protocolos de limpieza de la OMS se desinfecta cada unidad con bactericidas, los trabajadores se lavan las manos al llegar y al salir. Los pacientes que acuden a consulta no deben ir con acompañantes, de igual manera se procede a realizar una encuesta de descarte para evitar riesgos por COVID-19.

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La voz del empleado

Para Yasvelín Yanez, quien lleva tres meses trabajando en el consultorio, ha modificado su horario este último mes. Cumple turno martes y jueves de 8:30 a. m. a 4:00 p. m. «Agarro camioneta y Metro, vivo en El Cementerio. Tenemos la fortuna de que en la empresa nos pagan transporte, pero a veces no me dejan subir al Metro, es una ruleta rusa, depende del estado de ánimo del GNB que esté de turno en la entrada de la estación».

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