Los de a pie no ven luz con sus ingresos formales y buscan en el bachaqueo otra vía para resolver problemas puntuales dentro del hogar

Mabel Sarmiento/Mayela Armas 

Caracas. María Zambrano no le gusta que la llamen bachaquera. “Esa palabra, suena muy fea, yo lo que hago es rebuscarme. No soy una delincuente”, se defiende María cuando la acusan de bachaquear o revender alimentos a un precio mayor.

María trabaja en una compañía que presta servicios de limpieza, pero como no le rinden los reales se la pasa de cola en cola, comprando comida y productos que escasean para revender y ganarse alguito.

“El sueldo que me pagan como empleada de limpieza no me da para mantener a mis tres hijos. Vivo en José Félix Ribas en Petare y quiero sacarlos de allí”.  Así que vio una oportunidad y decidió arriesgarse.

Se para a las 4 am todos los días y se va con una prima a Makro de La Urbina, previo contacto con un vendedor para establecer su modus operandi.

“Pregunto entre mis compañeros si quieren leche y les digo que a 120 bolívares. Antes del captahuellas era más fácil. Hacía la cola varias veces, y me cambiaba la franela cuantas veces era necesario. Me soltaba el pelo o me ponía una gorra. Mi prima también hacía lo mismo. Así lográbamos comprar varias veces y como mi horario de entrada es a partir de las 2 pm, me daba chance”.

El sobreprecio es de Bs. 50 en el caso de la leche en polvo. Si es café, papel o harina también le sube algo.

Tras la regulación, por unas semanas, se le puso la cosa color de hormiga y, luego, le salió al paso. Ahora de la cola de Makro, donde queda registrada, se va a otros locales del sector, como Plan Suárez y Central Madeirense. “Le pago algo a mi prima por esto. Lo veo como un rebusque”.

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La causa del rebusque

La palabra bachaqueros se popularizó  y ahora se le dice así a todo el mundo. Antes se llamaba así a la gente que llevaba gasolina por la frontera, ahora incluye a cualquier buhonero y hasta al ciudadano de pie que pasea de mercado en mercado buscado comida para la casa.

Ciertamente el bachaqueo en Venezuela es cosa vieja. Se desarrolló con el contrabando de gasolina, actividad que se hacía libremente ante la vista gorda de los cuerpos de seguridad en la frontera entre Zulia, Táchira y Colombia.

Luego, durante el primer trimestre de 2014, se habló de que 40% de la comida subsidiada era revendida por los bachaqueros en Colombia y Brasil, por lo que el gobierno les “declaró la guerra”,  tapando la verdadera causa del desabastecimiento.

Esto hizo además que los buhoneros aprovecharan la ocasión para llenar sus bolsillos vendiendo jabón, leche, mantequilla, papel higiénico y harina a precio de mercado negro, productos cuyos niveles de escasez superaban el 30% hasta marzo de 2014.

Esta situación afectó a las familias más pobres, como las de María, que son las que más sufren con la inflación, la cual en 2014 terminó en 68,5%, una de las más altas del mundo. Por esa razón las personas han buscado otras vías para garantizarse más ingresos, así estén al margen de la ley, pues el poder de compra de salario cayó 2,4% el pasado año, según Econométrica. Y en ese margen es que se encuentra María Zambrano.


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