Son 17 familias las que residen en ese refugio ubicado en la comunidad de Las Vegas I, al sur de Maracay, desde hace cinco años. Las aguas residuales son un foco de contaminación que hace que se enfermen los niños que viven allí.

Aragua. La incertidumbre que producen las aguas del Lago de Valencia en las comunidades circundantes es cada vez mayor. Poco a poco, el nivel del lago aumenta, aunque los vecinos no alcanzan a determinar la medida exacta. La contaminación que contiene el agua es muy grave, debido a que 80 % de las aguas residuales de Maracay y Carabobo desembocan allí.

A menos de 50 metros de la orilla del Lago de Valencia, se encuentra ubicado el colegio Olinto Mora Márquez. En 2011, 17 familias comenzaron a vivir en las instalaciones de ese plantel y acomodaron sus enseres dentro de los salones de clases. Las madres se reúnen a “echar cuentos” en los banquitos del patio de la institución y el único grupo familiar que tiene un equipo de sonido pone música para amenizar el ambiente.

Los niños más grandecitos arman una partida de béisbol en la cancha de baloncesto, y los más chiquitos se distraen jugando metras a la sombra de unos árboles. Todos conviven con el hedor que producen las aguas severamente contaminadas, que han ganado terreno en el transcurso de los últimos meses, y los refugiados no pueden hacer mucho ya que dependen de un hogar que les prometió la Gobernación del estado Aragua.

“No podemos decir que ya no aguantamos más, porque no tenemos para dónde irnos. Cuando nos desalojaron de las casas nunca pensamos que íbamos a durar viviendo aquí tanto tiempo”, comentó Isis Ortega —nombre ficticio—, mientras llevaba en brazos a su hijo de un año por uno de los pasillos de lo que era el colegio.

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Foto: Crónica Uno / Miguel González
Uno de los patios del colegio les sirve como tendedero para la ropa.

Los 17 grupos familiares están distribuidos en cinco módulos de ese centro educativo. Ortega es una mujer de piel morena, y en sus brazos tiene tatuados los nombres de sus hijos, ambos nacieron durante el lustro que tiene viviendo con su esposo en una de las aulas del colegio. Cuando llegó al lugar, las aguas del Lago Los Tacariguas —como también se conoce al Lago de Valencia— no eran una amenaza, incluso nunca estuvieron tan cerca del plantel, hasta hoy.

“Aquí ya se ha metido el agua e inundado todo, pero el detalle es que son aguas negras. Los más chiquitos son los afectados, siempre hay aunque sea uno que está enfermo. Aunque ya yo digo que son inmunes”, dijo entre risas.

Enfermedades respiratorias, escabiosis o sarna, diarrea y vómitos son las patologías que han presentado los más pequeños. Ortega apunta que, en principio, el problema se debe la calidad del agua que circula por las tuberías, que sale de color marrón. “Igual la usamos porque no nos queda de otra”, aseveró.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Según los refugiados, el nivel del agua ha subido de manera considerable en los últimos dos meses.

Esa institución es solo uno de los 10 refugios que hay en el estado Aragua, luego de los desalojos del año 2012 debido a las inundaciones que sufrieron algunas comunidades, declaradas entonces como zonas de riesgo. Los demás albergues están ubicados en hoteles y moteles, pero el colegio Olinto Mora Márquez es el más impactado, por donde se le mire.

Otro refugiado aseguró que del agua estancada en la parte trasera de la estructura educativa han sacado babos —»una especie de cocodrilo pequeño»—, y todo tipo de serpientes que han asustado a los niños mientras juegan en la cancha.

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Foto: Crónica Uno / Miguel González
Chinchorro donde duerme uno de los refugiados y al fondo las aguas del Lago de Valencia que amenazan con inundar el lugar.

La contaminación de las aguas del Lago de Valencia quizá no sea su principal preocupación, tampoco las enfermedades que han sufrido sus chamos o los animales salvajes que han encontrado en los salones y pasillos. Lo que les quita el sueño a Ortega y a los miembros de todas las familias es la temporada de lluvias que se avecina. Protección Civil del estado Aragua informó que durante el año 2016 habría al menos 60 precipitaciones cercanas a las aguas del lago Los Tacariguas, y hasta el mes de agosto habían ocurrido cerca de 30.

En el transcurso de este año, las familias han presenciado cómo el lago sube el nivel del agua, al punto en que hace dos meses se encontraban debajo del último muro que separaba al colegio de la edificación vecina. “Allí había una casa, ya no está porque el lago la hundió. No sabemos qué vamos a hacer cuando el agua comience a subir, estamos en un refugio a punto de hundirse. No sé si nos lleven a otro”, sostuvo Ortega, resignada.

Foto: Crónica Uno / Miguel González
Debajo de estas agua, hace dos meses había una calle que ahora es la orilla del lago.
Foto: Crónica Uno / Miguel González
Babos disecados.

Fotos: Miguel González.


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