Más de 100 días después del doble sismo, las aulas reabrieron con grietas y sin balances oficiales de reparación. Cecodap resalta que la ayuda en campamentos redujo la ideación suicida a 9 %, aunque persisten graves secuelas emocionales.
Caracas. 107 días después de los terremotos del 24 de junio pasado, la reapertura de las aulas expuso la fragilidad del sistema educativo. 17 % de las escuelas opera actualmente como refugio temporal para familias damnificadas, lo que compromete el desarrollo normal del año escolar.
Sin balances de las autoridades estatales sobre las reparaciones estructurales, la comunidad académica intenta retomar la rutina en medio del trauma y el deterioro físico.
En las comunidades afectadas por los sismos, que dañaron al menos a 900 escuelas en nueve estados del país, entre ellos La Guaira, Miranda, Carabobo y el Área Metropolitana de Caracas, según la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia (Agencia PANA), las actividades escolares se reanudaron con sellos de evaluación de riesgo en las paredes, grietas visibles y salones a medio uso.
A la vulnerabilidad de los edificios se suma la ausencia de explicaciones oficiales por parte del Ministerio de Educación y los organismos estatales correspondientes.

Francelis Sulbarán decidió no enviar a su hijo a clases durante la primera semana del año escolar 2026-2027, pese a que el inicio contemplaba charlas de atención psicoemocional, una estrategia de contención profesional para procesar el impacto del trauma, para los niños y un proceso de adaptación.
La madre y su entorno familiar temían una réplica y desconfiaban de la existencia de planes de atención de emergencia.
“No ha sido fácil volver a la rutina, uno perdió familiares y amigos. Para su papá y para mí no había confianza de que el niño iba a estar bien. Pero luego decidimos enviarlo porque él mismo nos lo pidió. Ahora estoy pendiente del teléfono y estoy en alerta ante cualquier situación”, dijo a Crónica Uno.
Planteles ocupados
Abel Saraiba, coordinador del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap, ONG centrada en la defensa de los derechos de la infancia, explicó que más allá del daño en la infraestructura, las secuelas emocionales representan el principal desafío en las aulas. Regresar a recintos con fisuras reactiva el trauma en estudiantes y docentes que sufrieron la pérdida de seres queridos o viviendas.
“El miedo en el entorno escolar afecta tanto a representantes como a maestros. Por ejemplo, en El Junquito hay escuelas funcionando, pero las familias y maestros tienen un enorme temor de mandar a sus hijos a la escuela por no saber si está suficientemente preparada para responder ante otro desastre natural”,
señaló Saraiba.
Frente a esta situación, la ONG plantea la necesidad de promover un plan de escuelas restaurativas. Este enfoque pedagógico consiste en reconstruir la convivencia y el bienestar integral, e incluya atención psicoemocional y programas de mitigación de riesgos dentro de los planteles. Esta iniciativa contempla el trabajo articulado con padres, representantes, maestros y alumnos.
El informe “100 días de los terremotos en Venezuela”, realizado por Cecodap, constató que las instalaciones escolares utilizadas por el Estado como campamentos transitorios, por disponer de baños y cocinas, resguardan a familias que lo perdieron todo.
Dicha medida resolvió la emergencia inicial tras el doblete sísmico, una seguidilla de dos movimientos telúricos de magnitudes 7.5 y 7.2, pero afectó el arranque de las clases. Para septiembre, varias sedes aún albergaban a personas sin hogar.

Saraiba añadió que esta ocupación de los colegios como refugios exige elaborar planes de transición, reubicación y saneamiento profundo antes de reabrir las aulas para el uso pedagógico habitual.
El impacto del 3 de enero y los sismos
“Cada día pasa un camión y me asusto, porque suena como una bomba” y “se murió mi colegio”, son algunos de los testimonios de niños, niñas y adolescentes que ha registrado el equipo de psicólogos sobre el impacto de los terremotos y lo ocurrido el 3 de enero, fecha marcada por un operativo de fuerzas militares estadounidenses que ejecutaron la captura del entonces gobernante de Nicolás Maduro y conmoción social que generó altos niveles de ansiedad y temor en la población infantil.
Saraiba detalló que en ambos hechos la angustia fue el síntoma inicial predominante. La diferencia central está en el duelo. El doblete sísmico dejó un saldo de más de 6400 personas fallecidas y una destrucción física visible de viviendas y planteles, lo que convirtió al duelo en el segundo motivo de atención clínica. El 3 de enero fue un evento delimitado en el tiempo y con menor cantidad de decesos.
Mariana Porras, psicóloga del equipo, informó que tras el doble terremoto aumentó la demanda de atención espontánea de los adultos. Durante los eventos del 3 de enero existía temor a la persecución política, lo que retrasó las conversaciones en las escuelas sobre lo vivido. Con el sismo, la búsqueda de ayuda psicológica no tuvo esa barrera.
“Los síntomas tras los terremotos se mantienen, persisten el insomnio, la resistencia a salir de casa y el miedo a permanecer en espacios cerrados. Las demoliciones activas, las réplicas y las lluvias reactivan las crisis de ansiedad de forma constante. Cuando el trauma ocurre dentro de la casa, la persona pierde su lugar de seguridad y la recuperación tarda más tiempo”.
Redes de apoyo reducen el riesgo suicida
El especialista indicó que ocho de cada 10 personas atendidas por Cecodap presentaron alteraciones del estado de ánimo, con mayor registro en mujeres y niñas. Sin embargo, el riesgo suicida disminuyó en la emergencia, durante este periodo se ubicó en 9 %. La cifra contrasta con 31 % que registró la organización en el primer semestre de 2026 en condiciones habituales.
Saraiba recalcó que la acción humanitaria y las redes en las comunidades funcionan como una contención inmediata. Una persona en un campamento o en una comunidad que recibe apoyo psicosocial, una serie de intervenciones destinadas a preservar la salud mental en crisis, es una persona sobre la que hay otros pendientes: redes de apoyo, atención y solidaridad.
No obstante, afirmó que el riesgo suicida puede aumentar cuando concluya la ayuda externa y las familias queden solas en sus nuevas viviendas porque empiezan a contemplar su nueva realidad.
“En el momento que te encuentras con la soledad, con tu propio duelo, es cuando vamos a ver efectos dilatados de esta emergencia. Duelo por los que ya no están, por tu vida anterior, tus cosas tan simples como la ropa, el cuadro de la fotografía familiar y más”,
adujo.
El retorno a las aulas en las zonas devastadas demuestra que la reconstrucción del país abarca también la salud mental de la infancia. El ciclo escolar arrancó con las aulas marcadas por grietas y la exigencia ciudadana de respuestas concretas que devuelvan la seguridad a las comunidades.
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