En La Vega hicieron una caminata el pasado 23 de septiembre que tenía como destino la redoma de La India para exigir agua potable en la comunidad, pero no pudieron llegar por presión de la Policía Nacional Bolivariana. En La Dolorita salieron a trancar la calle por las fallas en los servicios públicos.

Caracas. La Vega, en el oeste de la ciudad, y La Dolorita, en el este, tienen algo en común y es que el agua que debería correr por las tuberías ya es casi una fantasía y los vecinos se han organizado para protestar. Algunos tienen la fortuna de que les llega cada cinco días, otros han contado casi 60 días y nada que sale algo por el grifo, y unos tantos se acostumbraron a la idea de cargar agua porque están sin el servicio desde hace 11 años.

La parte alta Los Mangos, en La Vega, ya tiene casi dos meses sin agua. Cada tanto les envían una cisterna pública de 20.000 litros para los tanques de edificios que tienen capacidad de 100.000 litros de agua. Los vecinos tienen que bajar con sus tobos, llenar y volver a subir hasta 14 pisos. En esta zona hay 16 bloques que tienen entre 80 y 100 apartamentos. Durante los dos meses que tienen sin servicio han recibido tres cisternas.

Los vecinos han tenido que ayudarse entre sí. Más abajo de La Vega, en el sector Los Cangilones por la calle Real de los Paraparos, reciben agua cada cuatro o cinco días, así que en muchas esquinas hay quienes han sacado una manguera o abren una llave para que los habitantes de Los Mangos puedan agarrar agua. Todos los días se ven personas con los pipotes en la espalda subiendo a sus casas. 

Le comprábamos a una señora que vendía 20 litros de agua potable por 150.000 bolívares, pero a ella también se le acabó su reserva y no está vendiendo más, contó el vecino Antonio Guerrero.

Foto: Luis Morillo

Lo que no se explican los vecinos es por qué llega el agua a la parte baja de La Vega por dos tuberías: una que llaman justamente Los Mangos y otra que la llaman la de la calle. Creen que pueda ser porque no están surtiendo con la suficiente presión para subir, algo que antes no pasaba.

Tengo toda la ropa curtida por el agua, comentó Luis, vecino de la zona, sobre la calidad del agua y precisó que todo el mundo carga pipotes que se ven marrones, pero es mejor eso que nada. A principios de este año en su casa tenían un tanque que llenaban con agua de la calle y siempre estaba cristalina, la potabilizaban y era la que usaban para beber. Ya eso no lo pueden hacer. 

La protesta también es otro factor común entre La Vega y La Dolorita. En La Vega hicieron una caminata el pasado 23 de septiembre que tenía como destino la redoma de La India, pero no pudieron llegar por presión de la Policía Nacional Bolivariana. El motivo de la manifestación era la falta de agua en el sector y le imploraban al beato José Gregorio Hernández que rogara por ellos. Para este lunes tienen planeado hacer un cacerolazo a las 8:00 p. m. 

En La Dolorita salieron este lunes 28 de septiembre para trancar la calle por el deterioro de los servicios públicos. El principal problema de este sector es la ausencia del agua y la lucha de algunas zonas que tienen entre 11 y 18 años sin recibir el servicio porque en sus calles no hay tuberías, las quitaron por completo bajo la promesa de que instalarían unas nuevas para garantizar el agua. Algo que nunca pasó.

Un pipote de agua en La Dolorita puede costar 900.000 bolívares, o casi dos dólares. Hay personas que solo aceptan el efectivo en cualquiera de las dos monedas. Los que no tienen dinero entonces esperan a que llueva, e incluso, han construido canales para que el agua corra y poder almacenarla o ponen grandes pipotes en las terrazas de las casas. 

Hay sitios donde llega el agua dos veces al mes. Hay que ir al terminal de La Dolorita para comprar agua y cargarla hasta la casa. Estamos cansados (…) No sé nada sobre el coronavirus, yo lo que sé es que no tengo agua y los bajones de luz son repetidos, dijo Laura Rivas, vecina de La Dolorita.

Foto: Luis Morillo
Se multiplicaron las protestas en el país

Las protestas en plena pandemia por falta de agua potable son un hecho nacional. Al este y oeste de Caracas, se suman otros estados que reclaman para que el agua llegue por las tuberías, y se les agregan otros servicios públicos como la electricidad, el gas doméstico y, por supuesto, la gasolina. 

Por ejemplo, 300 familias del Mirador de Pozuelos en Puerto la Cruz y vecinos de Guanta, estado Anzoátegui, no tienen agua desde hace dos meses. En Mariara, estado Carabobo, y en la avenida 31 de Julio en Margarita, estado Nueva Esparta, reportan un sinfín de fallas eléctricas y de agua. En El Tocuyo, estado Lara, están cansados de tampoco tener luz y agua. Todos salieron en protesta.

La escasez de agua y las fallas en el resto de los servicios públicos fueron motivos para que durante el fin de semana salieran los habitantes del municipio Bruzual en el estado Yaracuy, que se extendió a otras zonas como Peña, Aroa, Cocorote, Independencia y Yaritagua. Las protestas fueron reprimidas por los cuerpos de seguridad del Estado con gas lacrimógeno. Este 28 de septiembre en San Mateo, estado Aragua, los habitantes también salieron a exigir que se les garantice el agua, el gas, la luz y la gasolina. 

El Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS) registró que durante el primer semestre de 2020 más de la mitad de las protestas fue para exigir el derecho a los servicios básicos. En promedio se registraron 14 protestas diarias, para un total de 2505 en seis meses. Las fallas eléctricas ocuparon el primer lugar de los reclamos, seguidas por las demandas de agua y gas.

En agosto hubo 748 protestas, de las cuales 302 fueron para exigir que se le garantice a la comunidad los servicios públicos como el agua, luz y gas doméstico. La mayoría de las manifestaciones de ese mes fueron específicamente por combustible en estados como Lara, Monagas y Bolívar. Para septiembre se ven más protestas, mientras que en paralelo el país atraviesa por una crisis hospitalaria debilitada frente a la pandemia de la COVID-19. 

Lee también
Seis protestas en menos de 72 horas se han producido en Monagas por falta de gas doméstico

Participa en la conversación