El doble sismo en Venezuela deja 164 muertos y satura los hospitales de Caracas con heridos de La Guaira. Ante la falta de datos oficiales, el personal médico registra a mano los ingresos mientras las familias buscan rastros de los desaparecidos.
Caracas. La devastación causada por el doble sismo que golpeó a Venezuela el pasado miércoles, 24 de junio, no solo derribó decenas de edificios en La Guaira, sino que terminó por colapsar el ya debilitado sistema de salud pública en la capital.
Tras confirmarse de forma oficial la muerte de 164 personas y más de 950 heridos, al menos hasta esta publicación, hospitales clave como el Dr. Miguel Pérez Carreño operan al límite de sus capacidades.
En sus pasillos, la emergencia médica se mezcla con el drama civil de cientos de ciudadanos que, ante la escasez de ambulancias y el silencio informativo, buscan a contrarreloj el rastro de los desaparecidos.
En la sala de espera de emergencias del hospital Pérez Carreño, los rostros desencajados y las miradas clavadas en las puertas evidencian el caos de los centros de salud tras los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 que sacudieron a la región central del país en al menos siete estados la tarde del miércoles, 24 de junio.
Para decenas de familias, las horas transcurren entre la angustia de localizar a sus seres queridos y el doloroso peregrinaje por distintas instituciones médicas.
Lentitud latente
Una familia procedente de La Guaira, el estado más fuertemente afectado por estar ubicado sobre el epicentro, aguarda noticias en los pasillos. Su hogar, en las residencias Corales Plaza, cerca de la playa Los Corales, se desplomó durante el sismo.
En el siniestro, su hijastro de 25 años perdió la vida, mientras que su hijo de 16 años logró ser ingresado a este centro asistencial de Caracas a las 6:30 a. m. de este jueves, 25 de junio, donde permanece en el área de trauma shock, la unidad de cuidados críticos donde se estabiliza a pacientes con lesiones que ponen en riesgo su vida.
Al adolescente ya le practicaron radiografías y análisis de sangre. El equipo médico inmovilizó su brazo mediante tutores , unos dispositivos metálicos externos que se anclan a los huesos para estabilizar las fracturas graves, a la espera de una intervención quirúrgica.
“Aún estamos en shock, sentimos que todo ha pasado muy lento. Al ver la cantidad de fallecidos que hay, personas desesperadas y viviendo un terrible dolor: la pérdida humana, material y con el corazón en la boca por el niño”, dijo la madre a Crónica Uno.
La mujer explicó que, ante la ausencia inicial de los bomberos, fueron los propios vecinos quienes rescataron al menor de entre los escombros. Aunque inicialmente lo trasladaron a un centro del Seguro Social en el litoral central , la zona playera del norte del país, las instalaciones colapsaron rápidamente debido al flujo masivo de heridos.
“El estado más afectado es La Guaira, hay decenas de edificios colapsados y estamos en labores muy arduas de rescates para salvar las vidas que Dios nos permita salvar, es una verdadera tragedia. Podemos decir que el estado La Guaira es una verdadera tragedia y se convierte en una zona de desastre”, anunció la madrugada de este jueves, la encargada del Ejecutivo, Delcy Rodríguez.

Sin ambulancias para los traslados
La saturación de los hospitales en Vargas, nombre histórico con el que también se conoce al estado La Guaira, ha obligado a evacuar a los pacientes hacia Caracas, un traslado crítico que se ve severamente interrumpido por la falta de transporte sanitario.
Este problema, no obstante, ha sido constantemente denunciado por trabajadores de la salud, como parte de la crisis hospitalaria preexistente en el país y que se agudizó críticamente con la contingencia en solo minutos, como constató Crónica Uno en un recorrido por distintos centros de salud de la ciudad.
Luci Valerio es una de las tantas pacientes que clama por asistencia en el Pérez Carreño. Llegó desde La Guaira, donde su vivienda quedó reducida a escombros. Presenta una fractura de gravedad en la pierna y solo la acompaña su hija, quien requirió cerca de siete puntos de sutura en el rostro tras golpearse por el desplome de su hogar.
La situación de Valerio es una carrera contra el reloj: su extremidad muestra signos de descoloración y principios de gangrena , la muerte del tejido corporal debido a la falta de circulación sanguínea o a una infección bacteriana grave, lo que exige una cirugía inmediata.
Sus familiares gestionan un traslado en ambulancia hacia la clínica Santa Sofía , un centro médico privado ubicado en el este de la ciudad, para garantizar la operación y evitar la amputación del pie; sin embargo, la severa escasez de unidades móviles mantiene la evacuación en vilo.
Hospital Periférico de Catia
La emergencia del hospital Periférico de Catia, un centro asistencial situado en una de las zonas populares más densamente pobladas del oeste de Caracas, es otro de los puntos de recepción para las víctimas trasladadas desde el litoral central. A las afueras del recinto, los testimonios reflejan la devastación y el quiebre de los núcleos familiares tras el sismo.
En el área de traumatología se encuentra Tania Terán, habitante de la torre C de las residencias Luisa Cáceres de Arismendi, en Playa Grande. Al momento del temblor, Terán quedó atrapada en el apartamento 705 del piso siete, de donde lograron rescatarla con vida para trasladarla a la capital.
A las puertas del mismo hospital, Dylan Pacheco, de 13 años, espera en total soledad noticias de su madre. Aunque la familia reside en los Valles del Tuy , una región residencial y de ciudades dormitorio ubicada a las afueras de la capital, se encontraba de visita en la casa del abuelo en Playa Los Cocos (sector Ciudad Betania) cuando la estructura cedió.
El adolescente relató a Crónica Uno que una pared sepultó la mitad del cuerpo de su abuelo, quien en un último esfuerzo les gritó que corrieran para salvarse. En el intento por auxiliar al hombre de 70 años, la madre de Dylan, Gyottisbel Carrasco, de 47 años, fue impactada por otra parte de la edificación.
Carrasco ingresó al Periférico de Catia con traumatismos craneales y una fractura en el brazo. Junto con ellos también se encontraba la pequeña Naime Arrocha, de 7 años. Hasta el momento, la familia desconoce por completo las condiciones o el paradero del abuelo en la zona del desastre.

Búsqueda en lista
En las afueras de los centros de salud caraqueños, la angustia colectiva se concentra alrededor de las listas de ingresos. Andrea acudió al hospital Miguel Pérez Carreño para revisar los papeles civiles pegados en las puertas de la emergencia.
Busca desesperadamente a la cuñada de su hermano, quien es funcionaria de la brigada motorizada del comando de La Yaguara , una importante sede de los cuerpos de seguridad en el oeste de la ciudad.
El último rastro que tiene la familia es que la mujer entregó su guardia a las 3:00 p.m. del miércoles 24 de junio, y presumen que viajó hacia La Guaira poco antes del sismo. Al no hallar su nombre en los listados del Pérez Carreño, Andrea continuó su recorrido por otros hospitales de la ciudad.
En el Periférico de Catia, el Hospital Clínico Universitario y el Pérez Carreño, médicos y enfermeros registran minuciosamente los nombres de los heridos que ingresan desde ayer tras los sismos.
Esta base de datos se ha levantado por iniciativa propia del personal de salud, valiéndose de los testimonios de pacientes estables o de la información aportada por sus acompañantes. Quienes ingresaron inconscientes y sin identificación permanecen en las salas de atención médica a la espera de ser reconocidos.
Esta escena se repite en cada entrada médica: los familiares revisan las listas y, si no encuentran el nombre buscado, acuden al personal de seguridad para consultar el registro de fallecidos. En las fachadas de los edificios, los ciudadanos han comenzado a pegar carteles con fotografías y datos de quienes aún continúan desaparecidos.

Hospital Clínico Universitario
Entre la 1:20 p. m. y la 1:50 p. m. de este jueves 25 de junio, ingresaron al Hospital Clínico Universitario , el hospital público de alta complejidad integrado a la Universidad Central de Venezuela, al menos siete heridos procedentes de La Guaira, entre ellos dos menores de edad de 9 y 11 años.
El personal de la institución reportó que desde el miércoles el flujo de afectados no ha cesado. Aunque el personal sanitario indicó que la directiva del hospital prohibió difundir balances oficiales, señalaron que la cifra de ingresos es alarmante, con pacientes que presentan desde lesiones leves hasta cuadros de extrema gravedad.
Esta opacidad informativa institucional ha obligado a los familiares y a los propios trabajadores de la salud a centralizar la recopilación de datos de manera independiente.
Ante la magnitud de la catástrofe, decenas de médicos y enfermeras se han presentado de forma voluntaria en el centro asistencial para reforzar las guardias médicas.
Asimismo, civiles y organizaciones no gubernamentales han movilizado donaciones de insumos básicos, incluidos agua mineral y soluciones al 0.9 % , los sueros fisiológicos intravenosos elementales para hidratar a los pacientes y limpiar las heridas, para paliar la contingencia ante el desabastecimiento crónico de insumos médicos que arrastraba el sistema de salud público venezolano antes del sismo.
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