El templo religioso sufrió severos daños estructurales en sus niveles superiores tras el doblete sísmico. Sin ayuda estatal y a la espera de financiamiento para las reparaciones, la feligresía busca alternativas para recaudar fondos y mantener activas las actividades en los salones de la planta baja.

Caracas. En la urbanización Lomas de Urdaneta, en la zona alta de Catia, se erige la Iglesia Parroquial Santos Ángeles Custodios, un templo de impronta arquitectónica belga que durante más de 20 años sirvió como punto de encuentro para la comunidad católica local.

Casi tres meses después del terremoto, la edificación enfrenta severos daños en su infraestructura. Paredes fracturadas, vigas metálicas desalineadas, escombros acumulados y pasillos cerrados por seguridad evidencian el impacto del doblete sísmico, una secuencia de dos terremotos seguidos, en este espacio religioso del oeste caraqueño.

De acuerdo con las declaraciones del presbítero Neptalí Balza, vicario general de la Arquidiócesis, segundo al mando de la autoridad eclesiástica regional, de las 100 iglesias que integran la circunscripción eclesiástica, el territorio bajo jurisdicción de una diócesis, al menos 25 sufrieron daños de distinta magnitud tras los sismos.

Durante un recorrido, el equipo de Crónica Uno constató las secuelas que dejaron los terremotos en esta edificación. Las afectaciones se concentran en las áreas superiores, fuertemente golpeadas por la onda sísmica que agrietó paredes y suelos.

Algunas paredes deben ser derribadas. Foto Betania Franquis

Aunque la parroquia Santos Ángeles Custodios fue fundada el 8 de abril de 1956, durante años la comunidad religiosa se congregó en salones prestados dentro de los superbloques, los complejos residenciales multifamiliares de gran escala, de Lomas de Urdaneta.

La construcción de la estructura actual de cinco pisos culminó a finales de los noventa y alberga dos templos: uno pequeño en el nivel superior, a la altura de la calle, y otro más amplio en la planta baja, consagrado el 2 de octubre de 1998 durante la festividad de los Santos Ángeles Custodios.

Dos décadas de fe bajo el amparo salvatoriano

Esta parroquia coordina la labor pastoral en comunidades locales como la Capilla 12 Apóstoles, Santo Cristo El Amparo, Divino Niño Jesús, San José y San Miguel. Su atención está a cargo de los Salvatorianos, una congregación religiosa internacional de la Iglesia católica fundada en 1881 por el sacerdote alemán Beato Francisco María de la Cruz Jordán.

Durante más de 20 años, el templo se consolidó como un espacio de oración y encuentro para cientos de vecinos de Catia. Además de la celebración de misas, jornadas de fe y labor social, el recinto cuenta con un cinerario, un depósito destinado al resguardo digno de las cenizas de los difuntos.

Iraida Pérez, secretaria del despacho de la iglesia, explicó que la sacudida afectó la estabilidad de los cerramientos en la planta alta. La edificación de aproximadamente 25 años está construida con estructuras  metálica, y columnas ancladas en la montaña que amortiguaron el impacto de los temblores.

Sin embargo varias paredes no resistieron el impacto de los dos terremotos. Se abrieron dejando ver el interior de ladrillos. Durante el recorrido el equipo constató el resquebrajamiento de varias paredes, 

«Esta parte de arriba tiene una estructura metálica antisísmica. El movimiento fue muy fuerte y lo que hizo fue que se zafaron las paredes. Hay paredes totalmente comprometidas que hay que derribar, como todas las del lado derecho que dan al frente de la iglesia»,

señaló Pérez.

Entre salones clausurados y escombros

En el gran salón de usos múltiples , espacio destinado históricamente a las clases de catecismo, encuentros comunitarios, talleres de confirmación y festejos religiosos, el deterioro es evidente. Las paredes permanecen desprendidas de los marcos y varias vigas muestran fracturas por el impacto de las réplicas y las lluvias.

Pérez detalló que la viga principal que sostiene el área del ventanal sufrió un desprendimiento de la pared contigua, por lo que requiere un trabajo de engrape y reforzamiento con andamiaje especializado.

Las autoridades de la Arquidiócesis de Caracas realizaron la evaluación técnica de los daños. A mediados de julio, un equipo liderado por el sacerdote e ingenieros civiles estructurales visitaron la estructura para levantar la información física.

El diagnóstico determinó que la planta baja y los pilotes principales no sufrieron daños en su base, lo que permitió autorizar el traslado de mobiliario y despejar las zonas de mayor riesgo.

Fe entre ruinas

La crisis de infraestructura alteró la rutina religiosa de las más de 200 personas que acuden semanalmente al templo, pero no mermó la fe. Ante el riesgo que representan los pisos superiores y la cúpula, la comunidad optó por adaptar espacios provisionales para los oficios religiosos.

  • Celebración dominical: durante varias semanas, las misas principales se realizaron al aire libre en el estacionamiento del complejo.
  • Reubicación interna: a partir de la semana del 19 de septiembre, los fieles retornaran al salón principal de la planta baja, área levantada sobre bases de concreto que no sufrió fallas estructurales.
  • Espacios inhabitables: tres de los cinco niveles del edificio permanecen cerrados al público, entre ellos la cúpula y la casa cural.

Sin auxilio gubernamental y a la espera de apoyo

Pérez confirmó que el templo no ha recibido inspecciones ni asignaciones de presupuesto por parte de los organismos del Estado. Las gestiones actuales se concentran en la búsqueda de aportes de la empresa privada y organismos internacionales a través de la Arquidiócesis de Caracas, ente al que remitieron los informes técnicos y los presupuestos de reparación, que asciende a miles de dólares.

«La Arquidiócesis atendió la situación y levantó la información. Nos explicaron que la prioridad oficial se centró en las estructuras habitacionales y en los templos catalogados como patrimonio cultural. Mientras tanto, nosotros seguimos en la lista de espera y necesitamos ayuda económica directa para reconstruir», enfatizó la vocera.

Para sostener los gastos de mantenimiento y avanzar en los arreglos de las paredes agrietadas, la parroquia mantiene activa una cuenta de recolección de fondos entre los mismos vecinos y feligreses de Catia, quienes apuestan por la recuperación total de su espacio de fe lo antes posible.

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