Gobierno de Maduro maneja a su antojo toda información relacionada con COVID-19

“La desinformación es un hecho político, la opacidad es una política en Venezuela”, bajo esa premisa la organización no gubernamental Transparencia Venezuela encabezó el foro virtual: «Desinformación y opacidad en pandemia: ¿Una política?», con la participación del doctor Gustavo Villasmil, de la periodista Ana Carolina Griffin y del profesor y también comunicador Isaac Nahon Serfaty. …   leer mas

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información relacionada con COVID-19

“La desinformación es un hecho político, la opacidad es una política en Venezuela”, bajo esa premisa la organización no gubernamental Transparencia Venezuela encabezó el foro virtual: «Desinformación y opacidad en pandemia: ¿Una política?», con la participación del doctor Gustavo Villasmil, de la periodista Ana Carolina Griffin y del profesor y también comunicador Isaac Nahon Serfaty.

Caracas. El virus es lo que ha llegado a ser hoy y lo que será en un futuro por cómo se difunden públicamente los datos. No solo es importante por el hecho biológico y viral, sino por el fenómeno de opacidad y desinformación en la que este está envuelto, principalmente en Venezuela, donde el Gobierno maneja a su antojo toda la información relacionada con la COVID-19.

Yonaide Sánchez, socióloga y coordinadora de Transparencia Venezuela, argumentó que diversos organismos internacionales han estado alertando sobre la necesidad de proteger la transparencia de la información, sobre todo en caso de emergencia humanitaria como el que atraviesa el país.

Sánchez apuntó que hace una semana la Alianza Regional para la Libertad de Expresión e Información elaboró unas propuestas de principios vinculadas con la protección del derecho a la información pública, y, entre otros asuntos, destaca la necesidad de transmitir los mensajes a las poblaciones vulnerables.

También comentó que el 27 de abril las organizaciones de la sociedad civil de Alianzas para el Gobierno Abierto publicaron un comunicado sobre COVID-19 y exigieron una gobernanza con transparencia:

“Son muchos los que han alertado acerca de las medidas tomadas y que son necesarias, pero otras pareciera que responden a otras lógicas que no tienen que ver con protección de la salud y la vida de las personas. COVID-19 es un hecho sanitario, y un hecho político, es la manera de manejar la información. Puede ser una estrategia para exigir más democracia y también para mantenerse en el poder”. 

Esas palabras de Sánchez dieron comienzo al foro virtual: «Desinformación y opacidad en pandemia: ¿Una política?», con la participación además del doctor Gustavo Villasmil, de la periodista Ana Carolina Griffin y del profesor y también comunicador Isaac Nahon Serfaty.

A continuación, resumimos en breves cápsulas la intervención de Gustavo Villasmil, médico internista, doctor en Ciencias Políticas, profesor universitario y miembro Comisión Asesora en Salud de la Asamblea Nacional:

1.- Lo que llegue a ser la COVID-19 más allá de la biología, de la antropología, de la geografía, dependerá de la información. En el caso venezolano, por ejemplo, toda la estadística epidemiológica fue convertida, de la noche a la mañana, en información de seguridad de Estado.

2.- Los primeros enfermos diagnosticados con neumonía a causa de un virus, cuyo nombre es SARS-CoV-2 el agente de la enfermedad COVID-19, se identificaron en diciembre de 2019. Un colega oftalmólogo, probablemente el primer médico en el mundo que llamó la atención sobre la aparición inusual de casos de neumonía por un nuevo virus, parecido en algo a uno que ya habían visto los chinos en el año 2002, hizo los reportes correspondientes e incluso terminó contagiado. 

La respuesta que dio el régimen chino fue poner preso al especialista (que luego muere) y conminar a una de estas autocríticas de tipo revolución cultural de Mao Tse Tung. La República Popular de China sabía del COVID-19 por lo menos desde diciembre de 2019, e informó a la OMS, el cual como organismo observador también estaba al tanto desde esa fecha. Y lo digo con toda la responsabilidad del caso, pero ambos incurrieron en reticencia dolosa de información, pues sabían lo que estaba pasando y no lo compartieron con más nadie.

3.- Eso tuvo su expresión aquí en Venezuela, porque igual el Estado incurre en una reticencia de información, cuando, en primer lugar, se constituye en el único órgano legítimo de cualquier comunicación. En otras palabras, si el Gobierno no lo dice, en Venezuela no pasa nada.

4.- Mi colega María Eugenia Landaeta, el pasado 24 de abril, dijo a un medio nacional que en el Clínico Universitario ven no menos de 60 casos diarios de enfermos sintomáticos respiratorios y que por lo menos a 10 les toman muestras para determinar el virus. Y nunca tuvieron acceso a los reportes, pues son estudios cuya tecnología está en manos del Estado vía Instituto Nacional de Higiene. Entonces, si no hay información, no hay hecho alguno.

5.- Esa práctica es propia de estos tipos de regímenes. La otra es la diseminación de la información relacionada con COVID-19. El gran ausente es el ministro de salud, los voceros son los militares. Y esto se da bajo una premisa de comunicación muy peligrosa: ojos que no ven, corazones que no sienten.

6.- A eso hay que agregar un tratamiento absolutamente formal de una precariedad técnica, que nada tiene que ver con la toma de decisiones concretas. Tenemos hospitales con personal sin equipo de protección, con instalaciones precarias, sin agua y sin aire acondicionado en las llamadas áreas de atención de aislamiento.

7.- La información se da tardía por la vía de ruedas de prensa nocturnas y en cadena nacional, y además está prohibido hacer conjeturas de aquellas decisiones relacionadas con la toma decisiones. Desde mucho antes se ha estado alertando sobre los modelos matemáticos, los del pediatra Alejandro Rísquez, los de Las Academias, técnicas usadas en otros países del mundo y aquí se ven como peligrosos. 

8.- Además hay otros discursos: «el virus es un problema de ricos y de los vuelos de Iberia», que «por la cuarentena el virus pasó de largo», «aquí va a ser leve por la cosa tropical y el calor». Eso es una falta de seriedad imperdonable en el manejo de toda la información relacionada con COVID-19.

9.- Y lo grave es que el aislamiento amenaza con ser un instrumento o herramienta de control social y político en medio de una situación social crítica, falta de alimentos, servicios deficientes, escasez de gasolina, sin mencionar otros daños colaterales como la escolaridad perdida, la quiebra de la economía y de muchos emprendimientos pequeños que le venían dando oxígeno a las comunidades.

10.- La información es vital para la toma de decisiones. Se sabe lo que el Gobierno quiere que se sepa y, en consecuencia, opera una suerte de verdad oficial y al que asuma lo contrario le ofrecen golpes en su puerta.

El falso coronavirus

Todo eso que se dice a través del discurso tiene un impacto mediático. Pero, ¿qué hay de cierto en todo, qué se deja en el camino, quién verifica toda la información relacionada con COVID-19?

Este coronavirus se desarrolla en una de las redes sociales con alta influencia en la población.  Además es una enfermedad completamente nueva que la hace más susceptible a que haya información y contrainformación.

Sobre el particular, la periodista Ana Griffin, jefa de redacción del portal de verificación de noticias Espaja.com, destacó que es un tema que genera mucho miedo, pues está relacionado con la salud y, más allá, con la posibilidad de morir, “por tanto, es muy apetecible para tener poder, en el caso de algunos gobiernos autocráticos».

Aquí su análisis:

1.- La política de opacidad que está en los otros ámbitos del Gobierno no es diferente para el tema de la pandemia. El Estado maneja toda la información relacionada con la COVID-19.

2.- Hemos registrado desde el 21 de febrero hasta el 22 de mayo que 46 % de las verificaciones registradas en Espaja.com están relacionadas con el coronavirus 2019. 

3.- Trabajamos en estos últimos meses no tanto las decisiones editoriales para poner en páginas esas noticias, sino con lo que llega a través de Whatsapp. Ese 46 % refleja las informaciones que los ciudadanos consideran potencialmente falsas. De ese porcentaje, 56 % resultaron equivocadas, dato relativamente igual a la misma tasa registrada en el tiempo de funcionamiento de la página; 60,3 % hasta ahora. Es decir, que no hay una gran diferencia entre el tratamiento del virus y el resto de las noticias. Claro está, no tomamos en cuenta solo la de los voceros del Gobierno, sino también aquellas distribuidas en las redes sin autoría.

4.- Igual hemos analizado el tratamiento cualitativo de la informaciones con voceros del gobierno y no solo tienen una gran opacidad en manejo de las cifras, sino que cada vez más aprovechan el escenario para manejarlo políticamente, como cuando hacen mención al presidente de Gustavo Duque de Colombia.

5.- Y, usando el término de la curva aplanada, nos llama la atención que en materia informativa en nuestro portal se aplanó la tendencia en alta del coronavirus. Lo que vimos en marzo,  no es lo mismo observado en abril y mayo: como tema ha venido bajando porque el resto de los problemas en el país, agua, luz, comida, gas, gasolina, han tenido más protagonismo. Ahora hay muchos fakes en temas colaterales al coronavirus y, si comparamos con otros portales internacionales de verificación, es posible que el virus siga teniendo más presencia, pero aquí no está sucediendo.

Fragmentación, opacidad y política

Isaac Nahon Serfaty, periodista y profesor de Comunicación para la Salud y Comunicación de Crisis en la Universidad de Ottawa (Canadá), aprovechó su turno para reflexionar un poco sobre la fragmentación de la información y cómo eso contribuye a la opacidad y en la impresión de transparencia, este último un fenómeno muy usual en líderes de corte carismático, como el fallecido Hugo Chávez.

1.- La fragmentación de la información es algo muy común en el área de la salud, pero es un fenómeno en el que lo observados es la confrontación de un punto de vista distinto y a veces contradictorio sobre una misma enfermedad o condición. Lo he estudiado en el caso de la diabetes, y esa diatriba, en este caso, está relacionada con el origen de la enfermedad, en cómo tratarla, cómo prevenirla.

2.- Ahora se ha relacionado mucho con la pandemia del COVID-19, pues corresponde a la propia dinámica de una enfermedad nueva, porque el conocimiento va evolucionando y vamos observando esas contradicciones  aparecidas en los medios, las cuales se van ajustando, y pudiéramos decir que la ciencia de alguna manera progresa gracias a esas contradicciones. 

3.- Así que hay una fragmentación que podríamos llamar «legítima y comprensible» relacionada con la evolución del conocimiento científico, pero hay una que responde a intereses de todo tipo y, hoy por hoy, esa se reproduce gracias a las redes sociales y a las plataformas tecnológicas digitales. Eso contribuye mucho a la opacidad y, a veces, esto último está alimentado por instituciones que consideramos como respetables. Pongo como ejemplo el uso de la mascarilla: es un tema en el cual pareciera que hay consenso, sin embargo, la misma OMS dijo que no estaba probado, luego tenemos a líderes políticos como Trump que aunque su centro de enfermedades infecciosas recomienda el uso dice que no se la va a poner por lo menos en público. Ese es un caso de fragmentación y está pasando con la información relacionada con COVID-19.

4.- Todo este debate en vez de dar una visión consensuada de lo que debe ser, afianza una visión distinta y evita un poco que, en ciertos casos, se sigan estos lineamientos comunes en salud pública.

5.- Otro aspecto es el relacionado con este tratamiento para la malaria, la hidroxicloroquina. Por ejemplo, un médico francés insistía en su eficacia y ahora sabemos de algunos estudios donde aparece un lado oscuro conectado con posibles efectos secundarios.

6.- Hay factores adicionales que alimentan la fragmentación de la información en estos tiempos de pandemia:  las teorías de conspiración, que atribuyen la pandemia a intereses, laboratorios, poderes, e incluso la idea de que esto no es tan grave y que ha sido ideado por los medios, pues quieren controlar a la sociedad. Todo eso alimenta todas estas fricciones contradictorias.

7.- Y lo que se debe hacer es ser muy prudente con la información. Lo llamo desfragmentar el mensaje y darle sentido. También es importante identificar fuentes confiables, como las academias y portavoces de las universidades, en el caso de Venezuela, cuando se trate de información relacionada con COVID-19.

8.- Una tercera posición es dudar de todo aquel que diga tener el 100% de la verdad, en este caso nadie la conoce. Alguien asegurando que se trata de un virus de laboratorio o que se cura con una hierba pero los farmacéuticos no lo quieren decir, de esa persona se debe dudar.

9.- La transparencia puede resultar a veces engañosa. Hay líderes comunistas que se muestran a sus ciudadanos como los únicos que les están diciendo la verdad, se presentan como auténticos y esa es una impresión de transparencia. Hablan con un discurso similar al que quiere escuchar el pueblo y eso es muy peligroso, es una forma de saturar de informaciones, es la transparencia  grotesca. Hugo Chávez la tenía y la usan los regímenes autoritarios para anular el pensamiento crítico, fundamental en el trabajo del periodista.

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