Tras los terremotos, la capacidad de respuesta frente a esta emergencia sanitaria es compleja. El colapso estructural de las redes de agua potable y el desplazamiento forzado de miles de familias damnificadas que permanecen en campamentos suponen un desafío ante la circulación de infecciones y virus en temporada de sequía.
Caracas. Tanto en las calles como en los hogares, las altas temperaturas causan estragos. El calor sofocante anticipa la llegada del fenómeno El Super Niño, un evento climático que genera sequías e intensas precipitaciones simultáneamente, lo que favorece la circulación de virus e infecciones que, de no tratarse, pueden derivar en brotes severos e incluso la muerte.
Sin embargo, tras los terremotos registrados el 24 de junio pasado, la capacidad de respuesta frente a esta emergencia ambiental se volvió aún más compleja. El colapso estructural de las redes de agua potable y el desplazamiento forzado de miles de familias hacia campamentos y refugios dispararon las alertas de salud pública en las zonas afectadas.

Cifras oficiales confirman que casi 21 mil personas damnificadas por los sismos sobreviven en campamentos temporales ubicados entre Caracas y La Guaira. La ausencia de un suministro constante de agua segura y la escasez de baños portátiles impiden cumplir con las normas básicas de higiene personal y saneamiento, no solo en los refugios sino también en las viviendas.
Esta deficiencia expone a la población a infecciones gastrointestinales, enfermedades respiratorias y vectores, los organismos vivos que transmiten agentes infecciosos entre personas o de animales a humanos, transmitidos por mosquitos y roedores.
Frente a esta realidad en la que la prevención resulta fundamental, el acceso a agua segura se convierte en el pilar básico para el lavado de manos y la correcta preparación de los alimentos. Sin embargo, datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi) 2025 revelaron que, aunque el 78 % de las viviendas está conectada a la red de tuberías, apenas el 19 % recibe el servicio de manera continua todos los días.
En medio de una crisis hídrica, precariedad de servicios, sequías prolongadas y temperaturas extremas que se prevén hasta inicios de 2027, Patricia Valenzuela, expresidenta de la Sociedad Venezolana de Infectología, alerta a la ciudadanía sobre las infecciones vinculadas a esta realidad y detalla medidas básicas de higiene para frenar contagios y posibles brotes comunitarios.
Riesgos biológicos e infecciones
En hogares y campamentos, un acto tan básico como lavarse las manos a veces suele pasarse por alto. Sin embargo, Valenzuela señaló que el consumo de agua no potable y la falta de higiene provocan diversas infecciones gastrointestinales.
Entre las más comunes están la diarrea, la disentería, un trastorno inflamatorio del intestino que provoca evacuaciones con moco y sangre, y la hepatitis A, causada por un virus que inflama el hígado.

La especialista indicó que existen bacterias específicas que atacan el sistema digestivo como la Escherichia coli, que genera diarreas severas, además de la Shigella y la Salmonella, causantes de afecciones como la shigelosis y la salmonelosis.
“Cuando las personas no lavan sus manos con agua limpia, también surge el riesgo de contraer fiebre tifoidea o infecciones por Campylobacter jejuni. Los parásitos representan otra causa frecuente de malestar intestinal. La Entamoeba histolytica destaca por producir disentería, una condición caracterizada por evacuaciones líquidas continuas que presentan moco o sangre”.
Asimismo, el parásito Giardia lamblia altera el tránsito intestinal y genera fuertes molestias estomacales. Valenzuela advirtió que, además de las infecciones del tracto intestinal, en temporada de sequía suele aumentar la transmisión de virus respiratorios como el SARS-CoV-2, la influenza, el virus sincitial respiratorio, un patógeno común que afecta las vías respiratorias y los pulmones, el rinovirus y el adenovirus.
Estos agentes se propagan fácilmente cuando las gotas emitidas al estornudar o toser entran en contacto con manos no lavadas.

Por otra parte, el almacenamiento inadecuado de agua facilita la reproducción de mosquitos. Los recipientes destapados y el agua estancada funcionan como criaderos para las especies Aedes aegypti, conocido como patas blancas, y Aedes albopictus, llamado popularmente tigrito. Ambos insectos transmiten enfermedades graves como el dengue, el zika y el chikungunya.
Higiene en el hogar y en los refugios
La especialista enfatizó en la necesidad de mantener el saneamiento ambiental tanto en las viviendas como en los refugios temporales, ofreciendo recomendaciones prácticas sobre el manejo de agua limpia y el aseo en general.
- Para almacenar agua en las casas de forma segura se aconseja usar recipientes plásticos de colores claros, con boca ancha y tapas herméticas. Además, la especialista insiste en lavar muy bien estos envases con agua y jabón antes de usarlos, así como evitar aquellos tanques o botellas que antes contenían aceites, pinturas, solventes o detergentes.
- El agua debe hervirse a fuego alto entre 3 y 10 minutos a partir del primer hervor para eliminar las bacterias y los parásitos. Después, conviene colar el agua con una tela blanca limpia para remover cualquier suciedad residual. Si el agua permanece guardada al día siguiente, es necesario agitar el envase continuamente para evitar que los mosquitos depositen sus huevos.
- En los refugiados y campamentos de tránsito, la tarea de hervir grandes cantidades resulta poco práctica. Por esta razón, se recomienda el consumo de agua embotellada y el uso de filtros purificadores.
- El Lavado de manos debe ser frecuente al regresar de la calle, antes y después de cocinar, antes de repartir la comida y siempre al salir del baño.
Representantes comunitarios de los refugios han expresado su preocupación ante la falta de insumos de limpieza para mantener estas rutinas sanitarias.
Asimismo, la experta subrayó que la gestión de desperdicios en estas áreas requiere una separación cuidadosa. Los residuos del baño, tales como pañales usados, toallas sanitarias y papel higiénico, deben depositarse en bolsas aisladas de los restos de comida. Por último, la infectóloga recordó que madres y cuidadoras deben lavarse las manos obligatoriamente con agua y jabón tras cambiar el pañal de los niños.
Lo que sí y lo que no debe hacer
La especialista desaconsejó la automedicación. Tomar fármacos sin receta puede provocar reacciones alérgicas o interferir con otros tratamientos en curso. Además, los antibióticos no combaten las infecciones virales, aquellas causadas por virus y no por bacterias.

Ante malestares como fiebre, dolor de cabeza o dolores musculares, el único fármaco seguro sin consulta previa es el acetaminofén o paracetamol. La temporada de lluvias suele aumentar los casos de dengue, por lo que la automedicación representa un peligro mayor.
“Si la fiebre persiste más de dos días o si la persona padece condiciones previas, la evaluación médica es obligatoria”, reiteró Valenzuela
El dengue presenta señales de alarma que requieren atención inmediata como: presencia de dolor abdominal fuerte, vómitos, mareos o sangrado en las encías y en la orina. También representan un peligro severo la somnolencia, la falta absoluta de apetito o un dolor de cabeza intenso que no disminuye con analgésicos.

En el caso de las infecciones respiratorias, existen síntomas claros para acudir a la emergencia hospitalaria: tos constante, cansancio al caminar distancias cortas y falta de aire o dificultad para completar las frases.
“Para medir el oxígeno en la sangre, el pulsioxímetro debe colocarse en un dedo seco y templado. Una lectura por debajo del 94 % confirma la necesidad de recibir auxilio médico inmediato”, advirtió la experta.
Valenzuela insistió en el llamado a acudir a los centros de salud más cercanos ante cualquier síntoma de alarma para prevenir complicaciones comunitarias.
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