En este centro no hay resonancia, no hay tomografía, no hay para una rayos x normal; la sangre que llega del Banco de Sangre solo tiene serología, no la envían con genética y por eso los pacientes transfundidos adquieren anticuerpos, esteroides, antialérgicos, hepatitis C. Tampoco hay agua y este miércoles no había quimioterapias.   

Caracas. “Los niños con talasemia van a seguir muriendo. Ellos saben lo que les espera. Tienen un año sin recibir el quelante, el medicamento que elimina el exceso de hierro en la sangre luego de las transfusiones. Sin ese fármaco se compromete el corazón, el hígado y órganos endocrinos. No hay forma de prolongar la supervivencia si no se les elimina el exceso de hierro”, decía con angustia la doctora María Rivero, especialista  del servicio de Hematología.

Todos los niños, con patologías oncológicas o no, del hospital J. M. de los Ríos están en riesgo de muerte. Ya no es una cuestión de salir en los medios o por las redes, con sus cabezas peladas o tapabocas. Es una emergencia humanitaria lo que viven. 

“El J. M. es la referencia de un hospital pediátrico en todo el país. Antes recibíamos pacientes de Latinoamérica, ahora firmamos referencias para que se vayan a Colombia o a República Dominicana, pues el hospital no garantiza su derecho a la salud”, señaló la doctora Susana Pachano

Cristina, de 17 años, con su andadera y su tapabocas, dio la cara por su servicio. Desde el año de nacida tiene talasemia mayor, y desde 2016, lupus. Ella está desprotegida, aunque sus papás hacen lo humanamente posible para mantenerla con vida.

Sus compañeros de servicio y las enfermeras la llaman miss, por su porte de pasarela que no le quitan los dolores que le produce el lupus. Oculta su enfermedad con amabilidad y con muchos sueños. Quiere vivir a toda costa. Sin embargo, el pronóstico de quienes luchan por sus vidas es que van a seguir muriendo.

Pero este miércoles, justo el día en que se celebra el 30 aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, llegó al hospital y no había reactivos, no había agua y en la sala de espera del servicio no había aire acondicionado. Sus derechos a la salud completamente vulnerados.

Foto: Gleybert Asencio

No es la primera vez que sale a la luz pública. El 6 de noviembre pasado también denunció las precariedades que padece. Pero su queja no movió la fibra de las autoridades del hospital. A la fecha no ha habido pronunciamiento. 

Lo que dicen es que no hay presupuesto, mencionó la doctora Sonia Sifontes, de la Sociedad Médica.

Este 20 de noviembre tampoco había laminillas, ni quimios. Igual en Oncología, donde la situación pinta para peor. Yulian Dumond llevó a su hija de 14 años, quien tiene un tumor en el tallo cerebral, para no encontrar nada. Tampoco le puede comprar medicamentos básicos, como ibuprofeno, Miovit y complejo B.

Ella estaba junto con otros padres, médicos, enfermeras y los representantes de las organizaciones no gubernamentales Prepara Familia y la Redhnna denunciando que el hospital muere de mengua y los niños van a seguir muriendo.

Fue significativo que sobre la emblemática estatua que está en la entrada del centro asistencial se colocaron los nombres de los fallecidos y una caja con los zapatos de muchos de ellos que fueron donados por sus padres.

Foto: Gleybert Asencio

Los zapatos y los nombres forman parte de los símbolos de la protestas que los pacientes mantienen viva. No regresarán los que se fueron, pero no queremos sumar más nombres, repetía Katherine Martínez, directora de Prepara Familia, quien leyó un comunicado promovido por la Redhnna, en donde plasmaron como exigencia que 2020 sea el año de la implementación de un plan de respuesta humanitaria con el apoyo de las agencias de Naciones Unidas en Venezuela, y que realmente represente un aporte a la rectificación de las políticas del Estado que han generado graves daños con consecuencias humanitarias masivas a la infancia, presente y futura.

seguir muriendo
Foto: Gleybert Asencio

El mismo 6 de noviembre el médico José Garibaldi dijo que el servicio de Cardiología va a cerrar en diciembre. Este miércoles 20 la doctora María Eugenia Rivero comentó que Neumonía va por el mismo camino.

“Es toda una problemática la que vemos a diario. Nos sentamos en el escritorio a resolver el día, no podemos ni siquiera planificar una semana. No hay laboratorio, no hay quimioterapias ni medicamentos. A principio de año teníamos 80 % de escasez de medicinas, que luego se corrigió con lo que empezó a llegar de las ayudas. Estamos en estos momentos con 50 % de déficit y pensamos que vamos a cerrar 2019 con más de 80 % de desabastecimiento”, lamentó.

A duras penas está funcionando el laboratorio de coagulación. Actualmente no hay manera de hacerle un diagnóstico a un paciente con hemofilia, solo lo sospechamos, relató la doctora Pachano.

La lista sigue, no hay resonancia, no hay tomografía, no hay para una rayos x normal; la sangre que llega del Banco de Sangre solo tiene serología, no la envían con genética y por eso los pacientes transfundidos adquieren anticuerpos, esteroides, antialérgicos, hepatitis C.

Para el momento de la protesta solo en el servicio de Hematología tenían a 20 pacientes, entre transfusiones y quimioterapias, a los que les estaban colocando hierro endovenoso porque llegan con anemia y cuadros de desnutrición.

La doctora Rivero acotó, además, que ese hierro endovenoso, importado de China, está generando reacciones alérgicas.

Con todo lo que narran, el panorama no es alentador. Los doctores dicen que seguirán en la lucha. Garibaldi indicó que protestó en la cuarta, lo hace en la quinta y lo  hará en la sexta República, y todo por el derecho a la salud, principalmente en este hospital que tiene medidas cautelares dictadas por la CIDH para 14 servicios, y aún son obviadas por el Estado, que no garantiza la efectiva dotación de insumos y equipos médicos para preservar la vida de niños, niñas y adolescentes.

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El doctor José Garibaldi. Foto: Gleybert Asencio

Al final de la jornada de protesta, quienes salían de la consulta revisaron la caja de zapatos y se llevaron los que servían para sus hijos. Katherine Martínez les decía que eran de los niños fallecidos y los beneficiarios solo daban las gracias. “Simplemente agradecidos por la vida. Eso los fortalece ante la indolencia gubernamental”, comentario que dejó en el aire una de las madres cuidadoras del hospital.

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