Los Raptors rindieron homenaje a entrenador asesinado por la PNB en El Valle

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Niños y adolescentes que practicaban baloncesto con su entrenador Diego Digleibert Delgado Landaeta driblaron balones con su uniforme alrededor del ataúd para despedirlo. La víctima, de 31 años, iba a visitar a su mamá en el sector Calderón de la calle 2 de los Jardines de El Valle, cuando le dispararon funcionarios policiales durante un operativo.

Caracas. En la cancha del sector Calderón, en la calle 2 de los Jardines de El Valle, volvió a driblar el balón de baloncesto. Pero esta vez para despedir a Diego Digleibert Delgado Landaeta, entrenador del equipo los Raptors Junior, asesinado por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB). 

Los niños y adolescentes se pusieron la camiseta blanca con bordes grises, que decía en el centro: Raptors. Simularon la rutina de entrenamiento, como lo hacían con Diego. “Uno, dos, tres, cuatro”, repetían los muchachos mientras estiraban las piernas. Luego hicieron algunos juegos amistosos entre ellos, acompañados por un fondo musical animado, cumpliendo la rutina que tenían con su profe. A un lado estaba el ataúd de su entrenador

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Diego entrenaba a los niños y adolescentes de su comunidad para alejarlos de las drogas y la violencia.

Encima del féretro, color crema con bordes dorados, pusieron un cono naranja que usaban en los entrenamientos, flores de varios colores y unos globos verdes, con otro en forma de balón de baloncesto en el centro. También posaron un banderín del equipo que fundó la víctima con dos amigos más.

Diego trabajaba en el montaje de sonido en eventos, con distintas empresas, pero hace aproximadamente ocho meses fundó la academia de los Raptors, porque era aficionado al baloncesto y quería que los pequeños de su comunidad ocuparan su tiempo libre en el deporte para evitar que cayeran en las drogas o delinquieran. Junto con sus amigos recogió colaboraciones entre los vecinos para recuperar la cancha de Calderón.

A Diego lo asesinaron el miércoles 9 de febrero en el sector Calderón, en la calle 2 de los Jardines de El Valle. Minutos antes una comisión de la PNB había entrado a la zona tras miembros de una banda de delincuentes, que según información extraoficial pertenecían a la organización criminal del Loco Leo. 

El hombre, de 31 años, iba a visitar a su mamá y estaba muy cerca de la puerta de la vivienda, cuando los funcionarios le dispararon en la parte posterior de la cabeza. Después no le permitían a sus familiares trasladar a Diego a un hospital, quien aún se quejaba en el suelo. Sin embargo, los vecinos se plantaron ante los funcionarios y pudieron llevarlo a un centro asistencial. Murió en el Pérez Carreño. 

Los policías pusieron en la ficha del hospital que Diego se había enfrentado a ellos. Pero su familia lo desmiente. Un pariente, que no quiso revelar su nombre por medidas de seguridad, contó a Crónica.Uno que la víctima entrenaba a los niños y adolescentes de la comunidad, para alejarlos de la violencia. 

Antes de partir al Cementerio del Sur, a las 11:00 a. m. del viernes 11 de febrero, los más grandes de la comunidad también jugaron baloncesto, frente al ataúd donde estaba Diego. Eran sus amigos. Muchos de ellos usaron camisetas de sus equipos favoritos de este deporte, así como la del equipo Deportivo Calderón. Siempre hubo música aunque a todos les embargaba la más profunda tristeza y derramaban lágrimas por el injusto asesinato del profe de la comunidad. 

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En el homenaje hicieron las rutinas de enfrentamiento que les ponía «su profe» y los más grandes jugaron un partido amistoso.

Se conoció que en la medicatura forense de Bello Monte hubo algunos inconvenientes para entregar el cuerpo de la víctima porque presuntamente había muerto en un enfrentamiento. Sin embargo, lograron retirar el cuerpo para los actos fúnebres. 

Según testimonios que recoge Crónica.Uno en la morgue, quienes fallecen en presuntos operativos que las autoridades catalogan como “resistencia a la autoridad” no pueden ser velados por sus parientes y los funcionarios escoltan los cadáveres directo hacia el cementerio. 

El féretro donde reposaba Diego fue cargado por sus vecinos, amigos y alumnos. Los niños escribieron su nombre en globos, que llevaron en las manos en la caminata hasta la avenida Intercomunal de El Valle, donde también rebotaron los balones antes de partir al cementerio.

Él era muy disciplinado con los niños, si llegaban tarde o se peleaban entre ellos, él los suspendía o les llamaba la atención. El día antes de su muerte lo vi entrenando con los niños en la cancha, siempre fue dedicado al deporte y a rescatar a los niños, dijo una vecina muy cercana a la víctima.

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Diego Delgado era padre de una niña, de siete años. Foto: Cortesía de familiares

Camino al Cementerio General del Sur se escuchaba “Nadie es eterno en el mundo”, de Tito Rojas. Las motos y carros que escoltaban su cuerpo tocaban corneta, durante el último adiós. 

Familiares y vecinos de la víctima exigen justicia y que los funcionarios de la PNB, responsables de ese operativo, asuman las consecuencias. Dejó huérfana a una niña, de siete años. 

Entre 2012 y marzo de 2021 la organización Cofavic registró 12.738 ejecuciones extrajudiciales en Venezuela. Según sus cifras, se demuestra que, sistemáticamente, 99 % de las víctimas son hombres jóvenes, menores de 25 años (80 %) y la mayoría reside en zonas populares.

Además, 60 % de las presuntas ejecuciones suceden durante el desarrollo de procedimientos policiales “que implican despliegues de fuerzas militares y policiales, en algunos casos, con participación de grupos armados civiles que actúan bajo la aquiescencia del Estado”.

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