Migrantes confinados en Zulia denuncian condiciones precarias del refugio Don Bosco

Más de 200 retornados de Colombia denunciaron que deben cumplir cuarentena en el centro de aislamiento Don Bosco que se encuentra en malas condiciones. Desde este miércoles comenzaron a recibir cloroquina como tratamiento para COVID-19 luego de que 20 personas dieran positivo en la prueba molecular.

Maracaibo. El  protocolo de salud para COVID-19 establecido en Venezuela exige que los migrantes que retornen al país deben someterse a pruebas rápidas para detectar su posible contagio con el virus, además de permanecer en cuarentena en el lugar por el que lleguen al país.

El 17 de junio, Lucía –su nombre real queda en resguardo por la seguridad del afectado– junto a su esposo y sus nietos menores de edad, llegaron a La Raya (estado Zulia)  procedentes de Santa Marta, Colombia, luego de visitar a su hija. Ese mismo día las autoridades fronterizas les practicaron la prueba rápida que, aunque resultó negativa, fue el inicio de su calvario. 

La unidad eclesiástica Don Bosco, ubicada en el sector Carrasquero del municipio Guajira, es uno de los espacios habilitados para recibir a repatriados que ingresan a Venezuela por la zona fronteriza, con capacidad para 500 personas. Ahí están Lucía y su familia desde el 19 de junio junto a 260 personas más. Esta semana les informaron que luego de practicar la prueba molecular para la confirmación del virus, 20 personas habían dado positivo por lo que debían permanecer 40 días más en el lugar

Ya no aguanto más, estas no son condiciones para tener a gente que supuestamente está enferma. Nosotros estamos aquí secuestrados, esto es horrible, soltó la mujer con la voz quebrada y débil.

Dijo que deben tomar agua caliente que los oficiales de la Guardia Nacional traen de un río cercano, la misma que usan para el aseo personal, limpiar las zonas de convivencia y cocinar. Calificó de “insalubre” el lugar, pues en la entrada de la cocina tiene cloacas que mantienen una gran cantidad de moscas alrededor.

“Aquí la gente no sale de una diarrea, vómito, fiebres altas y hasta llagas en la boca. Lo que dan de comida muchas veces está descompuesto y si no te lo comes de una vez le salen gusanos”.

La mujer también detalló el menú: “Lentejas con arepa por la mañana, arroz con hueso de cerdo que tiene mal olor para el almuerzo y en la noche pasta sola. A veces le licúan sardina, pero nadie se la come porque no las limpian y los huesitos se muelen, es desagradable. De bebida nos dan un alimento que es licuado con arroz”. 

La familia, oriunda del estado Falcón, ha permanecido 36 días en el refugio, tiempo que para sus nietos es interminable. “Me dicen: ‘Abuela ya no quiero estar más aquí, esto es feo’. Decidieron ir a Colombia porque los niños querían ver a su madre. “Fuimos solo de visita por una semana y nos agarró esto por allá. Nos devolvimos porque mi esposo podía perder su trabajo. Aunque sabíamos lo que estaba pasando, jamás me imaginé tanto maltrato, estas malas condiciones y menos que nos iban a dejar secuestrados aquí, porque nosotros no somos trocheros, somos venezolanos que merecemos dignidad”.

De acuerdo con cifras suministradas por Migración Colombia, desde que comenzó la pandemia más de 90.000 venezolanos han retornado. “El número de venezolanos que ha dejado de forma voluntaria el país rumbo a Venezuela en medio de la pandemia ha superado ya los 90.000, informó este 21 de julio Migración Colombia, entidad del Gobierno colombiano encargada de los asuntos migratorios”, reseñó France 24.

Según las cifras de la entidad colombiana, un 76 % de los migrantes atravesó hacia el país vecino por el puente internacional Simón Bolívar, situado en el departamento de Santander, al noreste de Colombia y fronterizo con Venezuela, mientras muchos otros lo han hecho de forma irregular por otros puntos de la frontera. Se calcula que mas de 5 millones de venezolanos salieron del país en en los últimos años huyendo de las condiciones políticas y económicas de la nación.

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Sin medicinas

“Aquí al que le duele algo se tiene que aguantar, porque no hay medicinas”, dijo Lucía al tiempo que reclamó que su nieta pasó tres días con fiebre y no recibió atención. “La doctora me dio una medicina vencida y pretendía que se la diera a una niña de 10 años, cuando le reclamé me dijo: ‘Es lo único que podemos darle’. Mi niña bajó de peso y estuvo una semana mareada. Gracias a Dios y a la ayuda del sacerdote de aquí, no se me fue”.

Esta semana están recibiendo cloroquina como tratamiento para el COVID-19. “Hay personas que no se la toman y guardan las pastillas, otras han tenido reacción o alergias. A los niños les dan ácido fólico y Nutriforte, pero desconocemos por qué nos dan a todos el mismo tratamiento. Estamos nerviosos, aterrados porque ellos entran al comedor primero que nosotros, no hay control, entonces yo me pregunto: ¿Acaso no vamos a salir de este lugar más nunca?”.

El 17 de junio de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció la interrupción del grupo de tratamiento con hidroxicloroquina del ensayo Solidaridad, con el que se pretende encontrar un tratamiento eficaz contra la COVID-19. 

Los datos del ensayo Solidaridad y los resultados anunciados recientemente del ensayo británico Recovery indican que la hidroxicloroquina no reduce la mortalidad en los pacientes hospitalizados por COVID-19, cuando se compara con el tratamiento de referencia.

Florencio Cudde, infectólogo, confirmó que el tratamiento con cloroquina para pacientes con COVID-19 “no es recomendable para nada”. Explicó que en ninguna parte del mundo se usa la cloroquina.

Está demostrado que no hay diferencia entre usarla o no, porque no hace nada. La única diferencia es que los que la usan se enferman más del corazón que los que no la usan. A los cardiópatas e hipertensos les produce arritmia cardiaca. Están tomando un medicamento que no sirve, igual que la ivermectina.

Medidas desesperadas 

Lucía confesó que en el tiempo que ha pasado ahí será una experiencia difícil de borrar. Desde sesiones de espiritismo hasta intentos de suicidio han tenido que presenciar. “Hace 15 días un muchacho intentó quitarse la vida. Se tomó más de 30 pastillas y aquí lo trataron mal, lo encerraron tres días en un cuarto castigado. El guardia le dijo: ‘Si vuelves a hacer eso te muelo a palos”.

Lo peor ha sido tener que ver a una mujer sufrir por dolores de parto sin que nadie la atendiera. “Dio a luz a las 4:00 de la madrugada y le tocó a sus compañeros asistirla porque los doctores no la atendieron. La ambulancia llegó al día siguiente, gracias a Dios está bien, pero sigue aquí con su bebé”. 

Por ahora, los 260 migrantes retornados que permanecen aislados en esta zona rural del Zulia confían en que pronto Migración les entregue sus documentos de identificación, que les mantienen retenidos, para poder irse a sus ciudades de origen en 40 días más. Antes de colgar el teléfono, Lucía respiró profundo y dijo: “Solo pido que nos ayuden, no sabes cómo extraño mi casa, pero por ahora espero salir con vida de aquí”.

El estado Zulia ocupa el primer lugar del país en la cantidad de contagiados con 2598 casos hasta el jueves 23 de julio, mientras que el país totaliza 13.613 casos de los que 129 han fallecido.

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