Ante el bajo poder adquisitivo, familias en Caracas compran por partes la lista escolar, que ronda entre 30 y 100 dólares. Los representantes recorren ferias en Chacaíto y Parque Carabobo para asegurar los materiales básicos antes del regreso a clases, previsto para el 14 de septiembre próximo.
Caracas. En las ferias escolares de Caracas sobra mercancía, pero falta presupuesto. Entre combos coloridos y carpas llenas de útiles, Andrea* recorre los puestos de Chacaíto con una calculadora mental que no da tregua. Luego de una primera visita fallida en la que el dinero no le alcanzó para la lista escolar de sus tres hijos, regresa en solitario a comparar precios, hojear presupuestos y comprar por partes lo estrictamente necesario para el regreso a clases.
Con la mirada cansada y la frente sudorosa, revisa precios, toma notas en las hojas dobladas que lleva en la mano y compara opciones antes de decidir. Frente al puesto de Olga, comerciante con una década en la feria, quien sostiene su calculadora con manos acostumbradas a contar billetes, Andrea hace una pausa larga, vuelve a sacar cuentas y finalmente concreta una compra.
“Es la segunda vez que vengo porque la primera vez no pude llevarme todo. Hoy gasté 60 dólares y todavía me faltan los libros”, detalla a Crónica Uno. Aunque en el colegio no le exigieron la lista completa para el primer día, espera adquirir al menos lo esencial antes de mediados de septiembre.
El año escolar 2026-2027 comenzará el próximo 14 de septiembre, luego de que el período anterior concluyera de forma imprevista por los sismos registrados en el país el 24 de junio pasado.

A pocas semanas del reinicio de clases, los representantes, término utilizado en el país para referirse a los padres o tutores legales, recorren los puestos del centro y Chacaíto, un tradicional sector comercial en el este de la ciudad, en busca de ofertas y compras fraccionadas, condicionados por el bajo poder adquisitivo frente al costo del material escolar.
Compras por partes
Mientras observa las bolsas a medio llenar con evidente frustración, Andrea continúa su recorrido. Es madre soltera y trabajadora independiente; sus ingresos apenas cubren la alimentación y los servicios básicos del hogar.
Su hija mayor, Ingrid*, de nueve años, cursa cuarto grado y requiere una lista menos extensa que la de sus hermanos morochos, expresión común para referirse a los hijos gemelos o mellizos, de siete años, quienes ingresan a segundo grado.
“Los libros de los morochos son los más caros. Pregunté en la avenida Fuerzas Armadas (un céntrico corredor célebre por la venta de libros usados y nuevos) y cada texto cuesta 40 dólares. Son tres libros por cada uno. No sé cómo voy a hacer con eso, por ahora salgo primero de los cuadernos”,
relata con la calculadora del celular abierta.

La compra fraccionada es una constante en la feria. Olga*, vendedora en Chacaíto, mientras acomoda los cuadernos en el mostrador, explica que la mayoría de los padres llega con listas largas para adquirir los artículos progresivamente.
“Compran lo más urgente y dejan el resto para después. Hay personas que vienen cada quincena y se llevan de a dos libretas hasta completar lo que piden las maestras”, señala.
Olga indica que las ventas se han mantenido lentas desde la apertura a mediados de agosto. Para la vendedora esta dinámica está asociada a los gastos imprevistos por los sismos y a la pérdida del poder de compra. Para estimular el flujo de clientes, ofrece descuentos según la modalidad de pago y busca ajustar los costos a presupuestos reducidos.
Ofertas y combos
En el centro de Caracas, la presencia de ferias escolares ha disminuido en comparación con años anteriores. Esta temporada destacan dos puntos principales: la plaza Parque Carabobo y la plaza El Venezolano, esta última con menor número de puestos. En contraste, el Centro Comercial Expreso Chacaíto dispone de espacios más amplios que concentran papelería, textos y uniformes.

Los precios varían según el local y las promociones disponibles. Una lista básica, con cuadernos, lápices, sacapuntas, creyones, como se denomina localmente a los lápices de colores, borradores y reglas, ronda los 30 dólares.
Al añadir textos escolares o uniformes, el monto asciende a entre 80 y 100 dólares. Los comerciantes señalan que los precios fijados en divisas se han mantenido estables respecto al año anterior.
“Armamos diferentes combos. El más sencillo cuesta 6 dólares y el más completo llega a 40 dólares, según lo que busque la persona. También tenemos una oferta de seis libretas por 5 dólares”, explica Gabriel Uzcátegui, vendedor en Parque Carabobo.

Gabriel añade que en las últimas dos semanas las ventas decayeron por las lluvias habituales de la temporada, que obligan a cerrar temprano. A esto se suma la alta competencia en la zona. Sin embargo, destaca un balance positivo en comparación con el año pasado: “Ha sido bueno en la zona, se ha podido comerciar bastante”.
El golpe del dólar
Paralelamente, Alberto recorre Parque Carabobo para adquirir el material de su hijo, estudiante de un colegio subsidiado, una institución privada financiada parcialmente por el Estado para ofrecer cuotas accesibles, de Caracas.
Revisa la pantalla de su teléfono móvil mientras divide los gastos con la madre del niño, quien prefirió comprar los útiles en una sola jornada para evitar el impacto del ajuste diario en la tasa cambiaria.
“Ya compramos la papelería, las resmas y los cuadernos. Nos falta el uniforme y un solo libro. Este año el gasto en textos fue menor porque solo pidieron uno, a diferencia del año pasado cuando fueron tres libros y pagamos cerca de 90 dólares solo por ellos”,
relata.

El salario mínimo oficial se mantiene en 130 bolívares desde 2022. Aunque el ingreso se complementa con el bono de alimentación y el bono contra la Guerra Económica, asignaciones económicas complementarias otorgadas por el gobierno nacional, estos pagos se efectúan en moneda nacional a la tasa oficial del Banco Central de Venezuela, perdiendo capacidad de compra ante la depreciación frente al dólar.
Ernesto, comerciante en Parque Carabobo, señala que las fluctuaciones en el tipo de cambio inciden directamente en el precio final, pues deben reponer inventario garantizando el margen de ganancia.
“Todo se descontroló, bajaron las ventas y subieron los precios en bolívares. Es una situación difícil porque uno entiende a los compradores; por eso aplicamos rebajas si el pago es en divisas en efectivo”, añade Ernesto.

Al final de la jornada, el recorrido de Andrea concluye con apenas unos pocos útiles en su poder. A pocos días del inicio de clases, las familias aún recorren puestos y ajustan sus cuentas para cubrir lo básico. Entre promociones y pagos fraccionados, la prioridad de los representantes se centra en asegurar los cuadernos y lápices para el primer día de clase.
(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.
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