Unicef calcula que 3.9 millones de niños necesitan apoyo emocional en Venezuela luego del doble terremoto. El temor a las réplicas mantiene en alerta permanente el cerebro de la población infantil afectada por los sismos. Para mitigar la ansiedad y el apego excesivo, psicólogos recomiendan, entre otros, filtrar los videos explícitos en las redes sociales.

Caracas. El doble sismo del 24 de junio pasado no solo dejó grietas en las estructuras de sectores como Altamira; también resquebrajó la tranquilidad en los hogares. Para muchos, incluidos niños, niñas y adolescentes, el fenómeno natural encendió alarmas internas que aún no han podido apagarse.

Mientras el balance oficial del Ministerio de Comunicación reporta una tragedia casi 4000 fallecidos y más de 16.000 heridos, hasta esta publicación, una emergencia silenciosa avanza en las habitaciones de 3.9 millones de niños, niñas y adolescentes que, según Unicef, hoy necesitan asistencia emocional.

La rutina de la pequeña Aranza, quien tras el desastre se vio obligada a regresar a la cama de su madre debido a las pesadillas y al llanto nocturno, es el reflejo de una infancia en estado de alerta que intenta procesar el impacto de la destrucción.

La niña vive con su mamá, Mariangel, en un edificio de Altamira, un sector aledaño a la zona más afectada por el doblete sísmico en el municipio Chacao, al este de la ciudad. Recientemente, durante una noche de lluvias intensas, los truenos le detonaron nuevas pesadillas al creer que el sismo se repetiría.

“Es muy difícil calmarla cuando yo misma tengo inseguridad. Esta semana han sido retadora nunca pensé que iba a tener que vivir esto y nosotras solas acá, mi familia está en Guárico”, confesó Mariangel a Crónica Uno

Los niños y niñas son vulnetables en situaciones de desastre. Foto archivo

Psicólogos consultados por Crónica Uno coincidieron en que estas manifestaciones de temor, el apego excesivo y la alteración del sueño son respuestas esperadas ante un evento catastrófico. Por ello, insisten en que no deben catalogarse de inmediato como una patología, sino como una defensa natural del organismo.

​“El miedo va a ser una reacción que surja en situaciones que no te esperabas, con un ruido muy fuerte, con algo que viste y te sorprendió. Entonces, el miedo común va a ser esa reacción que uno no puede controlar, que puede hacer es registrarla en el cuerpo, o, por ejemplo, si me sobresalté ante algo, si hay algo que puede ser peligroso”,

explicó uno de los expertos.

Hipervigilancia 

Walter García, psicólogo infantil de la organización Cecodap, detalló que el cerebro de los niños, niñas y adolescentes experimenta con mucha intensidad estas situaciones de peligro inminente.

“Su cerebro se encuentra en un estado permanente de hipervigilancia, porque ese estado de alerta se mantiene por esas réplicas que se van dando continuamente. Puede ser que con el primer evento de sismo, el cerebro quedó en un estado de alerta generando hormonas como el cortisol y adrenalina”. 

Los especialistas subrayaron que el adulto es el espejo y el termómetro emocional del niño durante y después de la emergencia. García resaltó que, para disminuir los niveles de pánico e hiperventilación en los menores, es indispensable que el cuidador intente regularse a sí mismo primero, ya que la calma se transmite de forma directa.

El psicólogo especilizado en abordaje a la infancia agregó que no se trata de fingir que no pasa nada. De hecho, sugirió validar la situación explicándole al niño que el adulto también siente miedo, pero que están juntos para afrontarlo.

El soporte principal en plena crisis empieza con la contención física, un abrazo o tomarlo de las manos, para proveer una sensación de protección inmediata.

Recrear la situación en el juego

Durante los primeros días posteriores al sismo, Mariangel buscó alternativas para que su hija drenara la tensión. La incentivó a dibujar, pero los trazos de la niña reflejaban la carga de los acontecimientos: pintaba la bandera de Venezuela llorando y edificios agrietados o colapsados.

​“Aranza es una niña superinteligente. Yo siempre trato de hablar con ella y lo que he hecho es como explicarle lo que pasó, por qué tembló, por qué ocurre y todo eso”, contó. 

De acuerdo con Neudith Morales, psicóloga clínica, los adultos deben permitir dinámicas lúdicas donde surjan temáticas relacionadas con el terremoto. Si eso es lo que el niño expresa en su juego, lo ideal es permitirlo, conversar con él, hacerle preguntas o darle retroalimentación.

Morales añadió que el impacto varía según las condiciones del entorno y la vivencia personal de cada individuo. Para algunos, el trauma pudo haber sido perder un juguete; para otros, un momento de vulnerabilidad extrema, la pérdida de su hogar o de un familiar, mientras que algunos habrán logrado sentirse más seguros.

“Puede ser que algunos busquen huir, pero este estrés puede tener algunas repercusiones en su vida cotidiana, como quizás tener miedo por separarse de sus padres o de sus cuidadores”,

sostuvo.

No todo es ansiedad 

García indicó que es normal que surjan dudas sobre los comportamientos de los hijos ante estas situaciones. Pero existe una distinción clara basada en la temporalidad y el estímulo.

​»La diferencia está en que el miedo es una emoción básica que nos permite generar una respuesta inminente ante una situación de peligro real. La ansiedad es una emoción donde el niño o adolescente siente miedo por algo que no está sucediendo, sino por algo que puede suceder en el futuro. Es un miedo persistente y prolongado en el tiempo”, expuso.

Ministerio de Comunicación reporta 2645 fallecidos y más de 12.000 heridos por doble sismo
Familias reciben comida y donativos en refugios. Foto: Mabel Sarmiento

Mientras tanto, la emergencia social continúa extendiéndose por las zonas afectadas. Actualmente, miles de familias reciben comida y donativos en refugios temporales de la capital y el litoral central.

Para el especialista de Cecodap, la ansiedad puede tener un correlato fisiológico y cognitivo más duradero, manifestándose con sudoración, agitación corporal o taquicardia que puede prolongarse por horas o presentarse de manera intermitente durante días.

García apuntó que, a veces, quienes están realmente angustiados son los propios padres. Por ello, es importante que diferencien si se trata de una angustia por lo que ellos mismos vivieron y no tanto por lo que expresa su hijo.

 Filtrar información 

Morales afirmó que se deben aplicar ciertos filtros a la información que los menores consumen en plataformas digitales para proteger su salud mental. Es fundamental establecer un grado de censura ante videos o fotos muy explícitas que circulan en la actualidad, ya que pueden generar un nivel de estrés superior al que deberían tolerar.

“Hay que brindarles información básica sobre el fenómeno natural y las medidas de prevención. Si son adolescentes, se les puede invitar a participar en las acciones de solidaridad y enlace que se están haciendo en las comunidades”,

recomendó.
Génesis Carrero Soto

García avaló la necesidad de regular las redes sociales, pues los niños son como esponjas ante la información. No se trata de ocultarles la realidad, sino de protegerlos de la sobreexposición a las pantallas.

En el ámbito familiar, resulta muy útil recuperar rutinas fijas para las comidas, el juego y el sueño, ya que la predictibilidad les devuelve la sensación de seguridad y les ayuda a asimilar el trauma de manera paulatina.

A medida que las réplicas físicas disminuyen, el desafío principal se traslada al terreno de lo invisible. Allí donde la reconstrucción no depende de bloques ni de cemento. La recuperación emocional de casi cuatro millones de niños venezolanos exigirá tiempo, rutinas sólidas y un entorno que les devuelva la certeza de que el suelo bajo sus pies es firme.

Conforme esa normalidad llega paso a paso, en el edificio de Altamira, Mariangel sigue buscando en la contención y la palabra la mejor fórmula para recordarle a Aranza que, aunque afuera vuelva a llover con truenos, el refugio más seguro sigue estando en casa.

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