Para dar clases por televisión se requiere de esfuerzos tecnológicos, planes estructurados, hábitos y condiciones, interactividad entre los televidentes y el programa. En cuanto a la educación virtual, el exsecretario de Educación en Miranda, Juan Maragall, advirtió que el país no dispone una plataforma ya diseñada y estructurada para cada grado y materia.

Caracas. El 13 de abril se inicia el tercer y último periodo educativo en el país. “El año escolar 2019-2020 terminará online, es un hecho”, dijo Nicolás Maduro.

Desde el primer día de la cuarentena, el Ministerio de Educación ofreció un espacio para las clases por Venezolana de Televisión: Cada familia una escuela. Son bloques de aproximadamente cinco minutos en donde maestros y profesores presentan un contenido. Las maestras generalmente se dirigen a mamá y a papá y les dan recomendaciones para desarrollar la asignación. En un portafolio los estudiantes irán archivando las actividades de cada día.

Recientemente, Aristóbulo Istúriz anunció que van a ampliar ese espacio en radio y televisión: la mañana será para inicial y primaria, mientras que la tarde estará dedicada a media. “Eso está hablado con el 8 y canales del Estado”, dijo.

Maduro, entre las vías para culminar el año escolar a distancia, mencionó la teleducación. Este jueves 9 de abril se inicia la consulta a padres y representantes —a través del Sistema Patria— sobre las opciones a utilizar.

Pero ¿qué supone dar clases por televisión? Especialistas señalan algunos aspectos: esfuerzos tecnológicos, plan estructurado, hábitos y condiciones, interactividad entre los televidentes y el programa.

María Eugenia Mosquera, historiadora y fundadora de Vale TV, parte de que la televisión no está diseñada para dar clases, por esta razón, insiste en la necesidad de “hacer atractivo y útil el conocimiento en una época de fácil distracción”.

En consonancia con Mosquera, para José Javier Salas, director de la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), es vital la interactividad entre el televidente y el programa, además, de evaluar la capacidad real de concentrar la atención de la familia ante el televisor, “que distrae de lo académico invitando al entretenimiento”.

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Es absurdo pretender concentrar la atención de un niño por más de 45 minutos. Si es adolescente puede llegar a los 90 minutos. Pero si no hay interacción, es simplemente un video, sugiere Salas. Simular un live, formas de intercambio, asignación de tareas que puedan verse de forma síncrona por redes sociales, podría ser una alternativa.

Aunque no se va a trasladar el salón de clases a la televisión, Leonardo Carvajal, doctor en Educación y docente universitario, piensa que hay que convocar a grupos y expertos que puedan armar las tareas y contenidos de inicial a bachillerato, preparar el plan en lo que queda de abril e iniciar las transmisiones en mayo.

Las autoridades deben ajustar las 24 áreas del conocimiento de los seis grados de primaria y las aproximadamente 50 asignaturas de los cinco años de Educación Media. Cuando es por televisión y se trata de una emergencia, no se tiene que repetir la cantidad de horas. Lo que se trabaja en seis horas en una semana se da en un día en dos horas. Se hace síntesis, destacó Carvajal. Además, considera pertinente escoger a los mejores docentes para dar esas clases.

Poca probabilidad de éxito

Aunque Juan Maragall, exsecretario de Educación de Miranda, piensa que podría hacerse un esfuerzo con las clases por televisión, no es optimista en los resultados: Tendría que tener una programación bien estructurada, los programas con una duración de una hora al día no pueden orientar a siete millones de estudiantes, además, de que eso se adapte a sus edades. Entonces este tipo atención a través de televisión tiene pocas probabilidades de éxito.

Explica que incluso ofertas como el canal educativo de Directv han sido difíciles de aprovechar en las escuelas porque resulta complejo “consolidar lo que dice la televisión con la actividad del aula”.

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Al 30 de marzo el balance del programa televisión Cada familia una escuela ha alcanzado a 2,2 millones de estudiantes, sin embargo, la matrícula al 2018 era de 7,6 millones, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Al momento son 7 las televisoras que trasmiten la programación.

Vanessa Prieto, presidenta de Fundación Bolivariana de Informática y Telemática, anunció que crearán una herramienta web que ayude a los padres a profundizar en los cometidos del plan televisivo Cada familia una escuela.

Hábitos y condiciones

La educación a distancia también requiere de hábitos y condiciones por parte de los estudiantes. Maragall indica que las experiencias de formación en línea suelen tener un porcentaje de culminación bajo: “Normalmente, son cifras que no superan 20 %. Se requiere disciplina, de unas condiciones de autocontrol, regularización y perseverancia que no todos tenemos”.

Destaca la disponibilidad de un espacio para el estudio y, en el caso de los menores de 12 años, la atención y guía de un adulto. No todos los padres tienen las condiciones para asistir pedagógicamente a los niños o cuentan con la formación.

Cualquier plan, estrategia, en este momento tiene que entender cuál es el punto de partida, dice Maragall. Y agrega: En Venezuela hay unas condiciones preexistentes que hacen que una suspensión de este tipo sean más difíciles de manejar que en otros países. Por lo que es difícil manejar un plan de contención educativa.

Las condiciones prexistentes son escuelas sin servicios básicos, recursos y docentes en riesgo por el deterioro de su condición de vida. Por esta razón, Maragall cree que la propuesta tiene que apuntar a apoyar al maestro y que sean estos, quienes conocen a sus estudiantes, los que planifiquen las actividades de sostenimiento. “Pero hay que fortalecer a las escuelas. Porque los esfuerzos que se olvidan en las escuelas tienen pocas probabilidades de éxito”.

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Esfuerzo tecnológico

Maduro ha insistido en culminar el año escolar en línea. Para ello, en palabras de Maragall, se debe tener una plataforma educativa ya diseñada y estructurada para cada grado y materia. “Venezuela no cuenta con esa plataforma”.

Rescata que el instrumento de tecnología que se ha hecho en Venezuela ha sido la distribución de laptops que no tienen conexión a Internet ni son parte de una red de educación en línea.

De acuerdo con el INE, se han entregado a los docentes 240.841 computadoras canaimas. Mientras que a estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado han sido 978.310. En primaria hay 3,3 millones de niños.

En cuanto a la conexión, Venezuela es probablemente el país más deficiente en Internet. La posibilidad de conexión es baja, casi la mitad de las escuelas del país son rurales y hay poco o nada acceso a Internet. Por esa vía es muy difícil que se pueda estructurar un plan de educación en línea, manifestó Maragall.

Ya el monitoreo del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos indicaba que solo 40 % de los encuestados cuenta con servicio de Internet en el hogar. De esos, 51 % presenta fallas diarias. “La educación virtual se ha convertido en todo un reto para profesores, maestros, alumnos y representantes, quienes tienen que enfrentarse, en muchos casos, a las deficiencias del servicio”.

Las clases por televisión también suponen un esfuerzo. Mosquera explica que para transmitir programas educativos que colaboren con el currículo escolar hay que tener capacidades técnicas, humanas, recursos monetarios y audiovisuales, alfabetización mediática, ancho de banda, electricidad, soporte técnico.


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