Habitantes de La Vega, El Paraíso, Catia y Antímano enfrentan hasta un mes de retraso en el aseo urbano. Pese al alza en las tarifas de facturación, la basura acumulada en aceras y escuelas agrava la crisis de salubridad en las zonas residenciales.
Caracas. Moscas, ratas y desperdicios desbordados reciben cada mañana a los estudiantes del colegio Josefa Delfino. La falla sistemática en las rutas del aseo urbano convirtió la acera frente a la institución educativa en un botadero a cielo abierto.
Los perros rompen las bolsas en busca de alimento, el alcantarillado colapsa por la mugre y los desperdicios ocupan parte de la vía pública en el casco central de La Vega, en el oeste de la ciudad.
Vecinos del sector acuden a diario a depositar sus bolsas en el lugar. Pero el camión de la basura pasa sin días ni horarios fijos, una irregularidad que convierte el punto de disposición de los desechos en un foco permanente de contaminación.

José Becerrit, residente de La Vega, denunció que la falta de unidades adecuadas agrava la contaminación en el sector. Cuando realiza la limpieza, la empresa recolectora utiliza unidades de carga abierta en lugar de camiones compactadores cerrados. Estos últimos cuentan con un mecanismo hidráulico que prensa los desperdicios dentro de una caja sellada. Las unidades abiertas, en cambio, dispersan los desechos durante el trayecto.
“Al momento de recoger lo hacen en camiones volteos que van dejando caer parte de lo recogido y botando agua putrefacta por todo el camino. Tampoco cuentan con la implementación necesaria; los trabajadores utilizan hasta sábanas para recoger los desechos”, afirmó Becerrit a Crónica Uno.
El afectado señaló que la comunidad ha acudido a la Alcaldía del Municipio Libertador y a los consejos comunales para exigir soluciones, e incluso ha realizado protestas pacíficas, pero no ha obtenido respuesta de las autoridades.

Brecha entre el discurso oficial y la calle
La legislación venezolana garantiza el derecho a la gestión integral de los residuos mediante la Ley de Residuos y Desechos Sólidos. Esta normativa establece en su artículo 25 que el retiro de los desperdicios depositados en contenedores debe ejecutarse a diario para impedir la acumulación de basura y la proliferación de malos olores.
Aun así, la realidad en las vías públicas y zonas residenciales dista de lo establecido en la ley. Aunque la Alcaldía del municipio Libertador reporta la recolección de cerca de 2000 toneladas diarias de desperdicios, las fallas del servicio mantienen la basura acumulada en distintos puntos de la ciudad. Los desechos ocupan las aceras y crean condiciones de insalubridad.

La acumulación no solo atrae moscas y roedores que transmiten enfermedades infecciosas, sino que también obstruye los alcantarillados e impide el paso peatonal.
En un recorrido periodístico realizado por Crónica Uno se recopilaron testimonios en sectores como La Vega, Catia, Antímano y El Paraíso, donde los vecinos denuncian que la basura permanece semanas sin recoger. Esta situación contrapone la vivencia cotidiana de las comunidades con las promesas de la gestión municipal.
En abril de este año, la Alcaldía del Municipio Libertador anunció la creación del Estado Mayor de Recolección de Desechos Sólidos, una estructura de coordinación institucional para articular recursos operativos, para coordinar las labores entre la empresa estatal Sistema Urbano de Procesamiento, Recolección y Aseo de Caracas (Supra Caracas), las cuadrillas de servicios urbanos y los voceros comunales. Sin embargo, la iniciativa no logra frenar el colapso ambiental de la capital.

Contaminación al límite en sectores populares
De acuerdo con la promesa oficial, el plan buscaba optimizar las rutas de recolección, eliminar los vertederos improvisados y establecer puntos fijos de disposición. Según balances de gestión de Supra, la empresa opera con una flota de 170 unidades funcionales, incluidos camiones compactadores, para brindar servicio en las 22 parroquias caraqueñas.
A pesar de los anuncios, las cifras evidencian la falla del servicio. Un monitoreo de la organización no gubernamental Caleidoscopio Humano señala que 78 % de las comunidades del país cuenta con cobertura de aseo urbano. No obstante, la recolección efectiva de los desperdicios presenta retrasos de varias semanas.
Por su parte, datos del Observatorio Venezolano de Servicios Públicos (OVSP), una iniciativa civil dedicada al análisis técnico de las prestaciones públicas, advertían para 2022 que el 48 % de los usuarios trasladaba sus desechos a botaderos improvisados o recurría a quemar la basura ante la irregularidad de los camiones en su zona.
En el Bloque 2 de Lomas de Urdaneta, en Catia, un conjunto residencial habitado por más de 140 familias por edificio, la recolección de desperdicios sólidos puede demorar entre 20 y 25 días.

Giancarlo Pérez, habitante del sector, indicó que los cuartos de basura tienen más de 70 años sin actualización y colapsan debido a la falta de mantenimiento. La crisis empeoró tras el retiro de más de 40 contenedores en la parroquia hace un año. Esta decisión dejó a los vecinos sin espacios adecuados para depositar los residuos.
“Los vecinos guardan las bolsas de basura por casi un mes. Eso genera gusanos, insectos y miles de enfermedades respiratorias. La problemática ha traído la proliferación de roedores y, lo que es peor, cerca de esos vertederos hay colegios”, relató Pérez.
Fallas similares ocurren en el sector Isaías Medina. Ahí, la complicada topografía vial, caracterizada por pendientes pronunciadas y calles estrechas, frena el paso de los camiones, así como en la plaza El Cristo en Los Magallanes, la avenida El Cuartel, Casalta y Propatria.
Espacio público en riesgo
La falta de mantenimiento también afecta a los corredores comerciales del centro-este de la capital. En la avenida Francisco Solano, a la altura de la plaza República del Paraguay y la esquina del Hotel Savoy, los desechos acumulados dificultan el paso peatonal.

Leomara Rosales, habitante de la zona, advirtió que la plaza y el parque del sector se encuentran arropados por la basura debido a que la frecuencia del paso de las unidades no cubre la demanda comercial y residencial.
“La situación de la basura en las aceras constituye un problema crítico de salud pública y de deterioro urbano en una de las principales vías. La frecuencia actual de la ruta resulta insuficiente. Los recorridos deberían ser diarios y deberían instalarse más contenedores, pero no vemos ninguna mejora y hay más basura cada día”, expresó Rosales.
En la urbanización Las Fuentes de El Paraíso, los residentes de las calles aledañas al estadio Brígido Iriarte reportaron más de dos semanas continuas sin servicio de recolección de Supra Caracas.
En la cuarta calle del sector La Vimá, frente a la estación del Metro Carapita, en la parroquia Antímano, los habitantes perdieron la paciencia por las fallas en el aseo urbano. La falta de un horario fijo de recolección provoca la acumulación de bolsas de basura en los dos contenedores ubicados en la entrada del sistema subterráneo.


Cándido Montes, vecino del sector, explicó que con cada lluvia los desperdicios se esparcen y bloquean el acceso a la zona.
“La situación empeora por la presencia constante de personas en pobreza extrema que pelean por el contenido de las bolsas para buscar alimento antes de que pase el camión. Aunque tenemos servicios regulares de agua y electricidad, el mal manejo de los desechos nos mantiene expuestos a focos de insalubridad y desorden en la vía”, expresó Montes.
Tarifas al alza frente a un servicio deficiente
Aparte de la irregularidad en la recolección y las fallas en el equipamiento de los obreros, las comunidades denuncian un incremento en el cobro del aseo urbano. Los vecinos cuestionan pagar más por un servicio que reciben con menos frecuencia y calidad.
Según el Observatorio Venezolano de Finanzas, un organismo independiente enfocado en el seguimiento de variables económicas, el servicio de recolección de desechos es uno de los más costosos para los venezolanos.

En Lomas de Urdaneta, los residentes pasaron de pagar montos mínimos a recibir facturas que oscilan entre los 2500 y 3000 bolívares mensuales. Para muchos, el reajuste es desproporcionado ante la deficiencia del servicio.
Ante el silencio de las autoridades municipales y de la empresa recolectora, los vecinos exigen la renovación de la flota de camiones, la dotación de insumos de protección para el personal y el restablecimiento inmediato de los contenedores comunitarios para controlar los focos insalubres en las calles de la ciudad.
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