Pedro Hernández sufre de Parkinson, de la tensión y le dio un ACV, es jefe de familia. Por años manejó una camioneta del transporte público. Comía buenos sancochos con verdura a granel, pescados, y en Navidad tenía su mesa bien servida. Hoy siente que está engañando al estómago haciendo almuerzos y cena con puro arroz con granos.

Caracas. Toda una vida detrás de un volante. Aguantando las ganas de orinar, el hambre y lidiando con los pasajeros y los ladrones. Así pasó sus mejores años el señor Pedro Hernández, quien ahora desde su retiro, y enfermo, cuenta que está pasando la peor etapa de su vida: sin comida y sin medicinas.

El Centro de Documentación y Análisis para los Trabajadores (Cenda) notificó que a octubre la canasta alimentaria escaló a 2,7 millones de bolívares, mientras el salario mínimo y el bono de alimentación suman 456.507 bolívares. 

Su humilde casa, ubicada en Los Frailes de Catia, da fe de un ambiente familiar, con retratos en las mesas y guindados en la pared que muestran el crecimiento de sus hijos —dos de ellos ya no están, murieron a manos del hampa— adornos, matas, un niño llorando y reprendido por la mamá y una esposa que se mueve con agilidad por los rincones de la cocina.

“Está limpiando porque quiere poner la Navidad”, dijo.

Disfrazando el hambre, Sr. Pedro Hernandez.
El señor Pedro dijo que rebajó 20 kilos este año.

Con una mano temblorosa producto del Parkinson y de las secuelas de un ACV, el 17 de noviembre Pedro Hernández caminó cuadro cuadras por la avenida Francisco de Miranda. Seguía una marcha pautada por las organizaciones que defienden el derecho a la salud hacia cinco embajadas para visibilizar la crisis humanitaria.

Con su bastón daba pasos muy lentos. Atrás tenía una cola de carros pero ninguno se atrevió a tocarle las cornetas, era visible su dificultad para caminar.

Estoy a la buena de Dios. Si como, no compro medicinas. No nos alcanza para nada. Hay remedios que no consigo desde hace cuatro años y no tengo medios para traerlos de otro país. Por eso estoy en esta marcha, quiero que nos escuchen porque los pacientes crónicos estamos sufriendo, repetía en esa oportunidad.

Ya en su casa, el señor Pedro —quien trabajó en la línea Coche-Hospital Vargas hasta hace 9 años— no recuerda desde cuándo no come carne.

En octubre, los rubros que más subieron fueron: carnes 89,9 %, pescado 66 %, salsa de tomate, mayonesa y vinagre 63,4 %, grasas y aceites 49,7 %, frutas y hortalizas 46,6 % y leche, quesos y huevos 41,9 %. El Cenda, además, detalló que 14 productos de los 60 que conforman la canasta alimentaria presentaron problemas de escasez.

Hace un par de semanas compró dos pollos por 96.000 bolívares, los cuales fueron rendidos hasta los huesos. Porque ya no se puede hacer una sopa como antes. De esas que me gustaban, con bastante verdura y mucha carne.

¿Hace cuánto que no se toma un hervido?

—Hace mucho. Ya no se puede. Y eso era una costumbre en la casa. Así como los dulces que hacía mi esposa. Ya no se hacen las meriendas ni los encuentros los fines de semana.

¿Qué desayuna?

—Un pan con café y sin azúcar. Eso lo hacemos para simular que estamos comiendo.

¿Qué almuerza?

—Arroz con granos. No hay más nada y lo repetimos en la cena.

El señor Pedro y su esposa salen a las 5:00 a. m. de la casa para hacer la cola en la panadería de la zona. Todos los días tienen esa rutina.

Si logran comprar el pan eso es lo que desayunan las seis personas que viven en su casa, incluyendo los niños. El queso, las legumbres y las frutas son un lujo en la familia Hernández.

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Cuando compra queso duro es un pedacito y solo si antes han pagado la pensión. “Pero a veces salgo es a buscar las pastillas para la tensión y para el dolor”. La pensión más el denominado «bono de guerra económica» es 230.759 bolívares.

A sus 76 años siente que está engañando a su estómago con lo poco que come. Este año ha rebajado 20 kilos y con tristeza en su rostro señaló que no sabe en qué va a parar esto.

La caja Clap le llega cada dos o tres meses y dura una semana. De resto, tienen que hacer cola para conseguir el arroz. En su dieta diaria no hay pasta, no hay pescado, no hay cereales, ni frutas.

Granos, arroz y pan. Eso es lo que está comiendo el señor Pedro Hernández, acostumbrado, como buen venezolano, a las grandes papas de los fines de semana y a la mesa servida cada Navidad.

Fotos y video: Francisco Bruzco


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