Siete de cada 10 alumnos venezolanos tiene dificultades para identificar ideas implícitas o emitir opiniones sobre lo que leen. Expertos advierten que las pantallas sin supervisión desde la infancia dañan la comprensión lectora y limitan el pensamiento crítico.

Caracas. “Leer se me hace lento y pesado. A cada rato me llega una notificación y me distraigo. Me cuesta pasar de las cinco páginas porque hay palabras que no conozco. A veces me ayudo con la inteligencia artificial para leer resúmenes: dicen lo mismo que el libro, pero más corto”, admite Carola*, estudiante de cuarto año de bachillerato en un liceo público.

La joven, de 16 años de edad, calcula que pasa al menos cuatro horas diarias en redes sociales, sobre todo en TikTok e Instagram.

Aunque mantiene un promedio académico de 17 puntos, un rendimiento equivalente a 85 % de la escala escolar venezolana, y sueña con ser veterinaria, reconoce que Castellano y Literatura es una de las asignaturas que más se le dificulta.

Uno de sus últimos trabajos escolares consistió en redactar un ensayo sobre Casas muertas, obra del periodista y escritor venezolano Miguel Otero Silva. La novela, un clásico de la literatura latinoamericana, retrata la decadencia de Ortiz, un pueblo llanero devastado por el paludismo, una infección parasitaria transmitida por mosquitos, y las guerras civiles.

Aunque leer parece una tarea sencilla, requiere de una intensa actividad cerebral. Además de estimular la imaginación, ampliar el vocabulario y fomentar el pensamiento crítico, la lectura exige un nivel continuo de concentración y esfuerzo cognitivo.

Radiografía del atraso lector

No obstante, la inmediatez y el bombardeo de los contenidos digitales actúan como distractores constantes en la cotidianidad escolar. Cada vez es mayor el número de niños, niñas y adolescentes que, al igual que Carola, enfrentan dificultades no solo para mantener la concentración, sino también para comprender las ideas principales y el sentido de los textos impresos.

De acuerdo con especialistas consultados por Crónica Uno, este escenario se agudiza por la sobreexposición a las pantallas. Este hábito gana cada vez más terreno en la rutina de los jóvenes, pese a que sin una supervisión adecuada en el hogar, interfiere de forma negativa en el proceso de aprendizaje a corto y mediano plazo. Esta realidad se refleja con claridad en las mediciones académicas más recientes.

Los resultados del último informe del Sistema de Evaluación de Conocimientos en Línea (Secel), elaborado por la Escuela de Educación de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), revelan que, en la materia de Castellano, 60 % de los estudiantes apenas logró aprobar con una media de 10,50 puntos sobre 20, registrando severas fallas en el área de comprensión lectora.

El estudio, que analizó más de 6000 pruebas diagnósticas de Matemáticas y cerca de 5000 de Habilidad Verbal en planteles públicos y privados de Caracas, Miranda, Bolívar, Nueva Esparta, Falcón, Lara y Zulia, diagnosticó un estancamiento en el rendimiento general.

El promedio global de Habilidad Verbal mostró una ligera recuperación al pasar de 8,78 puntos en 2024 a 10,50 en 2025, lo cual alcanzó 60,46 % de aprobación. A pesar de esta mejora, los investigadores advierten que la mayoría de los estudiantes aún no desarrolla las destrezas analíticas mínimas de su nivel.

“Siete de cada 10 estudiantes venezolanos fallan al intentar identificar ideas implícitas o elaborar opiniones críticas sobre lo que leen”, apunta el reporte.

Los dos pilares de la lectura

Los hallazgos de la investigación coinciden con los diagnósticos presentados por el Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), un estudio global que mide el rendimiento académico y la efectividad de los sistemas educativos, del cual Venezuela se retiró en 2003 por decisión del gobierno del expresidente Chávez.

En su última entrega, la evaluación, que midió las competencias de más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países, reveló un severo retroceso global y un estancamiento generalizado. La situación es particularmente grave en materias como matemáticas, lectura y ciencias.

Frente a este panorama, Carlos Calatrava, exdirector de la Escuela de Educación de la UCAB, señaló que la lectura fluida no siempre implica la comprensión de lo leído. A menudo, recalcó, esta se reproduce de manera mecánica, limitándose a descifrar los sonidos sin asimilar su significado.

En este proceso influyen dos pilares fundamentales. El primero le corresponde a la familia. Durante el proceso de desarrollo del lenguaje, específicamente en la etapa prelingüística, la fase previa a la emisión de las primeras palabras habladas, (de 0 a dos años y medio), el niño modela comportamientos favorables hacia la lectura en su hogar, de la mano de sus padres y otros adultos significativos.

“Si en el hogar algún significativo relata historias por lenguaje oral o lee cuentos ajustados a su etapa de desarrollo, se activan los prerrequisitos orgánicos, cognitivos y sociales que preceden a la comprensión lectora”, dijo.

Pantallas contra el aprendizaje

El segundo ámbito de responsabilidad atañe a los recursos y al método que aplica el docente para enseñar la lectoescritura. Este enfoque puede ser el tradicional método silábico, centrado en la combinación de sílabas, o el integral, que vincula las palabras con imágenes y situaciones del mundo real.

Datos del último estudio PASOS, realizado por la Pau Gasol Foundation, una entidad dedicada a reducir la obesidad infantil y promover hábitos de vida saludables, reflejan que 70 % de niños, niñas y adolescentes le dedica más de tres horas al día al consumo de contenidos digitales. Esto equivale a 215 minutos diarios.

En relación con esto, Calatrava precisó que la exposición a las pantallas y a los medios digitales desde edades tempranas conspira contra la estimulación de los procesos mentales superiores. Con esto se refirió a las funciones complejas como el razonamiento, la abstracción y la memoria funcional, asociados al aprendizaje.

“Topamos con la responsabilidad de las familias, porque por ejemplo cuando a un niño de meses de nacido lo expones a una pantalla de una tableta o un celular mientras le das de comer o estás paseándolo en el coche, dolorosamente, afectas negativamente su potencial de desempeño en tareas complejas”.

Secuelas a largo plazo

Al ser consultado sobre las consecuencia a largo y mediano plazo de las dificultades en la comprensión lectora, el especialista apuntó que las fallas en la comprensión de textos escritos debilitan la construcción de una estructura conceptual.

Esa debilidad abarca las nociones sobre el mundo externo y la realidad propia de cada persona, con efectos en su organización, procesamiento y valoración. 

Esos efectos se manifiestan de forma perjudicial en el desarrollo del pensamiento crítico y del pensamiento hipotético, la habilidad de plantear supuestos, prever escenarios y resolver problemas. Ambos, recordó, son indispensables para el razonamiento y la investigación científica.

“No se trata de prohibir la tecnología, pero sí que los actores del proceso educativo cumplan con sus responsabilidades en un contexto de confianza y trabajo en equipo. La tecnología no es impuesta por la escuela ni los educadores, es adquirida por los padres y su manejo ocurre en el contexto del hogar. Es ahí donde deben dirigirse las miradas”, recalcó Calatrava.

Para el especialista superar las deficiencias en la comprensión lectora exige dotar a las escuelas con bibliotecas bien equipadas y aulas repletas de textos diversos. Todo esto acompañado de estrategias didácticas que impulsen el uso de los libros.

Sin embargo, la transformación pedagógica también demanda afianzar la alianza entre la familia y la escuela, con padres que reconozcan a los docentes como aliados para el desarrollo formativo de los estudiantes.

(*) La información de esta nota incluye aportes de fuentes que solicitaron anonimato por motivos de seguridad. Crónica Uno garantiza la protección de su identidad.

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