La secuela fracasa al intentar revivir un clásico que no necesitaba respuestas. Aunque sitúa a Andy como una periodista experimentada, el guion traiciona su madurez al devolverla a una dinámica de sumisión ante Miranda Priestly. La trama se apoya en soluciones tecnológicas simplistas y referencias nostálgicas, careciendo de un conflicto real que genere peligro.

