Los precios en moneda extranjera van desde 13 dólares para El Vigía hasta 25 dólares para San Cristóbal. Según contó una de las trabajadoras de una línea para Táchira, en estas fechas de Navidad superaban las ventas 180 pasajes diarios, algo que en esta oportunidad no pasó y, con mucha suerte, está pisando los 30 boletos porque pusieron un precio que consideraron “accesible”.

Caracas. El ambiente en los terminales de Caracas, tenso y a reventar de personas que quieren compartir con sus familiares en Navidad, no se repitió en este año que se vive con pandemia. Algunos por miedo a viajar y no poder regresar a sus ciudades de origen en enero por posibles medidas de cuarentena, otros porque no tienen cómo pagar un pasaje en dólares. Lo que sí se mantiene es la eterna espera y la cola de madrugada para un pasaje en bolívares.

Jesús Aguilar tardó 12 horas en llegar a Caracas. Venía de Maturín y en cada uno de los puntos de control por el que pasaban los paraban, mandaban a bajar a todo el autobús y en algunos casos hasta les pedían que abrieran los bolsos. Fue un viaje eterno que, en promedio, no tenía que tardar más de siete horas. Los guardias decían que estaban robando mucho en la vía, relató con tono de desconfianza.

Al entrar al Terminal Antonio José de Sucre, mejor conocido como el Terminal de Oriente, da la impresión de que estuvieran trabajando a media máquina. No hay colas, algunas líneas están cerradas y las listas de ventas de los trabajadores no superan los ocho boletos. Pero, en las escaleras se ve que todavía hay personas que necesitan viajar con precios más económicos, así eso signifique pasar toda una noche en el terminal.

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Foto: Gleybert Asencio

Los precios de los pasajes que ofrece el Sistema Integral de Transporte Superficial (Sitssa), ente adscrito al Ministerio del Poder Popular para el Transporte, van de 3.520.000 bolívares para Puerto La Cruz a 10.090.000 para Puerto Ordaz. Uno de los empleados comentó que la cola la comienzan a hacer a las 3:00 a. m. y solo venden 30 pasajes, lo equivalente al número de puestos que pueden llenar del autobús.

Aquí salen todos los días los autobuses para todos los destinos, agregó el trabajador. En contraste, en el Terminal La Bandera no es así. Tienen un calendario con tres destinos diarios que solo salen una vez por semana, una información que no tienen en sus redes sociales y que obliga a las personas a averiguar antes de ir con su equipaje.

Justo ese fue el caso de Antonieta Vera, que fue este martes 22 de diciembre al terminal La Bandera porque necesitaba ir para Anaco, y aunque por suerte ese mismo día iba saliendo un autobús para ese destino, llegó a las 10:00 a. m. y los pasajes ya estaban vendidos desde las 4:30 a. m., que comenzó a formarse la cola en la calle.

Le dijeron que le tocaba esperar hasta el próximo martes para que de nuevo salga un autobús para Anaco. Toda mi familia está allá y ya este 24 de diciembre no la voy a pasar con ellos. Será el 31, dijo angustiada. Más allá de eso, le preocupa que el 7 de enero tiene que reincorporarse en su trabajo y no sabe si por la cuarentena radical que asomó el mandatario Nicolás Maduro para los primeros 14 días del año se vuelva algo imposible.

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Foto: Gleybert Asencio
Las ventas están muy flojas

En una silla con varias maletas y un niño en los brazos estaba Carla Tavares esperando que su mamá consiguiera una rebaja para devolverse a Barinas. Ellas llegaron a Caracas una semana atrás gracias a una cola que les dio un camión porque era imposible pagar un pasaje en dólares y no consiguieron boleto en la línea Sitssa.

La verdad es que la guardia no paró mucho al camión porque como me veían a mí con un bebé, relató Carla y agregó que el conductor llevaba una reserva de combustible en el camión.

Los precios en moneda extranjera van desde 13 dólares para El Vigía hasta 25 dólares para San Cristóbal. Según contó una de las trabajadoras de una línea para Táchira, en estas fechas de Navidad superaban las ventas de 180 pasajes diarios, algo que en esta oportunidad no pasó y, con mucha suerte, está pisando los 30 boletos porque pusieron un precio que consideraron accesible.

La poca cantidad de personas en el terminal La Bandera también afecta a los negocios de empanadas o de chucherías. Con el cierre de los terminales, que se dio como consecuencia de la llegada de la COVID-19 al país, estuvieron muchos meses sin poder vender y, ahora, ni las fechas navideñas los salvaron de aumentar las ventas como esperaban.

El anuncio oficial sobre la apertura de los terminales se difundió el 11 de noviembre bajo una normativa que obliga a operar con la desinfección constante de las unidades, el uso de tapabocas y el distanciamiento físico.

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Esas reglas se cumplen de la puerta para adentro. En la acera y en la rampa de cemento del terminal La Bandera hay personas que no usan tapaboca o lo tienen mal puesto y están amontonados esperando un taxi o moto. En cambio, en la entrada del terminal hay un empleado que se encarga de rociar gel antibacterial y preguntar para dónde se dirigen las personas. Esas mismas autoridades les llaman la atención a los usuarios que se quitan la mascarilla dentro de las instalaciones.

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Foto: Gleybert Asencio
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