Cuando Nicolás Maduro anunció los planes para frenar el COVID-19 incluyó a los 35.000 consejos comunales que hay en el país. Además de los milicianos, estas personas tienen orden presidencial para lidiar con la pandemia, pero lo que no sabían estos civiles es que vivirían la misma tragedia por la que atraviesa el personal de salud en los hospitales públicos.

Caracas. “A nosotros no nos han dado nada, solo un tapabocas el domingo. Yo lavo el tapabocas en la casa todos los días con gerdex”, contó Aiskel Díaz, una de las responsables de la mesa de salud del sector San Antonio de la parroquia El Valle.

Cuando el mandatario Nicolás Maduro anunció los planes para frenar la circulación del COVID-19 incluyó a los 35.000 consejos comunales que hay en el país.

Además de los milicianos, estas personas tienen orden presidencial para lidiar con la pandemia, pero lo que no sabían estos civiles es que vivirían la misma tragedia por la que atraviesa el personal de salud en los hospitales públicos.

Les está tocando atender a los pacientes «a rin pela’o», como dicen en el barrio.

“No nos han dado batas, este tapabocas lo lavo en mi casa todos los días. Cuando llego en el pasillo de mi casa me quito toda la ropa y me baño. Yo misma traigo el gerdex y mi agua. Aquí echaron un poquito de cloro en la entrada, pero eso no es suficiente, hay que desinfectar toda el área”, dijo Díaz.

Ella, junto con dos compañeras también de las misiones de batalla, atendían uno tras otro los casos que llegaban a la sala de espera del CDI de San Antonio.

En ese punto no hay barreras de seguridad. “Somos nosotras las primeras. Y se lo hemos dicho a los doctores que estamos aquí desde el domingo y que corremos mucho riesgo. La gente llega aquí con todos los síntomas de una gripe y a veces pretenden entrar sin tapabocas. Si nos contagiamos, de aquí no salimos”.

Aiskel siente miedo de la situación pero a la vez se da aliento: «Soy socorrista de la Cruz Roja, tengo 53 años, y siento este deber de ayudar».

Como en este CDI, también este 17 de marzo los insumos médico quirúrgicos escaseaban en los hospitales caraqueños.

El monitoreo levantado por los trabajadores da cuenta de la falta de productos de limpieza.

Por ejemplo, en el hospital Vargas no había tapabocas ni guantes, solo para la emergencia y áreas críticas. Había cloro y jabón, pero no agua ni desinfectante. Según Mauro Zambrano, dirigente del sector salud, estos productos los está donando la ONG Médicos Sin Fronteras.

En el José Gregorio Hernández de Los Magallanes de Catia, tampoco había cloro ni desinfectante. El agua era únicamente para el área de la emergencia y la surten con una cisterna. Los trabajadores hicieron sus propios equipos de bioseguridad. En El Algodonal, hospital centinela, no había absolutamente nada.

Tampoco hay batas descartables y las consultas fueron suspendidas. Solo se atienden las estrictas emergencias.


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