La vivienda centenaria de Alicia y Francisco Cabrera en La Pastora corre riesgo de colapso por filtraciones. Los adultos mayores piden a la orden de los Agustinos Recoletos reparar el inmueble vecino, abandonado y sin mantenimiento desde hace años.
Caracas. En pleno centro de la parroquia La Pastora, un sector histórico del oeste de Caracas, un conjunto de emblemáticas casas coloniales resiste a duras penas los estragos del tiempo y los recientes terremotos.
En medio de este enclave centenario se halla el hogar de Alicia y Francisco Cabrera, dos hermanos de la tercera edad que ven amenazada la estabilidad de la vivienda que les dio cobijo por más de 70 años.
La propiedad tiene un profundo valor sentimental y familiar: perteneció a los abuelos de Los Cabrera, luego a sus padres y hoy alberga a la tercera generación de la familia.


Con más de un siglo de historia, la edificación de paredes de bahareque, un sistema constructivo tradicional a base de madera, cañas y barro empajado, resistió dos tragedias: el terremoto de 1967 y, el pasado 24 de junio, un doblete sísmico.
Sin embargo, hoy se halla en riesgo por el severo deterioro del inmueble colindante, propiedad de los Agustinos Recoletos, orden religiosa católica conocida por predicar la vida comunitaria y el amor al prójimo.
Esa vivienda vecina, que en su momento albergó un seminario y espacios educativos del colegio San Judas Tadeo, tiene más de una década deshabitada y en total abandono. El equipo de Crónica Uno constató sobre el terreno el grave deterioro de la infraestructura, en la que se aprecian techos colapsados, escombros acumulados y ladrillos derrumbados.

Filtraciones, derrumbes y moho
Pese a que la edificación fue evaluada e identificada con una etiqueta roja de riesgo, la máxima alerta que declara la inhabitabilidad de una estructura, por parte de las autoridades, los responsables de la propiedad, la Orden de los sacerdotes Agustinos Recoletos, no han iniciado los trabajos para reparar los daños ni frenar la amenaza que pesa sobre la familia Cabrera.
Alicia Cabrera, de 78 años, contó que el principal problema es una filtración que recorre toda la pared colindante. La avería abarca desde el frente de la vivienda hasta la cocina. En construcciones antiguas como su casa, hecha con muros anchos de tierra, la humedad provoca que los frisos se caigan y que el material se desmorone poco a poco.

Cabrera relató que, a causa de las recientes lluvias, la biblioteca de la vivienda amaneció inundada debido al agua que brotaba desde el piso de la pared vecina. Además del daño estructural interno, en la propiedad de los religiosos existe una pared de gran altura que quedó partida por la mitad a causa de los sismos.
El peligro es que la pared colapse por completo y caiga sobre su hogar o hacia la zona baja del sector, lo que podría derrumbar la casa y dejarlos tapiados.
Francisco Cabrera contó que la crisis de infraestructura que padecen no comenzó con los terremotos del 24 de junio pasado. El problema acumula más de una década.



Indiferencia ante los reclamos
La propiedad vecina, distinguida con el número 122 y perteneciente a la orden religiosa de los Agustinos Recoletos, lleva entre 10 y 12 años deshabitada. Durante ese tiempo, las solicitudes de mantenimiento han sido ignoradas por las distintas autoridades parroquiales al mando. Entre esos mencionó a los sacerdotes Pablo, Hugo, Polo y, más recientemente, Juan Carlos Maldonado.
“El origen de los daños radica en la falta de limpieza de los canales de desagüe, los cuales corren de punta a punta en el techo de la casa desocupada. Al estar obstruidos por la acumulación de escombros y suciedad, las lluvias provocan que el agua busque salida a través de las paredes divisorias de tierra y la mampostería antigua”.explicó Francisco Cabrera
Con el paso de los años, este estancamiento penetró la estructura y erosionó la mampostería. En la habitación que funciona como taller de trabajo de los Cabrera y que da al frente de la casa, los frisos se desprendieron dejando expuesta la pared de tierra.


Luego de los terremotos, los hermanos Cabrera sacaron con sus propias manos más de 100 cuñetes de tierra y escombros provenientes de la pared que colinda con la vivienda de la orden religiosa.
Mediación imposible
Pese a los intentos de diálogo con las autoridades parroquiales y el sacerdote Juan Carlos Maldonado, no se han obtenido respuestas. Inicialmente, la representación de la iglesia argumentó que no podían intervenir por falta de permisos.



No obstante, en un recorrido por la zona, el equipo comprobó que la orden religiosa inició remodelaciones en las instalaciones del colegio San Judas Tadeo, mientras que la casa vecina continúa sin evidencia de algún plan de remodelación.
Para garantizar el principio de contrapeso periodístico y obtener la versión formal de la contraparte, se intentó gestionar una entrevista con Maldonado para aclarar la situación, pero no se obtuvo respuesta al cierre de esta edición.
Sin soluciones ni respuestas
Las inspecciones oficiales tampoco han ofrecido una solución. Después de los terremotos, un grupo de 16 personas, una ingeniera de la comisión presidencial y miembros de la orden parroquial visitaron a los hermanos Cabrera. Entonces, constataron el grave estado de la pared que amenaza con derrumbarse. Durante la visita, una ingeniera evaluó los daños y sugirió acelerar la atención del caso.


“También recomendaron evitar vibraciones o el uso de taladros de percusión. Pero eso fue el pasado 7 de agosto y desde entonces no ha pasado más nada. Eso se quedó así, estancado, y no hubo más comunicación”,
aseguró Francisco Cabrera.
Mientras el reclamo de los hermanos sigue desatendido, las inundaciones, las filtraciones y el moho alteran la cotidianidad y la salud de los Cabrera. Alicia, quien padece de insuficiencia cardíaca, aseguró que la tensión emocional, el estrés y la ansiedad con la que convive le causan sensibilidad extrema ante cualquier ruido.

Sus temores empeoran con cada lluvia, pues teme que un aguacero ocasione una tragedia. Por su parte, su hermano Francisco aseveró que, como consecuencia de dormir en habitaciones con paredes deshechas y frisos caídos, se le desencadenó una rinitis crónica y episodios de gripe.
Aunque los Cabrera reconocen que en la ciudad otras familias atraviesan situaciones más críticas, insisten en que ser personas de la tercera edad no les quita el derecho a ser escuchados, exigir una solución y vivir con dignidad. Solicitan que la orden religiosa asuma su responsabilidad, limpie los canales tapados y repare los muros para evitar una tragedia.
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