A sus 30 años, Antonio Braíz es un joven soñador con los pies puestos sobre la tierra. Amante de la música y con un proyecto social en marcha: construir flautas barrocas.

Caracas. Unos lentes muy grandes, hechos con material acrílico, le dan personalidad. Diseñados al estilo “steampunk”, con minitornillos adornando los bordes, atraen la atención hacia el dueño por donde se pare.

La montura, que delata su genio creativo y destaca aun por encima de su barba abundante, es obra de Antonio Braíz.

La creación de su estilo personal: los lentes

Constructor de flautas

Con una bata negra y, esta vez, con unos lentes de seguridad, Antonio abre las puertas de su taller —ubicado en el tercer piso de su casa, en Gato Negro— donde está materializando un sueño: diseñar y elaborar flautas barrocas y todas las que le dicte la inspiración.

De entrada, la estancia exhibe máquinas cortadoras y tornadoras. Instrumentos comunes en una carpintería. Llaves, espátulas, destornilladores, lámparas, piezas de madera, son otros elementos que resaltan en el taller, que comenzó hace 10 años.

Aunque no tuvo inclinación ferviente por la música en su juventud, sentía la espinita. Una prima tocaba la flauta y a él le generó inquietud. “Quería aprender música clásica”.

Como a los 16 años, estando en una escuela de artes marciales chinas, uno de sus compañeros tocaba una flauta de bambú. Y comencé a aprender. Entré en la Orquesta Típica Infantil y Juvenil Caracas, tomé clases de música. Luego, un vecino me regaló una guitarra y mi mamá con mucho esfuerzo logró comprarme una flauta transversal.

Ya en sus manos con un par de instrumentos musicales, las señales estaban más que claras.

La flauta no estaba del todo buena y por eso la mandó a reparar. Ese fue su primer contacto con la onda Luthier.

Siempre he sido hábil con las manos y me interesó ese mundo de la fabricación de instrumentos. Con la música y mi entrada a la orquesta fue más como un intercambio. Yo sabía más o menos música clásica y barroca. Entonces daba mi conocimiento de eso y ellos me nutrían de la típica.

En este taller echa rienda suelta a su imaginación musical.

Ya graduado de bachiller intentó entrar en la UCV en la carrera de Idiomas Modernos, en la UPEL con Inglés y en el IUDEM con Música.  No resultó seleccionado y a sus oídos llegó que había una academia de Luthier en Caricuao. Se fue hasta allá pero no se quedó porque no reparaban ni construían instrumentos de viento. Solo cuerdas. Ahí le refirieron uno en Los Chorros y tampoco era lo que esperaba. Aun así, se inscribió y decidió aprender lo que ahí impartían. Serían los primeros pasos como Luthier de Vientos.

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Estos primeros estudios le sirvieron para conocer la materia y explorar ese mundo.

Inquieto en su formación buscó, leyó e hizo contacto con gente en el exterior y fue construyendo un background.

“De la manera como yo quería aprender a construir instrumentos de viento aquí no había una escuela como tal. Sin embargo, no fue impedimento”.

Y no lo fue porque Antonio, de padre portugués y madre venezolana, se empecinó en la creación de su taller.

En ese camino de conocer, de indagar fue mostrando lo que sabía hacer. Hubo personas que le ofrecían las máquinas o se las intercambiaban simbólicamente. Y así empezó a reparar instrumentos. Los compraba los arreglaba y los vendía, algunos, para poder dar sustento a su proyecto.

Empezó a entrenar a los muchachos de la orquesta. Aprendices músicos. La idea era que ellos mismos pudieran hacer mantenimiento a sus instrumentos y también a construirlos. Llegó a tener 9 estudiantes en su taller.

Actualmente, forma a cuatro que están haciendo sus propios equipos y también reparan.

En su horas de trabajo piensa en la flauta, en cómo construirla, en sus tiempo libre la toca.

Pero lo de Antonio va más allá. Estudió Composición Musical. Lo de él era entender la música desde el tuétano. Es decir, instrumento adentro.

En 2015 fue que pudo hacer su primera flauta barroca, que mide 66 centímetros de largo.

La tarea no fue fácil, pues, aunque tenía conocimientos no tenía planos. “Me conecté con gente de afuera, pero hay personas celosas de sus proyectos. Al final di con un profesor en Canadá. Le escribí lo que quería y él me propuso, a modo de intercambio, planos por madera que solo hay aquí en Venezuela. Le envié unas muestras que superaron sus expectativas y ese profesor me dijo que no me iba a enviar tres planos sino cinco. Eso fue muy bueno porque ya tenía más herramientas para construir”.

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Ya suma 12 flautas de las cuales cerca de cuatro están en otras tierras, en España y Estados Unidos.

En su taller están diseminadas las partes de otras siete que pronto estarán dándole notas musicales al viento.

Multifacético incansable

Además de su preparación como Luthier, Antonio estudió Tornería Mecánica Industrial, Orfebrería y Carpintería.

De hecho, hizo sus propios anillos de boda. También los de Manuel Mirabal, vocalista de la banda Séptima Carta de la cual es integrante junto con los guitarristas Armando Díaz y Luis Gerardo Moreno.

“Hay una anécdota con Manuel, él compuso una canción que se llama el Muñeco Orquesta, inspirada en mí”, y eso es porque toca la flauta, el acordeón, el bajo, el contra bajo, la guitarra, el clarinete, el violín, el chelo, el piano, percusión y hace coros.

Pero la flauta barroca es su noble inspiración. De hecho, en estos momentos tiene un proyecto con la Orquesta Típica Infantil y Juvenil de Caracas para producir flautas de iniciación musical.

Será un instrumento, tal vez hecho en metal de bajo costo, para los niños principiantes.

Un apodo que no le incomoda: el muñeco orquesta

En estos momentos comprar un instrumento musical es muy costoso y por tanto quiere echar a andar esa idea, que ya tiene un adelanto, pues el director de la orquesta fue quien ayudó a materializar la propuesta.

Su taller y la forma como visualiza la construcción de flautas, más la enseñanza de la luthería, ganó uno de los cuatro premios para emprendedores que entregó recientemente la primera edición del programa Semillas Naranja industria musical 2018, noticia que elevó aún más su espíritu creador.

Ya tiene capital y las ganas. Lo van a entrenar como emprendedor y ahora no lo para nadie.

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Tiene en agenda incluso ser director invitado de la Orquesta Típica Infantil y  Juvenil Caracas para  el año entrante.

Contó que su acordeón es de 1952. Lo compró en una tienda musical. Lo daban “por muerto”, pero lo reparó, le ajustó las notas y es una reliquia muy valiosa por su precio en euros, también adquirió una flauta del siglo XX, piezas que forman parte de su colección.

Con los materiales también es cuidadoso. Trata de que las maderas de su taller sean de libre comercio y que no pertenezcan a especies que estén en extinción. Trabaja con acrílicos e incluirá un marfil falso que está por llegarle.

Antonio, el multifacético, usa su ingenio para hacer piezas de cocina, para un carro, para reparar un tubo roto, le ha hecho zarcillos a su esposa y cuando tiene un tiempo libre toca la flauta dulce.

De eso también tiene anécdotas. Siempre voy tocando y una vez camino al cine la gente al escucharme empezó a darme plata. Les explicaba que estaba estudiando, pero me topé con personas que se empeñaron en darme dinero a un punto de que se molestaron porque no se los recibía y no me quedó otra que agarrar los billetes y meterlos en los bolsillos.

A sus 30 años tiene un historial que motiva. 8 años en la Orquesta Típica Infantil y Juvenil Caracas, fundador de la Sinfónica de la Milicia, instructor, emprendedor “y una de las mejores experiencias que he tenido como músico, ser parte de Séptima Carta desde 2014”.

Este hombre orquesta, apodo que no le incomoda, está aplicando ya todo lo que ha aprendido: se hizo una adaptación de micrófono para los instrumentos, también un preamplificador de señal, usa una pedalera de guitarra para expandir el sonido, hace sus propios lentes que le reportan una marca personal y es un luthier por excelencia. Es de esa gente buena que está dejando huella en el mundo cultural.

Fotos y video: Luis Morillo @luizmorillo15


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