Pablo Sivira, de 31 años, ingresó a la granja La Providencia, en Carayaca, estado Vargas. Lo hallaron cuatro días después con un tiro en el abdomen y golpes en la cara. Estaba desempleado y tenía dos hijos menores.

Caracas. Mi hermano era demasiado miedoso para esas cosas y no se metía a robar. Pero es verdad, en su casa no había qué comer y ahorita no tenía empleo. Es un delito pero tenía hambre, admitió Nancy Martínez. A su hermano, Pablo Geovanni Sivira Martínez, lo mataron mientras intentaba robar unos pollos.

La noche del miércoles 18 de abril Pablo entró a la granja La Providencia, en Carayaca estado Vargas, junto con su sobrino, Andy Alfredo Graziano Martínez, y aproximadamente 70 personas más. La intención era saquear la mayoría de pollos posible.

En casa de Andy no había nada para alimentar a la familia. Y Pablo, de 31 años, desempleado y con dos hijos a quienes debía darles de comer, se vio tentado por la propuesta.

Pero fueron sorprendidos en la oscuridad por un grupo de civiles armados, a quienes les pagaron para custodiar la granja a raíz de los constantes robos. Fueron demasiados tiros de ellos porque nadie estaba armado, queríamos la comida, dijo un testigo a Nancy.

Esa noche asesinaron a Andy, de 25 años, e hirieron en la pierna a un vecino de apellido León. Nancy se enteró por casualidad. Estaba en el hospital Eudoro González de Carayaca con su hija recién parida y vio cuando llegó el vecino con el balazo en la pierna. Luego ingresó muerto su sobrino.

Pablo no apareció. Su hermana pasó cuatro días buscándolo dentro de la granja hasta que lo encontró muerto a las 4:00 p. m. del domingo 22 de abril. Estaba en avanzado estado de descomposición, con golpes en la cara, y lo reconocieron por su ropa.

El cadáver estaba a 20 metros de un galpón, por donde habían buscado alrededor de dos veces, en compañía de sus familiares, y no lo vieron.

¿Cómo es posible que a los empleados de ahí no les haya pegado el olor de un cadáver? Olía demasiado mal, es imposible que no les llegara. El cuerpo estaba cerca de una mata de lechosa, un vecino se llevó unas lechosas dos días antes y no vio nada, se preguntó.

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Funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) levantaron el cadáver una hora y media después. Lo trasladaron directamente a la morgue de Bello Monte, donde le realizaron la autopsia. Tenía un impacto de bala en el abdomen.

Este martes 24 de abril lo enterraron en el cementerio de Petaquire, en Vargas, en horas de la tarde. Los gastos funerarios los cubrieron gracias a dinero que consiguieron prestado, pero deberán vender el carro de Pablo para saldar la deuda.

Desde el 2016 incrementaron los robos por comida, incluso cometidos por personas que no son asiduas a delinquir. Investigaciones del Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) apuntaron que ese año apareció una nueva modalidad de delito y por el hambre.

Anteriormente, robaban motivados por la búsqueda de un lujo, como zapatos de marca o un celular. Los investigadores del OVV notaron que muchos padres de familia se ven obligados a sustraer algún alimento de un comercio de regreso a casa, por ejemplo. Todo motivado a la crisis de escasez e hiperinflación.

Pablo tenía dos hijos, de 12 y siete años, y estaba desempleado. Tenía un vehículo con el que trabajaba de taxista pero le faltaban dos cauchos porque se los robaron. Además sembraba en un terreno en Petaquire, pero no disponía de dinero para invertir y paralizó la cosecha.

Era la primera vez que ingresaba a la granja, a diferencia de su sobrino, que sí lo había hecho anteriormente. No había necesidad de hacerlo, sé que no tenía qué comer en su casa. Pero no entiendo todavía cómo mi hermano hizo eso, él no era delincuente ni estaba armado, soltó Nancy.

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Su familia espera que haya justicia, aunque se sienten indefensos ante el grupo que custodia esa granja. Todos civiles armados, contratados por los dueños.

Más asesinatos en granjas por robo de comida

El 9 de enero de 2018 un adolescente de 16 años recibió un tiro en la cabeza cuando cargaba un saco de pavos que habían robado dos jóvenes de la granja Omagua, de Mayupán, en Vargas.

Presuntamente le disparó un funcionario de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), según medios locales, porque los sorprendió con el botín y al darles la voz de alto no se detuvieron.

La víctima se ofreció a ayudar a los dos muchachos a cargar el saco, a cambio de un pavo. Comida que llevaría a su casa.

En 2017 medios locales también reseñaron la muerte de dos hombres y un menor, en Vargas, durante el robo de comidas. Ese mismo año los trabajadores protestaron en Carayaca ante la ola de robos, en las que supuestamente uniformados están involucrados. Las denuncias en el estado apuntan a que los funcionarios cobran “vacunas” a quienes cargan pollos o pavos.

Fotos: Yohana Marra



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