Los vendedores denuncian que sus ingresos se han visto afectados significativamente, incluso algunos han manifestado sus intenciones de bajar las santamarías para buscar nuevos horizontes.

Caracas. Desde que las protestas iniciaron a principios de abril, muchos sectores de la sociedad se han visto afectados, entre ellos los comerciantes, que han visto sus ingresos mermados por las bajas ventas, sumado al temor de perder sus pertenencias en algún saqueo.

Desde vendedores informales hasta dueños de restaurantes en el este se han visto pasando las de Caín para poder mantener a flote sus negocios que, según denuncian, no solo han disminuido drásticamente los ingresos, sino que han estado bajo asedios y ataques constantes por “personas que se han dedicado al vandalismo” e inclusive funcionarios de seguridad.

Así lo aseguró Leonardo Contreras, quien trabaja de mesero en un conocido restaurante ubicado en Las Mercedes.

Es pan nuestro de cada día que nos caigan bombas cerca, y todas estas protestas han paralizado completamente el negocio, ahora, yo entiendo que es necesario que se proteste, pero muchos no podemos darnos el lujo porque vivimos del día a día, yo por lo menos cobro comisión por mesa atendida. Si no vienen clientes, es un día perdido ¿Qué llevo de comer a casa? Hay días que las cosas mejoran más o menos, sin embargo, en general he tenido que rebuscarme con otras cosas porque no le voy a decir a mis hijos que no hay dinero para comida.

Cada vez que Bello Monte es un punto de concentración para alguna manifestación convocada por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Carlos Tesón, dueño de una papelería en la avenida Miguel Ángel, lleva su botella de bicarbonato para soportar la represión que sigue a la medida. No obstante, esto también le supone pérdidas en su local.

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Hay días que no trabajamos para nada, cerramos antes del mediodía. Esto nos genera pérdidas porque no podemos trabajar por la situación. Hay días en los que tenemos que cerrar con los manifestantes dentro que buscan auxilio. Y todo el mundo se viene encima, detalló el comerciante.

El no poder trabajar genera tales pérdidas que se hace cuesta arriba para los proveedores adquirir la mercancía, dado que la misma aumenta de precio cada semana con o sin protestas. Así lo comentó la dueña de un quiosco de chucherías en Bello Monte y que prefirió mantener su anonimato.

Debo trabajar para pagar las facturas. Si compro una caja de galletas a un precio, la semana siguiente sube y las ganancias en la actualidad no me dan para pagarlas luego. Y son cuentas que ya uno tiene pendientes, declaró la señora de 50 años.

Otra de las zonas afectadas por las convocatorias es El Paraíso, donde sus centros comerciales deben bajar las santamarías durante las manifestaciones cuando hay bombas lacrimógenas y perdigones de por medio.

En lo que va de junio, el centro comercial Multiplaza El Paraíso ha cerrado sus puertas en dos ocasiones, de acuerdo con una trabajadora de una tienda de ropa que prefirió mantener su nombre en anonimato. Aunque no ha pasado sustos y se siente resguardada dentro de las instalaciones, un día perdido supone menos ganancias que luego no se pueden recuperar.

La historia no cambia mucho en el Galerías El Paraíso, en el cual los trabajadores abren sus comercios a media máquina. Y el movimiento de sus clientes no es el mismo. En ocasiones llega a cero si se toma la previsión de cerrar el centro comercial.

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El edificio normalmente abre de 10:00 a. m. a 7:00 p. m., pero con las movilizaciones cierran a las 12:00 m., sin saber si se pueda reanudar las jornadas de trabajo, señalaron varios empleados.

María Bohórquez, dueña de un pequeño local de ropa femenina en un mercado popular ubicado en Chacaíto, relató que si antes las ventas eran bajas, ahora son casi inexistentes. Puedo estar todo el día sentada y lo más probable es que no haga ni una sola venta, a lo mucho hago una pero he estado días enteros sin un solo cliente, porque nadie está viniendo a comprar porque trancan las calles, cierran el Metro, la guardia tranca todo también y se vuelve todo un despelote, estos han sido meses muy difíciles.

Tengo un pequeño negocio de empanadas junto con mi familia desde hace más de 10 años, y aunque ha sido gratificante también ha sido muy duro mantenerlo, porque si no es una cosa es la otra, ahora hasta debemos enfrentarnos a la misma gente, nos incriminan por querer trabajar, nos han dicho de todo, desde indolentes hasta cualquier otra cosa, pero no comprenden que si no trabajamos, si no producimos, pues nos morimos de hambre. A nosotros nadie nos regala nada, por eso y por más cosas estamos considerando vender todo e irnos a otro país, porque la lucha ya no es contra el Gobierno solamente, sino contra las mismas personas que no nos dejan trabajar, comentó Gerardo Álvarez, dueño de una luncheria ubicada en Chacao.

Ya la actividad comercial venía golpeada por la crisis, debido al que haber menos producción e importaciones, los negocios no tienen gran variedad de artículos. En paralelo, los precios se han disparado por las distorsiones de la economía con lo cual el consumo ha disminuido.

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Foto referencial: Mariana Mendoza



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