Un joven, de 29 años, sale todas las noches a recorrer las calles de Caracas en busca de personas que no tienen donde vivir y además consumen drogas

Mabel Sarmiento Garmendia/@mabelsarmiento

Caracas. Salió de las calles gracias al empeño de su papá. Estaba metido en drogas y reacio a dejarlas. Estuvo en ese mundo ocho años, hasta que un día lo llevaron esposado a un centro psiquiátrico y allí empezó su cambio y también su nuevo mundo.

Ese corto testimonio es parte de la historia de Francisco Soares, de 29 años, quien salió de la rehabilitación y se unió a una fundación que se dedica al abordaje de personas en situación de calle y con problemas de adicción.

La fundación donde está se llama Nuevo Día Venezuela. Surgió luego que Edgar López y Yoel Pérez regresaron de un programa de rehabilitación del convenio Cuba-Venezuela y, como un proceso más para su cura, decidieron recuperar a otras personas.

Pasaron cinco años y hace uno fue que Francisco se incorporó a esta labor. En estos momentos son 15 personas las que trabajan con él.

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Francisco está convencido del apoyo de la familia

Ellos no reciben ni medio de las instituciones gubernamentales. Lo que hacen es por amor propio y porque sufrieron en carne propia lo que es estar drogado y expuesto a la violencia.

En el caso de Francisco su papá tiene una panadería. “Quizás porque en ese momento tenía dinero logró internarme, someterme a un tratamiento y aún me sigue ayudando. Él es como mi otra mamá. No me da pena hablar de eso, estamos ayudando a otros”, dijo.

Él está en el día en el negocio familiar, ubicado en Capuchinos (San Martín). Y desde allí organiza todos los programas sociales. Por un lado recibe a los clientes, da el vuelto y ubica la mercancía y, por el otro, atiende a las personas que están siendo atendidas por la fundación.

“Es un arduo trabajo que muchas veces no se visibiliza. Pero aquí estamos. El año pasado abordamos a más de 700 personas. De esas 480 fueron llevadas al centro de rehabilitación Simón Bolívar ubicado en Coche y al final 60 continuaron con el programa. No es mucho, pero la Organización Mundial de la Salud dice que si de 100 personas se rescata a 1, eso es un buen logro. Por eso nos sentimos bien”,

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Reúnen a las familias para rescatar los valores

Según contó todas las noches salen (las 15 personas) y recorren varias calles del municipio Libertador. En el día  ya han preparado entre 60 y 70 platos de comida y algún cargamento de ropa.

“Nos ponemos ese promedio, hasta 70 platos, porque es lo que podemos abarcar. No tenemos ayuda de nadie y es un poco difícil conseguir comida. Pero siempre tenemos arroz y pollo y algunas bebidas”.

Van con todo el ánimo posible, usando mucha psicología y paciencia. Así es que se acercan a las personas (de todos las edades y sexo) que están bajo los efectos de alcohol, las drogas e incluso armadas.

Este grupo no tiene vehículo para hacer los recorridos. Siempre alquilan camionetas y cuando la situación es muy peligrosa buscan el apoyo de la Guardia Nacional Bolivariana o de la Policía Nacional Bolivariana.

Prevención al máximo

Pero el trabajo de estos jóvenes no se queda allí. Todos los domingos a partir de las 12:00 m se reúnen con aproximadamente 120 personas, en proceso de rehabilitación, y sus familias en el parque del este.

Les dan charlas motivacionales y de prevención. También de lunes a viernes de 2:00 pm a 4:00 pm se reúnen en un colegio de La Pastora.

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Los muchachos de la fundación en el parque del Este

Y como novedad arrancaron con un programa de prevención en los liceos. El plan piloto lo tienen en un plantel ubicado en Petare, municipio Sucre. “Es un convenio que hicimos con los docentes, nosotros les damos talleres de seguridad y prevención y de alguna u otra forma les enseñamos a realizar proyectos autosustentables. De esa forma se reúne dinero y nos podemos ayudar para financiar los gatos de la fundación. Igual lo hacemos con los eventos de los domingos. Pasamos la gorra para que la gente done dinero y eso nos sirve para comprar la comida”.

Además tienen un proyecto llamado Nuevo Día, que lo desarrollan en la panadería de su papá. Todas las tardes después que se hace el pan para la venta, enseñan a las personas a preparar acemitas, torta de pan y pan dulce relleno.

Al día se hacen 1.500 acemitas. “Lo que hacemos es promocionar los productos. Ellos mismos las hacen y las venden. Les decimos a las personas que si compran estos productos ayudan con la rehabilitación de muchas personas. Es un proyecto muy bonito y enriquecedor. La gente se motiva y encuentra una forma de salir adelante”, dijo Francisco, con la firmeza de que su trabajo desinteresado busca un mejor futuro para el país.

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Estas son las acemitas que hacen las personas rescatadas


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