Ganaderos aseguran que problema de la fiebre aftosa no se resuelve con el cierre de la frontera

Representantes de gremios ganaderos hicieron hincapié en que el comercio hacia Colombia es más de salida que de entrada, por lo que el consumidor final no se verá afectado ya que la mayoría de los productos son derivados de ganado venezolano. Pese a esto, resaltaron la importancia de reforzar las vacunaciones para así hacer que Venezuela pueda ser declarado “país libre de fiebre aftosa”.

Caracas. Una serie de medidas preventivas —incluido el cierre de la frontera comercial— fueron anunciadas por el ministro de Agricultura y Tierras, Wilmar Castro Soteldo, con el fin de “proteger las fronteras del país” ante los recientes brotes de fiebre aftosa que se han presentado en nueve puntos de Colombia. Sin embargo, ganaderos aseguran que el virus circulante de esta enfermedad se encuentra en territorio venezolano desde hace algunos años debido a las fallas en los controles sanitarios.

Soteldo denunció que los nueve focos fueron detectados desde mediados del 2017 y hasta ahora se han presentado en seis departamentos del vecino país: Arauca, Boyacá, Cundinamarca, Norte de Santander, César y La Guajira —estos tres últimos comparten frontera con Venezuela— por lo que su despacho decidió cerrar la frontera de intercambio comercial con Colombia de “animales, productos y subproductos capaces de vehiculizar o transmitir el virus de la fiebre aftosa”.

La medida prohíbe la entrada al país de rumiantes (bovinos, ovinos, caprinos), porcinos, carnes, embutidos, productos lácteos y derivados de origen animal así como la suspensión de “cualquier trámite para la importación” de lo anteriormente mencionado y el sacrificio inmediato, destrucción o incineración de los mismos que tengan como origen el país cafetero.

Carlos Albornoz, presidente del Instituto Venezolano de la Leche y la Carne (Invelecar), aseguró que estos anuncios no afectan tanto a la dinámica comercial entre ambos países, ya que la misma es muy lenta, sino que “afecta más a quienes hacían su mercado en las zonas fronterizas, que se proveían en esa región”.

Indicó que la medida es “más retórica que realidad” ya que, según cálculos de la Federación de Ganaderos de Colombia y el Invelecar, durante los últimos 12 meses “entre 450.000 y 500.000 reses han pasado de Venezuela a Colombia por contrabando dado el diferencial de precios, el ganado venezolano vale una quinta o sexta parte del valor del colombiano”. Alertó sobre el alto grado de contagio que tiene el virus de la fiebre aftosa y la alta morbilidad que contiene.

Declaró que pese a que en Venezuela no se han declarado casos de fiebre aftosa desde hace varios años, aún sigue siendo el único país de Sudamérica que no ha sido declarado libre del mismo por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y “la rigurosidad de los exámenes de prevención que se plantean en el país dejan muchísimo que desear”.

El ministro Soteldo afirmó que desde el 15 de octubre se está llevando a cabo el ciclo de vacunación con el apoyo del Centro Panamericano de Fiebre Aftosa (Panaftosa) e informó que los técnicos de ese organismo se sumarían al cerco epidemiológico creado por el Estado “para evitar el avance de la enfermedad desde territorio colombiano”. Respecto a esto, Albornoz indicó que la presencia de Panaftosa en Venezuela se debe a que este año se presentó “el mínimo histórico de vacunación en los últimos 19 años”.

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Por su parte, Angel Rincón, directivo de la Federación de Ganaderos de Venezuela (Fedenaga), informó que su gremio no tiene reportados “focos de fiebre aftosa en el país, sin embargo, no es mucho el análisis que se está haciendo para saber si existe la enfermedad o no en Venezuela. Hasta ahora no hay incidencias en la zona fronteriza con Colombia”. Pese a esto, advirtió que “el virus existe, está dormido. Hay focos de virus circulante en Bolívar”.

Rincón aseguró que el período de vacunación ya está en proceso y que Fedenaga está en constante contacto con el Gobierno para solucionar este inconveniente a la brevedad posible.

La existencia de este virus también es compartida por Albornoz, aunque él señala que existe en todo el país. Resaltó el hecho de que “luce poco probable que en un país que era libre de aftosa y con una vacunación bien controlada, como Colombia, tenga nueve focos y en Venezuela no exista”.

La realidad es que aquí no se están haciendo los controles como se debería, señala Albornoz.

Advirtió que “no va a ser sencillo llevar esta ruta hacia adelante” y resaltó la importancia de la erradicación de la fiebre aftosa no solo para Venezuela, sino para Colombia y Brasil —cuyo estado de Roraima fue decretado recientemente libre de la misma—, ya que entre los tres países “se involucran alrededor de 240 millones de reses”.

De hecho, señaló que recientemente Brasil donó 21 millones de dosis de vacuna contra la fiebre aftosa a Venezuela mediante Panaftosa, por lo que se está tratando de impulsar reuniones entre sector público y privado para encontrar cauce a esta problemática.

Otras de las medidas dictadas por el Ministerio de Agricultura y Tierras fueron “intensificar la vigilancia epidemiológica en los estados fronterizos” y desplegar 60 médicos veterinarios especialistas del Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (Sinai) y del mismo ente, con el apoyo de la Fuerza Armada Nacional y la Policía Migratoria en las zonas fronterizas, puertos y aeropuertos del país.

El dato

La fiebre aftosa, también conocida como glasopeda, es una enfermedad viral que afecta a los animales de pezuña partida o hendida. Además de la fiebre, también se caracteriza por presentar formación de vesículas en la cavidad bucal, hocico, espacios interdigitales y rodetes coronarios de las pezuñas. Otros síntomas son la depresión, falta de apetito y retardo de la rumiación.

Se transmite por contacto con animal infectado y objetos contaminados. Si bien este vitus no infecta ni enferma al ser humano, el mismo se puede transmitir a otros animales a través de vestidos, calzados y manos contaminadas ya que puede sobrevivir varios días en ambiente externo. Afecta económicamente a productores, industriales, proveedores y consumidores por sus efectos desfavorables sobre la producción, las actividades comerciales y el gasto que genera erradicar y controlar esta enfermedad.

Fuente: Instituto Plan Agropecuario del Uruguay.


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