En el país existen 12 hospitales psiquiátricos y en todos se repite los mismo: intermitencia en la entrega de medicamentos, daños en la infraestructura, déficit de personal especializado, fallas en la dotación de equipos, insumos y alimentos. No hay políticas públicas para atender estos centros.

Caracas. En el país existen 12 hospitales psiquiátricos y 78 centros de atención ambulatoria en psiquiatría, y en todos se repite los mismo: intermitencia en la entrega de medicamentos, daños en la infraestructura, déficit de personal especializado, fallas en la dotación de equipos, insumos y alimentos.

El doctor Wadalberto Rodríguez, presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, sostuvo que ese deterioro está sucediendo porque dentro del Ministerio de Salud desmantelaron la dirección de Salud Mental, instancia cuya gestión aparece a medias en las Memorias y Cuenta, el Plan Nacional de Salud 2013-2019 y en las leyes de Presupuesto.

En la Memoria y Cuenta de 2015 aparece el plan: Humanización de la atención en salud mental para la paz y la vida sana; y como logros destaca el Gobierno que se distribuyeron 7.241.840 unidades de medicamentos psicotrópicos para fortalecer 80 centros de atención y prestación de servicios psiquiátricos y psicológicos, particularmente los nueve Establecimientos Psiquiátricos de Larga Estancia (Eples) para beneficiar a un total de 394.975 pacientes con enfermedades mentales y emocionales a nivel nacional.

También hicieron público que fueron realizadas 410.227 consultas a personas con sufrimiento emocional y mental en 80 servicios de psiquiatría y psicología a nivel nacional.

Y aunque las normas internacionales especifican que en cada hospital general 10 % de las camas deben ser destinadas a pacientes psiquiátricos, esta especificación es pasada por alto en los centros venezolanos. Por ejemplo, en el centro de salud mental del Este, llamado El Peñón, y que fue residencia de veraneo del general Marcos Pérez Jiménez, las condiciones son pésimas.

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De acuerdo con los datos del Ministerio de Salud en 2013 había 23.000 pacientes psiquiátricos hospitalizados y para 2015 había 5558.

Fuentes dentro del hospital dan cuenta de que el despacho principal está a cargo de un psicólogo social desde hace año y medio. Aseguran que este no ejerce un manejo adecuado del sistema hospitalario y, más bien, abrió los espacios a los grupos políticos —conocidos como colectivos o grupos paraestatales— que hacen vida en Baruta.

En este centro se hacen reuniones políticas e incluso se han hecho operativos para entregar cauchos para los mototaxistas de la zona. Cosa que no debe ser, pues aquí hasta el Postgrado está cerrado desde hace un año por falta de docentes. Aquí se está yendo el personal y no hay profesionales nuevos, denunció el trabajador que pidió reservar su identidad.

En El Peñón, continuó, la última vez que se usó el presupuesto asignado para comprar medicinas fue hace un año. Luego el manejo ha sido una caja negra. Aquí se alquila el estacionamiento y ese dinero no se sabe a dónde va. Todo se trata a discrecionalidad. Sí nos envían dotaciones de medicamentos e insumos, pero son lotes de kits de laparotomía, cajas de materias para Rayos X y de soluciones, por ejemplo, cuando aquí no hay servicio quirúrgico ni servicio de radiografía. Eso lo almacenan y después lo van sacando o canjean con otros hospitales y no se le pregunta al comité técnico y de compras.

En cuanto a los fármacos para los trastornos mentales, contó que cuando revisaron había 300 cajitas de anticonvulsivos, 100 de fenobarbital y 300 de otros antidepresivos, pero esto no alcanza para un hospital que atiende gratuitamente, al mes, entre 130 y 190 pacientes psiquiátricos (de hospitalización, de la emergencia y de la consulta externa) que necesitan medicación.

Para la fecha, de la gama de ansiolíticos y antidepresivos solo cuentan con tres. Y no nos queda más remedio que tratar a todos los psicóticos con un mismo remedio, porque no hay antidepresivos ni clonazepam, que tiene propiedades ansiolíticas, anticonvulsionantes, miorrelajantes, sedantes, hipnóticas y estabilizadoras del estado de ánimo.

Al hospital de El Peñón llevaron el año pasado un lote de pacientes de un establecimiento ubicado en Miranda. Eran del Sanatorio Mental La Paz, ubicado vía San Diego de San Antonio de Los Altos (Miranda) que fue cerrado tras verificarse la muerte de 23 pacientes por desnutrición. Son casos de psiquiatría de larga estancia y fueron sacados porque se estaban muriendo de mengua. El 1° de septiembre cumplen un año recluidos ahí. Pero son crónicos y no se van a mejorar, según los informantes, y no deben estar en ese sitio.

Sin médicos, hace año y medio cerró el postgrado de Psiquiatría de El Peñón. Estas clases se imparten en los hospitales Militar, Clínico Universitario, Vargas, Lídice. En este último también están cerrados los cupos.

Además, en este centro desde que cerraron el Postgrado no hay médicos para hacer las guardias. Inicialmente, tenía 48 camas operativas y no pasa ahora de 20. Los pacientes son referidos a otros centros en los que la historia se repite.

Tal es el caso de la Unidad Psiquiátrica del Hospital Universitario de Caracas (HUC), donde hay una capacidad de 20 camas —10 para hombres e igual número para mujeres—, pero persisten las carencias de medicamentos. “En estos momentos no hay cómo tratar la depresión”, dijo uno de los médicos de la interconsulta, quien adelantó que es tanta la demanda que están dando citas para el año entrante para las personas que llegan por primera vez.

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En el Psiquiátrico de Caracas, ubicado en Lídice, cuyas instalaciones fueron proyectadas originalmente con una capacidad operativa de 200 camas, hoy en día los tres servicios, más la unidad de observación, se mantienen escasamente para 60 pacientes. Para 2011, el Gobierno presumía que en el Psiquiátrico de Lídice se atendían mensualmente 1700 pacientes. Ahora la intermitencia en el tratamiento afecta a quienes están allí hospitalizados por cuadros psicóticos y con depresión. Lo otro es la prolongada estadía. Hay personas que pasan tres y hasta seis meses hospitalizadas y se les aplica la psiquiatría rudimentaria cuando no hay tratamientos.

En este centro, según los obreros, no hay insumos para limpieza y se reducen las comidas diarias parar los hospitalizados. Además, el área de psiquiatría infantil fue cerrada hace más de 11 años y se redujeron en número las camas para los diversos servicios. Para estos pacientes solo está disponible la unidad del J. M de Los Ríos, pues tampoco la de El Peñón está operativa.

En el hospital Vargas, la Unidad de Psiquiatría —que fue sometida a un proceso de remodelación en abril de 2011 y hace dos años fue reabierta con 10 de las 13 camas iniciales— atraviesa la misma crisis de escasez de fármacos, como quetiapina y clozapina. Al día podemos atender a cerca de 50 pacientes pero de qué vale tener buenas instalaciones si no les estamos garantizando el derecho a una buena higiene mental. Tenemos que referirlos a otros hospitales. Otros prefieren no venir a la consultas porque saben que no hay medicinas, señaló una de las enfermeras.

Foto referencial: Archivo Crónica.Uno



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